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La Cuba que un día inspiró a movimientos sociales, jóvenes idealistas y partidos de izquierda en toda América Latina ya no despierta pasión, ni siquiera entre quienes alguna vez la defendieron con fervor.
Hoy, la isla provoca más incomodidad que admiración, más preguntas que consignas. Y según el académico chileno Iván Witker, investigador de la Academia Nacional de Estudios Políticos y Estratégicos (ANEPE) y profesor de la Universidad Central de Chile, esa ruptura emocional tiene raíces profundas.
En una columna publicada en El Líbero, Witker describe el proceso como “la laxitud inevitable” de una adoración que ya no se sostiene frente a la realidad, con una Cuba empobrecida, enferma y sumida en un deterioro social que él califica como “favelización de todo el país”. Para muchos de sus antiguos simpatizantes, enfrentarse a esa imagen resulta sencillamente insostenible.
Witker sostiene que la revolución cubana se transformó en “un ideario anacrónico” incapaz de conquistar corazones en pleno siglo XXI.
Lo que alguna vez se presentó como un modelo de justicia social terminó convertido en un país con apagones de 15 horas, escasez casi total de agua potable, alimentos esenciales desaparecidos, y epidemias que vuelven a poner en riesgo a millones: “48 mil hospitalizados por dengue y 700 infectados diarios de chikungunya”, cifra el académico.
Para él, la isla se asemeja hoy a “un nuevo Haití”, con ciudades convertidas en enormes barrios marginales y un sistema incapaz de ofrecer respuestas mínimas.
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“Defender, explicar y justificar este nuevo Haití, en ambientes democráticos, es un imposible”, sentencia.
La incomodidad de las nuevas izquierdas
El colapso de Cuba representa también un problema político para parte de la izquierda latinoamericana, esa que busca renovarse y distanciarse de los viejos dogmas.
Witker afirma que la isla se ha vuelto “una alianza incómoda”, un lastre simbólico difícil de cargar, un régimen con gerontocracia, sin renovación de élites, sin vida civil y sin capas intermedias que den oxígeno a la sociedad.
Las nuevas izquierdas, escribe, “se han visto obligadas a matizar, a descubrir argumentos sutiles, a desdramatizar. Pero eso cansa”.
Otro de los puntos donde Witker es tajante es el desgaste del argumento del bloqueo. El académico asegura que el embargo “no explica el naufragio cubano”, y recuerda que la ley permite compras y no impide el comercio con otros países. El problema, sostiene, es que Cuba no produce nada exportable y se quedó sin fuentes reales de divisas.
La zafra azucarera “logra apenas una décima parte” de lo que prometió en 1970; nadie contrata ya los servicios médicos cubanos; el turismo se desplomó; y las remesas no alcanzan.
Una élite fracturada y sin respaldo simbólico
A esta crisis se suma el misterio y la tensión interna entre los propios dirigentes. Witker se detiene en el caso de Alejandro Gil Fernández, el exministro de Economía acusado de corrupción y señalado como responsable del derrumbe económico.
Para el académico, el proceso no apunta a justicia, sino a un destino sombrío: “Terminar ante un pelotón de fusilamiento”.
Esta imagen, dice, es incompatible con la opinión pública latinoamericana actual, incluso con la más inclinada a simpatizar con la isla.
El resultado de todo este cuadro, colapso económico, epidemias, pobreza estructural, fracturas internas y pérdida de relevancia internacional, es que Cuba dejó de ser el símbolo que fue.
Para Witker, la isla “hace ya tiempo dejó de conquistar corazones”. Hoy, incluso sus antiguos defensores prefieren mirar hacia otro lado, suavizar posturas o guardar silencio para evitar un desgaste ideológico o moral que ya nadie está dispuesto a asumir.
La revolución cubana, concluye, se convirtió en un mito erosionado por su propia realidad.
Preguntas Frecuentes sobre la Crisis en Cuba y la Pérdida de Apoyo Internacional
¿Por qué Cuba ha dejado de inspirar a sus antiguos defensores?
Cuba ha dejado de inspirar debido a su deterioro social y económico. Según el académico Iván Witker, la isla se ha convertido en un país con apagones de hasta 15 horas, escasez de agua potable y alimentos, y epidemias que ponen en riesgo a millones. La imagen de Cuba como modelo de justicia social ha quedado erosionada, transformándose en lo que Witker describe como un “nuevo Haití”, con ciudades convertidas en barrios marginales y un sistema incapaz de ofrecer respuestas mínimas.
¿Qué papel juega la crisis sanitaria en el colapso de Cuba?
La crisis sanitaria es un factor crítico en el colapso de Cuba. Epidemias como el dengue y el chikungunya han saturado el sistema de salud, que ya carece de medicamentos, reactivos y personal suficiente. El manejo ineficiente por parte del gobierno ha agravado la situación, dejando a los hospitales colapsados y a la población sin atención adecuada. La falta de fumigación y los apagones solo empeoran la crisis, creando un caldo de cultivo perfecto para la propagación de enfermedades.
¿Cómo afecta el embargo estadounidense a la situación actual de Cuba?
El embargo no es la causa principal del colapso cubano, según Iván Witker. Aunque el gobierno cubano suele culpar al embargo de sus problemas económicos, Witker sostiene que la verdadera causa es la falta de producción exportable y de fuentes reales de divisas. La zafra azucarera y los servicios médicos, que antes eran pilares de la economía, han decaído significativamente, y el turismo y las remesas no son suficientes para sostener al país.
¿Cuál es la percepción de la población cubana respecto a las crisis que enfrenta el país?
La población cubana siente que está viviendo en un infierno. El pueblo cubano enfrenta apagones, falta de agua y alimentos, y un sistema de salud colapsado. Muchos ciudadanos expresan desesperación, frustración e indignación por la falta de respuesta efectiva del gobierno, mientras las condiciones de vida se deterioran continuamente. La percepción general es que el país sufre un colapso total, con la población sobreviviendo en condiciones inhumanas.
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