
En 1987, Donald Trump publicó "El arte de la negociación (The Art of the Deal)", escrito en colaboración con el periodista Tony Schwartz. El libro, convertido en un éxito editorial, recoge experiencias empresariales, reflexiones y principios que Trump asociaba con su manera de negociar: ambición, confianza, publicidad, cálculo y búsqueda de ventajas. Fue, en buena medida, una presentación pública de su personalidad como hombre de negocios.
Pero hoy el título adquiere una dimensión diferente. Trump tendrá que demostrar si ese arte funciona también cuando las circunstancias dejan de favorecerlo.
Las elecciones del 3 de noviembre han cambiado el escenario político estadounidense. Los demócratas conquistaron el control de la Cámara de Representantes y del Senado, y asumirán esas mayorías en enero de 2027. El presidente seguirá disponiendo de sus facultades ejecutivas y del veto, pero tendrá enfrente un Congreso con capacidad para bloquear buena parte de su programa, condicionar sus iniciativas y ejercer una intensa fiscalización sobre su administración.
Aquí comienza el verdadero desafío. Negociar cuando tenemos el dedo en el gatillo es relativamente fácil. Lo difícil es hacerlo cuando el otro tiene el arma.
Durante buena parte de su presidencia, Trump ha utilizado la confrontación, la presión y la imposición como instrumentos de su estrategia política. Ahora tendrá que aprender a jugar con otras reglas. Ya no bastará con exigir adhesiones ni presentar cada desacuerdo como una batalla que debe ganar.
Los demócratas tendrán sus propias prioridades y no necesariamente estarán dispuestos a facilitarle el camino. También ellos deberán decidir hasta dónde quieren llevar el enfrentamiento y cuánto están dispuestos a negociar.
Trump necesita reconocer esta nueva realidad. Tendrá que identificar qué partes de su programa todavía puede defender, cuáles requieren modificaciones y dónde resulta conveniente ceder para evitar retrocesos mayores.
No se trata de renunciar a sus principios ni de entregar la agenda política a sus adversarios. Se trata de entender que gobernar también significa construir acuerdos, aceptar límites y distinguir entre una victoria posible y una obstinación costosa.
Quizás este revés termine ofreciéndole una oportunidad: demostrar una faceta distinta de su liderazgo, controlar los impulsos, moderar la confrontación y convertir algunas derrotas en acuerdos que beneficien al país.
El tiempo dirá si está a la altura de ese desafío.
Porque una cosa es escribir sobre el arte de negociar y otra, muy diferente, demostrarlo cuando el poder cambia de manos.
Vídeos relacionados:
Archivado en:
Artículo de opinión: Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de CiberCuba.