
El malestar dentro del Partido Republicano estalló tras las elecciones legislativas de este martes en Estados Unidos, con dirigentes, estrategas y aliados de la Casa Blanca que responsabilizan directamente al presidente Donald Trump por la derrota que permitió a los demócratas recuperar el control del Congreso.
Según un reportaje de BBC News publicado este miércoles, la sorpresa inicial por los resultados electorales dio paso al enojo entre sectores republicanos, que cuestionan las decisiones del mandatario, sus prioridades políticas y la falta de atención a problemas económicos que afectan a las familias estadounidenses.
«La responsabilidad es suya. No es de nadie más. Es un rechazo total y absoluto al presidente Trump», declaró Bill Miller, un destacado cabildero republicano de Texas.
«Esto es un desastre mayúsculo. Nadie lo vio venir», añadió Miller, quien consideró que los resultados representan un rechazo directo a la gestión presidencial.
Los reproches surgieron después de que los demócratas consiguieran victorias en estados tradicionalmente republicanos como Texas, Kansas y Carolina del Sur, una serie de resultados que superó las expectativas de dirigentes de ambos partidos.
Gregg Peppin, estratega republicano de Minnesota, también cuestionó el rumbo de la administración y atribuyó parte de la derrota a la impopularidad de sus decisiones.
«Fue un error tras otro», afirmó Peppin. «Claramente, en muchos estados, a la gente no le gustaban las políticas del presidente».
La BBC entrevistó a una decena de integrantes del Partido Republicano, funcionarios de campaña y personas vinculadas a la Casa Blanca. Varios hablaron bajo condición de anonimato para expresar sus desacuerdos con la estrategia electoral de Trump.
Uno de los aliados de la administración sostuvo que la guerra contra Irán, los aranceles y las medidas migratorias del Gobierno contribuyeron a crear una «tormenta perfecta» que terminó perjudicando a los candidatos republicanos.
«Hay una frustración palpable dentro del partido por cómo se han desarrollado los acontecimientos», aseguró esa fuente, quien describió el enojo contra Trump como «altísimo».
Entre las críticas también aparece la percepción de que el presidente dedicó demasiada atención a proyectos personales y obras de construcción en Washington, mientras los votantes expresaban preocupación por el aumento de los precios, especialmente de la gasolina.
Durante los meses anteriores a las elecciones, Trump promovió distintos proyectos de remodelación en la capital estadounidense, entre ellos la construcción de un salón de baile en la Casa Blanca, un helipuerto y un arco conmemorativo cerca del Cementerio Nacional de Arlington.
Algunos republicanos entrevistados por la BBC consideraron que esas iniciativas contribuyeron a transmitir una imagen de desconexión entre las prioridades del mandatario y las preocupaciones económicas de los ciudadanos.
La convención republicana celebrada en septiembre en Dallas también generó malestar entre dirigentes del partido, que esperaban una mayor exposición de sus candidatos legislativos.
Sin embargo, Trump concentró buena parte de la atención durante el evento y sorprendió con sus comentarios sobre Ken Paxton, entonces candidato republicano al Senado por Texas, al cuestionar su apariencia y carisma mientras anunciaba su respaldo.
Robin Armstrong, integrante del Comité Nacional Republicano de Texas, consideró que aquellas declaraciones no ayudaron a la campaña.
«Obviamente, eso nunca ayuda», afirmó Armstrong. «No se puede detener lo que dice el presidente Trump. Simplemente tenemos que aceptarlo».
Paxton terminó perdiendo la elección frente al demócrata James Talarico, cuya campaña fue elogiada incluso por algunos republicanos entrevistados después de los comicios.
Uno de ellos cuestionó la capacidad de movilización de la candidatura republicana y afirmó que Talarico había desarrollado una campaña «realmente buena e inteligente».
Las críticas, no obstante, no fueron unánimes. Otros integrantes del partido defendieron el trabajo de Trump y consideraron injusto atribuirle toda la responsabilidad por las derrotas.
Krish Mathrani, presidente del comité juvenil republicano de Michigan, argumentó que el mandatario debía combinar sus obligaciones presidenciales con la campaña electoral y destacó su capacidad para movilizar seguidores.
«Es el presidente. No va a pasarse el tiempo haciendo campaña las 24 horas del día, los 7 días de la semana», declaró.
Algunos aliados de la Casa Blanca también señalaron que el partido presentó candidatos débiles en estados decisivos y recordaron que históricamente las elecciones de mitad de mandato suelen perjudicar a la formación que ocupa la presidencia.
Tras conocerse la pérdida del Congreso, Trump publicó un mensaje en su red social Truth Social (Verdad Social) en el que intentó desvincular su figura del resultado.
«Yo no estaba en la boleta electoral y, de haber estado, ¡habríamos ganado por una aplastante mayoría!», escribió el presidente.
Posteriormente, en entrevistas con The New York Times y Fox News, aseguró que aceptaría los resultados y reconoció sentirse «un poco sorprendido», aunque recordó que los partidos gobernantes suelen perder terreno en las elecciones legislativas.
El resultado también reabrió las discusiones dentro del Partido Republicano sobre su futuro después de Trump y la necesidad de presentar una agenda diferente de cara a las elecciones presidenciales de 2028.
Steve Scheffler, integrante del Comité Nacional Republicano en Iowa, sostuvo que el partido cuenta con posibles figuras para los próximos comicios, entre ellas el vicepresidente JD Vance, el secretario de Estado Marco Rubio y el senador Ted Cruz.
Peppin fue más directo al reclamar una renovación política dentro de su partido.
«Espero sinceramente que hayamos dejado atrás la era Trump y que de cara al futuro tengamos nuevos actores, nuevos temas y un nuevo enfoque», manifestó el estratega republicano.
Sin embargo, las críticas contra el mandatario no comenzaron con la derrota del martes.
El pasado 18 de octubre, el médico cubano exiliado Manuel Guerra, quien se identifica como republicano, anticipó que su partido podía perder la Cámara de Representantes y posiblemente el Senado, y responsabilizó a Trump por las promesas incumplidas y las decisiones de su Gobierno.
«Ser republicano no significa ser súbdito de Donald Trump. Los principios de un partido deben estar por encima del ego de cualquier presidente», afirmó Guerra en aquella ocasión.
El médico cuestionó las políticas económicas, migratorias y exteriores de la administración y advirtió que la lealtad a los valores conservadores no debía confundirse con la obediencia personal al mandatario.
También varios legisladores republicanos se habían distanciado públicamente de Trump por su acuerdo para importar diésel ruso, una decisión que cuestionaron por considerar que proporcionaba ingresos a Moscú mientras continuaba la guerra contra Ucrania.
Entre quienes expresaron su desacuerdo estuvieron los senadores John Kennedy y Lisa Murkowski, así como los representantes Michael McCaul, Brian Fitzpatrick y Don Bacon.
El rechazo llegó también desde el exvicepresidente Mike Pence, quien exigió a Trump rescindir el acuerdo energético con Rusia y restablecer las sanciones contra el Gobierno de Vladimir Putin.
En vísperas de las elecciones, las encuestas ya reflejaban dificultades para los candidatos republicanos, especialmente por el costo de vida, el encarecimiento del combustible y la impopularidad de la guerra con Irán.
Antes de la votación, Trump había advertido que, si los demócratas recuperaban el Congreso, recurriría a su poder de veto para bloquear iniciativas de la oposición y forzar negociaciones, una estrategia que describió diciendo que se convertiría en el «señor Veto».
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