
El presidente Donald Trump firmó este martes una proclamación presidencial que designa la semana del 1 al 7 de noviembre como Semana Anticomunista en Estados Unidos, en un gesto que coincidió con la jornada de elecciones legislativas de medio mandato en el país.
La cuenta oficial de la Casa Blanca en X resumió el espíritu del documento con un mensaje directo: «El presidente Trump siempre estará comprometido con la lucha contra la tiranía estatal. Estados Unidos jamás será un país comunista».
En la proclamación, Trump sostiene que «durante más de un siglo, la libertad humana ha sido amenazada por ideologías comunistas y socialistas que eliminan la oportunidad individual, someten a las personas al Estado y extinguen los derechos de origen divino sobre los que se construyen las naciones libres».
El texto advierte que el «experimento americano» enfrenta amenazas renovadas por la presencia de ideologías «socialistas, comunistas y radicales de izquierda» dentro del propio país, y llama a los ciudadanos a mantenerse vigilantes para que «las lecciones de la historia no sean olvidadas ni repetidas».
Trump fue categórico al afirmar que bajo su liderazgo Estados Unidos «nunca caerá víctima de estas ideologías malvadas» y convocó a todos los estadounidenses a «mantenerse firmes en su defensa contra cualquier amenaza al modo de vida americano y a proteger la llama ardiente de la libertad de la oscuridad del comunismo».
Esta es la segunda edición consecutiva de la proclamación: la primera Semana Anticomunista fue firmada en noviembre de 2025, cuando Trump afirmó que los regímenes comunistas habían causado más de 100 millones de muertes en el mundo.
La de este año se enmarca en una ofensiva retórica e ideológica más amplia de la administración Trump contra el comunismo a lo largo de 2026.
En julio, el Departamento de Estado publicó un informe de casi 100 páginas titulado «Cuba: The Capital of 21st-Century Communism», que presenta al régimen cubano como una amenaza política y de seguridad regional, en paralelo a la proclamación de la Semana de las Naciones Cautivas.
En septiembre, ante la Asamblea General de la ONU, Trump declaró que Cuba atravesaba «la mayor presión» de su historia y prometió: «El comunismo nunca llegará a Estados Unidos, pero la libertad llegará a Cuba».
La delegación cubana encabezada por el canciller Bruno Rodríguez Parrilla abandonó el salón de la ONU durante ese discurso en señal de protesta, mientras que el gobernante Miguel Díaz-Canel respondió al día siguiente con una frase que resume la postura del régimen: «La libertad de Cuba llegó el 1 de enero de 1959».
Varios medios señalaron que la elección del día de las elecciones legislativas para firmar la proclamación no fue casual, dado que el lenguaje empleado —alertando sobre amenazas «socialistas, comunistas y radicales de izquierda» dentro del propio país— es consistente con la retórica que Trump ha utilizado para movilizar a votantes latinoamericanos, especialmente en Florida.
La proclamación tiene carácter conmemorativo e ideológico y no establece por sí misma nuevas sanciones ni medidas concretas contra Cuba, Nicaragua u otros regímenes.
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