Dos menores protagonizaron uno de los incidentes más insólitos registrados en un salón del automóvil cuando se subieron a un Mercedes-Benz VLE eléctrico de lujo expuesto en el certamen parisino y consiguieron ponerlo en movimiento hasta estrellarlo contra una estructura decorativa del estand.
La difusión del video ha desatado un debate en redes sociales sobre quién debe asumir la responsabilidad del accidente. Mientras algunos usuarios critican la falta de supervisión de los padres y consideran que debieron impedir que los menores manipularan el vehículo, otros cuestionan las medidas de seguridad de Mercedes-Benz y cómo fue posible que un automóvil expuesto al público pudiera ponerse en movimiento.
La discusión gira en torno a una pregunta: ¿falló la vigilancia de los adultos o los sistemas de seguridad del coche?
El episodio ocurrió durante la penúltima jornada del Salón del Automóvil de París 2026, el 17 de octubre. La afluencia de visitantes era máxima y en un momento inesperado uno de los niños ocupó el asiento del conductor y el vehículo comenzó a retroceder hasta impactar contra un panel situado detrás del coche.
Las imágenes del momento, difundidas por la publicación francesa Paris Match, se viralizaron en redes sociales. Un vídeo publicado en YouTube muestra la secuencia completa del choque en apenas 47 segundos.
Mercedes-Benz Francia confirmó que no hubo visitantes heridos y que los daños en el vehículo fueron leves. La compañía retiró el VLE del estand para repararlo y abrió una investigación interna para determinar cómo pudo ponerse en movimiento.
El punto central de esa investigación es el llamado «modo showroom», una configuración que los fabricantes aplican a los vehículos de exhibición para que enciendan pantallas y tacómetros, pero bloqueen la transmisión e impidan cualquier desplazamiento.
Hasta ahora, la marca no ha explicado oficialmente si ese modo estaba correctamente activado ni qué controles accionaron los menores.
El hecho de que el VLE sea un vehículo 100% eléctrico añade un elemento interesante. No emite el ruido característico de un motor de combustión al arrancar, su movimiento puede pasar desapercibido tanto para el personal del estand como para quienes se encuentran cerca.
El modelo accidentado es una de las grandes apuestas de Mercedes-Benz en el segmento eléctrico de lujo. El VLE mide 5,3 metros de longitud, puede configurarse con hasta ocho plazas y anuncia más de 700 kilómetros de autonomía en determinadas configuraciones.
Su tecnología de 800 voltios permite recuperar hasta 355 kilómetros de autonomía en apenas 15 minutos bajo condiciones óptimas de carga. El precio de partida en España ronda los 83.000 euros.
El vehículo se fabrica en la planta que Mercedes-Benz tiene en Vitoria-Gasteiz, en Álava, primera instalación de la red mundial de la marca en producir este modelo sobre su nueva arquitectura modular, con una inversión superior a 1.000 millones de euros. La producción en serie arrancó el 12 de junio de 2026.
El incidente reabrió un debate recurrente en los grandes salones del automóvil: la tensión entre permitir que el público interactúe con los vehículos expuestos —sentarse, explorar pantallas y mandos— y garantizar que esos coches no puedan ponerse en movimiento.
La compañía no ha revelado el costo de los daños ni quién asumirá los gastos de reparación, y la pregunta que quedó flotando entre los asistentes al salón resume bien el dilema: ¿el fallo fue de los padres o del equipo de Mercedes?
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