
Una fotografía difundida por la página de Facebook Panorama Santiago muestra un puesto callejero donde la libra de tomates se vende a 2,000 pesos cubanos, los pimientos verdes a 1,200 y las guayabas a 700, precios que han desatado indignación entre consumidores de distintas provincias.
La imagen, cuya fecha y ubicación exactas no fueron precisadas, muestra cajones de plástico llenos de productos frescos y carteles con los precios de venta.
La propia página que compartió la fotografía cuestionó los valores y calificó de especulativo el precio del tomate. "Por muy devaluada que esté la moneda, la ficha de costo de producción de una libra de tomate nunca, nunca va a ser de 1,000 pesos", señaló.
Las reacciones de los usuarios apuntaron a que los precios elevados no constituyen un problema aislado. Un internauta de Santiago de Cuba comentó que había encontrado el tomate a 1,500 pesos la libra, mientras otra persona desde La Habana respondió que allí ocurría lo mismo.
Desde Cienfuegos, Bayamo, Las Tunas y otras localidades también llegaron testimonios de precios similares o superiores, en un debate que puso de manifiesto las dificultades de las familias para incorporar vegetales a su alimentación cotidiana.
La distancia entre esos precios y los ingresos de la población resulta especialmente significativa. Con un salario mínimo mensual de 3,210 pesos, vigente desde julio, comprar una sola libra de tomates a 2,000 pesos supone desembolsar aproximadamente 62 % de ese ingreso.
"En una libra de tomate y una de ají, se me va el salario del mes", escribió una usuaria. Un jubilado también intervino para señalar que recibe una pensión de 4,000 pesos, una cantidad que apenas permite comprar dos libras de tomate al precio mostrado en la fotografía.
El economista Javier Pérez Capdevila estimó en junio que una persona necesita alrededor de 96,000 pesos mensuales para cubrir sus necesidades básicas, unas 30 veces el salario mínimo.
En el debate también aparecieron explicaciones sobre los costos de comercialización. Un usuario que dijo conocer el sector mayorista detalló que el saco de tomate se vende a 37,000 pesos, el de pepino, con unas 95 libras, a 12,000 y el quintal de calabaza a 21,000. Según argumentó, las pérdidas por el deterioro de los productos pueden afectar a los vendedores.
Otros participantes cuestionaron las prácticas comerciales y denunciaron manipulaciones de las pesas y supuestos sobornos a inspectores para evadir los controles de precios.
Desde Puerto Padre, en Las Tunas, una vecina afirmó que algunos vendedores mantienen precios regulados durante las visitas de los inspectores, pero los elevan cuando estos se marchan.
El encarecimiento de los alimentos coincide con una inflación oficial interanual del 28,44 % reportada en septiembre. En ese mismo período, los alimentos y las bebidas no alcohólicas acumularon un incremento del 42,66 % respecto al año anterior.
A esa situación se suma la depreciación del peso cubano ante el dólar, el cual ronda los 935 pesos en el mercado informal mientras que el euro ya se cotiza hasta por 1,010 pesos.
En agosto, el régimen anunció los llamados Mercados de barrio, con la promesa de ofrecer precios entre 15 % y 30 % inferiores a los del mercado informal. Sin embargo, reportes publicados en noviembre situaron los descuentos reales entre siete y 12 %, muy por debajo de las expectativas generadas.
Mientras tanto, las perspectivas para las celebraciones de fin de año tampoco son alentadoras. "Este fin de año pocos podrán cenar con vianda o ensalada y ni hablar de comer carne", escribió una usuaria, en una muestra del desánimo de quienes ven cómo hasta los productos más comunes de la mesa cubana quedan fuera de sus posibilidades económicas.
Al alza sostenida de los precios y la dolarización parcial de la economía se suma la caída de la producción agrícola. Según informes, Cuba importa entre 70 % y 80 % de los alimentos que consume, lo que refleja la baja productividad del sector agropecuario tras décadas de control estatal y escasos incentivos para los productores.
Asimismo, datos del Programa Mundial de Alimentos indican que más de 70 % de los hogares en la isla ha tenido que reducir la cantidad o la calidad de los alimentos, mientras alrededor del 36 % de la población presenta niveles de inseguridad alimentaria.
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