Miguel Díaz-Canel reconoció este miércoles que la respuesta del Estado cubano a los problemas ciudadanos no puede estar condicionada a que una persona aparezca en un programa de radio. «La atención a un caso y su solución no puede depender de la visibilidad mediática de una persona», afirmó durante la cuarta emisión de Criterio Compartido, transmitida por Radio Rebelde, dedicada monográficamente a la crisis del abastecimiento de agua en Cuba.
La declaración equivale a una admisión implícita de que el espacio radial —lanzado en septiembre como canal de «participación ciudadana»— se ha convertido para muchos cubanos en el único recurso real para obtener una respuesta del Estado, ante el silencio sistemático de las instituciones.
El caso que ilustró ese fracaso fue el de una vecina de Mantilla, en Arroyo Naranjo, que llevaba más de seis meses sin recibir agua y sin obtener explicación de ninguna instancia a la que acudió. Cuando se investigó el problema, resultó ser un fallo en las válvulas con solución técnica ejecutable en horas. Díaz-Canel lo calificó sin rodeos: «Seis meses de silencio no se justifican con ninguna complejidad técnica. Puede haber la complejidad técnica, pero el silencio no se justifica».
El mandatario reconoció que el problema del agua «es real, es grave y es complejo», pero insistió en que las dificultades materiales no pueden servir de excusa para la inacción. «No vamos a detenernos tampoco en las causas externas para justificar la falta de respuesta institucional», señaló, en una formulación que, sin nombrarlo, descarta el embargo como coartada para el abandono de la población.
Las cifras que acompañaron el programa revelan la magnitud de la crisis. Según el presidente del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos, Antonio Rodríguez, al amanecer del martes se registraban 2,681,770 habitantes con afectaciones en el abastecimiento por redes en todo el país. El 66% de esas carencias estaba vinculado a la falta de electricidad y el 25% a averías en equipos de bombeo. Solo en La Habana, la cifra alcanzaba las 536,000 personas.
La dependencia del agua respecto al sistema eléctrico —que en 2026 ha sufrido al menos ocho colapsos totales— es el nudo central del problema. Apenas dos días antes del programa, la disponibilidad eléctrica era de solo 740 megavatios frente a una demanda de 2,900. Díaz-Canel reconoció los límites de las pipas como alternativa: «Con pipas no vamos a resolver el problema, la pipa nos ayuda a atenuar».
Como solución estructural, el INRH anunció la construcción de 10 parques solares con 200 megavatios y almacenamiento, destinados a tres fuentes fundamentales de La Habana, con terminación prevista para agosto de 2027. También reportó 853 equipos de bombeo en funcionamiento dentro del cambio de matriz energética y la llegada prevista de otros 446 antes de que concluya diciembre.
El programa también hizo balance del episodio anterior: de las 29 llamadas recibidas, las 29 personas fueron visitadas. De 23 quejas, nueve ya contaban con solución y 12 requerían más recursos y tiempo. Díaz-Canel anunció que las nuevas comunicaciones recibirían seguimiento durante los 15 días siguientes, hasta la próxima emisión.
El espacio se estrenó el 23 de septiembre con frecuencia quincenal. En aquella primera emisión, un oyente de Contramaestre resumió la situación con una frase que el régimen no pudo rebatir: «Los salarios y la chequera no dan para vivir». Desde entonces, cada episodio ha acumulado quejas sobre inflación, jubilaciones impagas y ahora la falta de agua, sin que las soluciones estructurales lleguen al ritmo de los problemas.
Díaz-Canel cerró el programa con una definición de sus propósitos que, leída a la inversa, describe con precisión lo que el Estado cubano ha hecho durante décadas: «Este programa no es un espacio para prometer lo que no podemos cumplir, sino para decir la verdad y para exigir responsabilidad».
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