
Hace más de 10 años un tema de reguetón se hizo famoso en una Cuba que entonces no estaba muy predispuesta ―sobre todo en el ámbito institucional― a darle alas a un género musical que hoy, sin embargo, conquista escenarios, premios y plazas en todo el mundo, por mucho que siga sin gustar en algunas instancias gubernamentales de la Isla.
“Yunai, Yunai a ti te gustan los yumas” era el estribillo contagioso, pero también incómodo, de un tema que su autor ―Iván Arteaga― confiesa que escribió allá por los años 2004-2005.
Diario de Cuba ha difundido una entrevista en la que indaga qué pasó con “Calle 35”, el grupo que la popularizó y que incluso les permitió realizar una gira musical internacional, la única que hicieron.
La canción era la crónica de la creciente prostitución en la Isla, y tal vez ello influyó en que no recibieran el aval de las instituciones que pueden conceder las “licencias” artísticas para que los intérpretes musicales se puedan dedicar a ello de manera oficial.
No recibir ese “aval” implica que un cantante o grupo no puede participar en eventos artísticos nacionales e internacionales, lo que supone un claro llamado a cambiar de profesión.
Arteaga indica que en aquellos momentos no había espacio para el reguetón en Cuba, y considera que esa fue la causa por la cual no les fue concedido el aval musical que les hubiera permitido seguir una carrera profesional.
El tema “Yunai, Yunai, a ti te gustan los yumas” se hizo famoso en Cuba y también en Miami.
A raíz de ese éxito, un productor italiano los invitó a ese país europeo. Hicieron los trámites para registrarse por la empresa musical "Clave Cubana" y poder viajar, pero nunca les dieron los papeles para poder legalizarse.
Finalmente, tuvieron que viajar a Italia por carta de invitación. Allí estuvieron 4 meses, y pudieron actuar en el mismo escenario por donde han pasado cantantes de fama internacional como Don Omar, Oscar de León, entre otros, según relata Artega para Diario de Cuba.
Eso fue hasta que crearon el grupo "Calle 35" con cuatro cantantes. Le pusieron ese nombre porque es la calle donde vive Arteaga actualmente.
A la vuelta de Europa, la empresa musical “Rafael Lay”, de Cienfuegos, les negó la posibilidad de profesionalizarse y los envió a averiguar por el tema a La Habana.
En la capital, uno de los funcionarios del Ministerio de Cultura le dijo a la representante del grupo que en Cuba no había espacio para el reguetón, y desestimaron el proyecto.
Corría el año 2006, y con tantas puertas cerradas, el grupo acabó por desintegrarse.
Arteaga, que no tiene formación musical alguna de academia ni escuela, relata que en ese año mismo año le llegó una beca para ir a estudiar música a Boston (EE.UU.) pero que le fue imposible ir por no tener los papeles de músico ni dinero.
Con posterioridad, ha intentado cantar en escenarios nacionales, pero le dicen que sin papeles no puede tocar, porque un inspector le puede poner una multa significativa.
Arteaga afirma que su canción se inscribió por una disquera de España, y que su nombre está registrado en la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE), que tiene su sede en Madrid.
Sin embargo, ha pasado ya una década y nunca ha recibido ni un centavo por esta canción en concepto de derechos de autor.
Hoy día Iván Arteaga, que radica en Cienfuegos, se dedica a la recogida de basura para la empresa de Comunales de esa provincia, donde trabaja desde hace dos años.
Ojalá que el reclamo de Iván Arteaga llame la atención de las autoridades musicales en Cuba y también de sus compañeros reguetoneros en la Isla; esos cuya fama ya es incuestionable, y que muy bien pudieran tirarle “ese cable” que alguna vez todos necesitamos en esta vida.
Nunca es tarde para resucitar musicalmente hablando. ¡Qué mejor evidencia que el inolvidable Compay Segundo!
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