¿Frenará el Congreso demócrata la presión de Trump sobre Cuba? Historiador analiza los escenarios

Donald Trump y gorra con mensaje a la Cámara de Representantes de EE.UU. © whitehouse.gov
Donald Trump y gorra con mensaje a la Cámara de Representantes de EE.UU. Foto © whitehouse.gov

La victoria demócrata en las elecciones legislativas del 3 de noviembre no garantiza una reducción de la presión de Donald Trump contra Cuba y tampoco descarta una escalada.

Así lo advierte el historiador cubanoamericano Michael J. Bustamante, profesor de la Universidad de Miami, quien considera que el nuevo escenario político estadounidense abre posibilidades contradictorias para el futuro de la isla.

En un extenso análisis publicado el miércoles en X, el académico examinó las consecuencias del triunfo demócrata, que entregará a ese partido el control de ambas cámaras del Congreso a partir del 3 de enero de 2027, según las proyecciones de Associated Press.

Bustamante es doctor en Historia por la Universidad de Yale, profesor asociado y titular de la Cátedra Emilio Bacardí Moreau de Estudios Cubanos y Cubanoamericanos en la Universidad de Miami. Es autor de Cuban Memory Wars: Retrospective Politics in Revolution and Exile (2021) y especialista en la historia de las relaciones entre Cuba, Estados Unidos y el exilio.

Sus valoraciones sobre la actualidad cubana han sido recogidas anteriormente por CiberCuba. En mayo, advirtió junto al analista Ricardo Herrero que La Habana debía negociar una salida a la crisis antes de que la presión estadounidense desembocara en consecuencias más graves.

En agosto, publicó un artículo de opinión en The New York Times en el que alertó de que el pueblo cubano no podía continuar esperando indefinidamente.

Ahora, ante el nuevo equilibrio de poderes en Washington, reconoce que «las implicaciones inmediatas están lejos de ser claras».

¿Puede el Congreso demócrata frenar las sanciones?

Uno de los escenarios contemplados por Bustamante es que el nuevo Congreso someta a mayor escrutinio la política de máxima presión contra Cuba, convoque audiencias y exija explicaciones sobre sus costos humanitarios, especialmente ante la ausencia de concesiones políticas significativas del gobierno de Miguel Díaz-Canel.

Sin embargo, el académico advierte que los demócratas tendrán numerosas prioridades legislativas y políticas, incluidas investigaciones sobre la administración Trump, por lo que Cuba podría quedar relegada en su agenda.

El principal límite de esa eventual supervisión parlamentaria es que buena parte de las sanciones estadounidenses se administra desde el Ejecutivo, mediante órdenes presidenciales y decisiones de organismos como el Departamento del Tesoro.

El Congreso conserva competencias fundamentales en materia legislativa, presupuestaria y de fiscalización, y leyes como la Helms-Burton condicionan el levantamiento integral del embargo. Pero Trump mantiene amplias facultades para endurecer las restricciones existentes y adoptar nuevas medidas contra entidades y personas vinculadas al régimen cubano.

Por eso, Bustamante considera que la política de máxima presión podría continuar e incluso intensificarse durante los dos últimos años de la presidencia de Trump.

El historiador introduce también la dinámica del llamado «pato cojo» (lame duck): un presidente debilitado políticamente y enfrentado a un Congreso adverso puede concentrar su actividad en política exterior, donde dispone de mayor margen para actuar sin necesidad de aprobar nuevas leyes.

Rubio, las sanciones y una posible escalada

La continuidad de las medidas de presión quedó reflejada apenas dos días después de las elecciones. El jueves 5 de noviembre, la administración Trump anunció nuevas sanciones contra ocho entidades y dos personas vinculadas al aparato económico y militar cubano, además de identificar cinco embarcaciones como bienes bloqueados.

El secretario de Estado, Marco Rubio, aseguró que Washington no permanecería de brazos cruzados mientras la élite militar cubana continuara beneficiándose de los recursos económicos del país.

Bustamante también examina las posibles aspiraciones políticas de Rubio y la oportunidad que podría representar para él conseguir resultados concretos en Cuba antes de concluir el mandato presidencial.

Sin embargo, advierte que una escalada de mayor envergadura necesitaría producir resultados rápidos y decisivos para resultar políticamente favorable, algo particularmente difícil mientras Estados Unidos mantiene su implicación en la guerra con Irán y gestiona las consecuencias de su operación militar en Venezuela.

El resultado electoral, por tanto, no permite concluir que Washington vaya a moderar su estrategia, pero tampoco que una intervención más contundente sea inevitable.

La Habana apuesta por esperar a Trump

Desde la perspectiva del régimen cubano, el triunfo demócrata podría reforzar una estrategia que sus dirigentes han defendido durante décadas: resistir la presión exterior hasta que cambien las circunstancias políticas en Estados Unidos.

El canciller Bruno Rodríguez Parrilla expresó recientemente esa posición en declaraciones a The New York Times, al asegurar que Cuba soportaría la presión durante el tiempo necesario porque, a su juicio, la política estadounidense terminaría cambiando.

La dirigencia cubana apuesta a sobrevivir políticamente a Trump, confiando en que el desgaste de su administración, las dificultades internacionales y el nuevo Congreso terminen debilitando la estrategia de máxima presión.

Pero Bustamante cuestiona el costo de esa espera para la sociedad cubana.

«Esperar puede ser una estrategia para el gobierno cubano, pero ofrece poco al pueblo cubano. Y aún quedan dos años de sanciones bajo control ejecutivo. Los cubanos ya han pagado un precio enorme», señaló.

En su valoración, los obstáculos políticos que enfrenta Washington podrían favorecer un escenario de inmovilismo antes que una escalada decisiva. Sin embargo, esa parálisis tampoco supondría necesariamente un alivio para la población ni una solución a los problemas estructurales que arrastra Cuba.

La victoria demócrata podría proporcionar al régimen un nuevo argumento para prolongar su estrategia de resistencia, sin que ello implique avances en las reformas internas o en las condiciones de vida de los cubanos.

El historiador resume así el principal peligro de ese escenario: «Los costos de simplemente esperar no dejan de acumularse».

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