
El secretario de Estado estadounidense Marco Rubio convocó a finales de octubre una reunión con cerca de dos docenas de altos funcionarios de su departamento en la que lanzó una advertencia directa: cualquier conducta poco ética tendrá como consecuencia el despido, sin importar los contactos o conexiones políticas que pudiera tener el funcionario en cuestión, según cuatro personas familiarizadas con el asunto citadas por Reuters.
El mensaje se produjo en un momento de creciente tensión ética dentro del Departamento de Estado, desencadenada principalmente por la salida de Kimberly Guilfoyle como embajadora en Grecia a mediados de octubre, tras acusaciones de vender acceso a funcionarios gubernamentales a cambio de dinero, regalos y favores. Guilfoyle calificó las informaciones de falsas y anunció que defenderá su reputación.
En la reunión, Rubio también señaló que «demasiados funcionarios están tomando decisiones o impulsando agendas políticas sin coordinarse», y ordenó que las decisiones importantes requieran su aprobación o la del subsecretario Christopher Landau.
Además, estableció que su oficina deberá aprobar todos los viajes internacionales del personal político, ante lo que consideró un exceso en esos desplazamientos.
Poco después de la reunión, el jefe de planificación política Jeremy Lewin abandonó su cargo. Fuentes citadas por Reuters señalaron que su salida se debió en parte a preocupaciones sobre su trabajo en asuntos ajenos a su ámbito sin la coordinación adecuada, y por actuar contra «ciertas directrices del secretario».
Lewin, sin embargo, negó haber sido despedido. «La sugerencia de que fui despedido es falsa. Tal y como se había planeado desde hacía semanas con el secretario y su equipo, tras quedarme más tiempo del previsto para terminar proyectos clave, presenté mi dimisión antes de las elecciones de mitad de mandato para asumir un cargo en el sector privado y organizar mi boda», declaró en un comunicado a Reuters.
Lewin se había incorporado al gobierno a través del Departamento de Eficiencia Gubernamental de Elon Musk y fue pieza clave en el desmantelamiento de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional. También era el principal asesor de Rubio en la política hacia Cuba y Venezuela, por lo que su salida generó incertidumbre sobre la continuidad de esas políticas.
El movimiento de Rubio se enmarca en un momento políticamente delicado para la administración Trump: los demócratas recuperaron el control de ambas cámaras del Congreso en las elecciones de medio término del martes, lo que les permitirá lanzar investigaciones formales sobre posibles conflictos de intereses a partir de enero de 2027.
En paralelo, la carrera presidencial de 2028 ha comenzado a tomar forma. Rubio es visto como uno de los posibles candidatos republicanos, junto con el vicepresidente JD Vance y el senador Ted Cruz. El propio Rubio ha restado importancia a los rumores sobre su posible candidatura, aunque tampoco los ha descartado públicamente, y el Departamento de Estado calificó esta semana los rumores sobre su posible renuncia de «noticias falsas completamente infundadas».
La administración Trump ha negado de forma sistemática las acusaciones de conflicto de intereses, pero la nueva mayoría demócrata en el Congreso tendrá capacidad para emitir citaciones e iniciar investigaciones formales cuando asuma el control en enero de 2027.
Vídeos relacionados:
Archivado en: