Donald Trump volvió a poner fecha al futuro del régimen cubano. En una entrevista concedida el viernes al periodista Benny Johnson, el presidente estadounidense aseguró que la situación de la isla se resolverá «definitivamente» antes de terminar su mandato.
Sin embargo, no es la primera vez que anuncia acontecimientos próximos para Cuba: en julio habló de dos meses y ahora menciona un horizonte de hasta dos años y medio.
«Tenemos a Marco mirándolo extremadamente de cerca. Sus padres son de Cuba. Y eso se resolverá definitivamente dentro de estos dos años y medio. Antes de eso, en realidad», afirmó Trump, en referencia al secretario de Estado, Marco Rubio.
La promesa llega más de tres meses después de otra declaración que despertó grandes expectativas entre los cubanos. El 15 de julio, durante una entrevista con Trey Yingst, de Fox News, el mandatario aseguró que «muchas cosas van a suceder en Cuba en los próximos quizás dos meses».
Aquel plazo venció a mediados de septiembre sin que se produjera un cambio político decisivo en La Habana. Es cierto que Trump no había prometido entonces la caída del régimen en dos meses, sino acontecimientos que dejó deliberadamente sin precisar.
Durante ese período, Washington anunció nuevas sanciones, intensificó la presión sobre sectores estratégicos cubanos y mantuvo contactos con representantes del poder en la isla. Pero la transformación política que el presidente presenta como objetivo sigue pendiente.
A inicios de septiembre, la administración estadounidense sancionó a un nieto de Raúl Castro, al Banco Exterior de Cuba y a varias entidades estatales. Dos semanas después amplió las medidas contra instituciones militares y empresas vinculadas al níquel.
El 22 de septiembre, Trump afirmó ante Naciones Unidas que Rubio estaba conduciendo conversaciones con Cuba y sugirió que su secretario de Estado había encontrado la manera de resolver el problema. Cuatro días después, sin embargo, descartó la necesidad de una intervención militar y apostó por un acuerdo negociado.
Una promesa condicionada por Irán
La incertidumbre sobre los plazos tiene otro componente: Trump ha subordinado repetidamente sus próximos movimientos respecto a Cuba a la conclusión de las operaciones militares contra Irán.
Ya el 1 de mayo afirmó que Estados Unidos actuaría sobre Cuba «casi inmediatamente» después de terminar en Irán, e imaginó un portaaviones estadounidense frente a las costas cubanas para forzar la rendición del régimen.
El 23 de octubre repitió prácticamente el mismo planteamiento durante un mitin en Fort Myers. Anunció que los buques de guerra estadounidenses pasarían frente a Cuba al regresar de Oriente Medio y que enviaría a Rubio a «cerrar el trato».
Una semana después, en la entrevista con Johnson, insistió en esa secuencia: primero concluir las operaciones contra Irán y después concentrarse en Cuba, cuyo futuro vinculó nuevamente al precedente venezolano.
Sin embargo, Washington no ha anunciado cuándo terminará la campaña iraní ni ha presentado un calendario concreto de medidas para conseguir el cambio político cubano. Tampoco ha explicado si el plazo mencionado por Trump corresponde a una negociación, una eventual salida de dirigentes o una transformación del sistema.
Dos calendarios enfrentados
Mientras Trump asegura que el régimen cubano no sobrevivirá a su presidencia, La Habana apuesta precisamente por resistir hasta que cambien las circunstancias políticas estadounidenses.
El canciller Bruno Rodríguez Parrilla declaró al New York Times que el régimen cubano soportará la presión «por el tiempo que haga falta», convencido de que Washington terminará modificando su estrategia, o se agotará el plazo de la actual administración.
«La política de los Estados Unidos contra Cuba va a cambiar. Tendrá que cambiar, es inevitable que cambie», afirmó el ministro.
Un análisis reciente de CNN señaló que funcionarios cubanos confían en que un revés republicano en las elecciones legislativas del 3 de noviembre, unido a la prolongación del conflicto con Irán, termine relegando a Cuba en las prioridades estadounidenses.
La estrategia del régimen consiste, una vez más, en ganar tiempo. Para sus dirigentes, resistir otros dos años puede representar una oportunidad de supervivencia política. Para millones de cubanos, en cambio, significa prolongar una crisis marcada por la escasez, los apagones, la inflación y el deterioro de los servicios públicos.
Las sucesivas promesas estadounidenses han alimentado también el escepticismo. Cuando Trump anunció en julio que ocurrirían acontecimientos importantes en dos meses, numerosos cubanos reaccionaron con ironía y frustración. Una de las preguntas que apareció entonces en las redes fue particularmente reveladora: «¿Quedará algún cubano vivo para esa fecha?».
La nueva referencia presidencial apunta aproximadamente al final de su segundo mandato, el 20 de enero de 2029, aunque Trump asegura que el desenlace llegará antes.
Por ahora, Washington y La Habana parecen librar también una batalla contra el calendario: Trump promete que el régimen no resistirá hasta su salida de la Casa Blanca; la dirigencia cubana confía en que podrá sobrevivir a su presidencia. Quienes no pueden permitirse esperar indefinidamente son los cubanos que soportan cada día las consecuencias de esa confrontación.
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