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Memoria del Exilio: "Nada todavía"

"¡Yo no sé cómo Penélope habrá hecho, pero a mí me arde el culo de tanta expectativa!"

Juan Carlos Cremata Malberti. © Juan Carlos Cremata
Juan Carlos Cremata Malberti. Foto © Juan Carlos Cremata

Este artículo es de hace 5 años

Como cada jornada, abro apenas los ojos y corro al buzón esperando encontrar algo afín a una siempre ansiada ventura o, al menos, una transitoria, apremiante tranquilidad, pero…

Sólo periódicos o panfletos, con fabulosos descuentos de supermercados, cadenas de tiendas - que no me interesan - u ofertas de ventas, trueques, timos y engaños, hasta en palillos de dientes.

Finalmente, cual Cenicienta, a las doce en punto de la noche -que es a la única hora, que distribuyen un número, bastante reducido, de turnos online – pude atrapar una entrevista, con la Oficina de Inmigración, correspondiente a mi jurisdicción.

Uso lenguaje de oficina, para que la comprensión sea más clara, prolija y llana. Y para vestir la narración. con el mismo estilo, tono, temporal o acento.

Luego del chequeo aduanero, de rigor, a la entrada – que, incluye, policía, desvalijo-momentáneo-detector de metales-cacheo-toqueteo-con-rudeza-sin-lujuria-más-voz-fuerte – y el otorgamiento de un turno, en forma de papeleta, esperé, pacientemente, unos veinte minutos, hasta ser llamado por el altavoz, a la ventanilla de atención asignada. Como en el parchís, llegué a la meta.

Ufff!

Aquello estaba repleto. ¡Todo el mundo estaba en esa dependencia! - versaría el Apóstol.

Y fue como reeditar la memorable escena de La muerte de un burócrata, de Tomás Gutiérrez Alea (Titón), donde Panchín (Salvador Wood) tiene que hacer una, extensa-obligada, sesión de, absoluta-profunda paciencia frente a un funcionario, a todas luces, de muy lenta rotación (Roberto Gacio) que se toma, tooooooooooooooodo el tiempo del mundo, meticulosa, pormenorizada y lentamente, para realizar cada tipo de actividad, por muy simple que ésta sea.

Pero el que me tocó enfrente, en esta versión yuma contemporánea, tenía pinta de pakistaní, etrusco, sumerio, o bengalés - nunca pude descifrar, muy bien, alguna señal comprensible, que me diese una pista, de dónde era su enrevesado e incomprensible acento - con un inglés, mucho más básico y pedestre, que el del Tom-is-a boy-and- Mary- is-a-girl , que se rezonga en lo más recóndito de la Hialeah profunda.

Parapetado tras la pantalla de su computadora, como yo no la veía, en lo absoluto, podía muy bien, sencillamente, estar jugando solitario, con cartas virtuales, o algún que otro entretenimiento digital.

Deberían programar una aplicación súper entretenida de juego para los que esperan, en la que un inmigrante tenga que atravesar por diversos y enrevesados obstáculos para obtener su residencia como finalidad.

Tras varios, extensos, minutos de espera, el oficial me explicó…

Al menos, eso fue lo que yo le pude entender

…que el proceso caminaba.

¡Vaya novedad, yo pensaba que se había sentado!

Y que, al parecer…

Sonaba su aseveración, a que no diera nada por hecho.

…existía la afortunada posibilidad, de que no fuera necesario hacerme entrevista alguna.

Que en algunos, otros, muchos casos, se requiere. Y yo nunca la he solicitado, la verdad.

- ¿Y hay alguna idea, más o menos, de cuánto tiempo tardará todo ese tejemaneje? – con estas palabras, traducidas, en mí, medio entrenado, anglosajón, más o menos, por arribita, le esbocé la idea de lo que pudiera significar para mí una incalculable y necesaria esperanza.

Aquel hombre se me quedó mirando fijo, a través del cristal, por un rato tan largo que a mí me pareció que pasaron siglos. Como los ejercicios de actuación, para concentrarse. O el reto a mantenerle, fija y perenne, la vista a un gato que te observa. Ni una palabra se escapaba de su boca. Llegué a sentirme incómodo. A punto de declararme culpable por seguir interesado en obtener mi residencia.

Entonces fue que encogiéndose de hombros, lento, muy lento, bien despacito, sin siquiera, seguir el ritmo, pegajoso, amelcochado de la afamada canción, me soltó un: I don´t know!

¡Como si el que no aydontknowsupiera no fuera yo!

Si él, que es quién trabaja ahí, no sabía; ¿qué quedaría para mí?

¡Goodbye, ilusión!

Luego me hizo un bosquejo, sin subtítulos, en esa jerga rara con que hablaba de la que creí comprender que una vez hecha la solicitud, ésta se reparte por distintos estados.

Algo que ya sabía.

Que cada caso es diferente.

Lo sabía también.

Que todo depende de quién reciba los papeles.

Y del estado en que se encuentre, a quién le toque cuando esto suceda, imagino, además, ¿no? Quiero pensar, si se siente satisfecho, con la vida que lleva, si templó la noche anterior, si le cayó bien el almuerzo, si está libre de stress, si le mataron al héroe de su serie favorita, o si se le posó un cuervo en una charretera, camino al trabajo.

Eso determina el tiempo de demora en aprobar el expediente.

- ¿Alguna fecha aproximada? Vaya, como que… adivinando, por decir algo, tirar una piedra.

El segundo I don´t know casi me atropella.

Como las penas tantas.

Pasó sobrevolando mi cabeza, como una centella. Y me explotó en la espalda.

Porque…

(sintetizó)

Y eso sí lo capté, al vuelo.

- EL PROCESO ESTÁ LENTO.

Madre de dios, ¿cuántos años escuchando lo mismo?

¡Otra vez con que el queso se fermenta!

Lo mismo con lo mismo.

La repetible ingravidez del parecer.

BATEO INTERIOR CON SORDINA Y LENGUA MORDIDA (A tempo de Nitrazepán)

¡O sea, que yo me saqué, después de varias noches intentándolo en Internet, demostrándole a la computadora, más de mil veces, que ¡YO NO SOY UN ROBOT!, para, finalmente, obtener un appointment , con los que se supone deben saber sobre mi situación migratoria, mucho más que yo; además, me levanto súper temprano, medio que desayuno, corriendo, para llegar a la cita a tiempo porque si no te la anulan y vuelta pá Internet de nuevo; vine, matándome, por esa carretera que casi tengo un accidente; debo ahora, regresarme, triste y fosco, a mi rincón con el rabo entre las piernas a seguir esperando y esperando, criando un burujón-montón -puñao, de ansias, para llevarme de aquí, hoy, únicamente, como respuesta, dos únicos, incomprensibles, mal pronunciados, miserables, e indiferentes: I-don´t-knowses!

¡Le ronca a la requetetranca de la requetetuerca!

- Thanks, Sir. You are very kind. – fue lo que le pude responder, agregando un - Have a good day – y seguido un - as I hope not to meet you never again.

Reverencia discreta y mutis por el foro.

Calabaza, calabaza…

Y no se puede emprender…

NADA

Para ellos, ya todo está inventado.

¡Yo no sé cómo Penélope habrá hecho, pero a mí me arde el culo de tanta expectativa!

TOMA DOS. (léase trescientos ochenta y cinco)

Como cada jornada, abro apenas los ojos y corro al buzón, esperando encontrar algo afín a una siempre ansiada ventura o, al menos, una transitoria, apremiante tranquilidad, pero…

Sólo periódicos o panfletos, con fabulosos descuentos de supermercados, cadenas de tiendas - que no me interesan - u ofertas de ventas, trueques, timos y engaños, hasta en palillos de dientes.

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Artículo de opinión: Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de CiberCuba.

Juan Carlos Cremata Malberti

Director de cine y guionista cubano. Se graduó en 1986 de Teatrología y Dramaturgia, en el Instituto Superior de Arte (ISA) de La Habana, posteriormente cursó estudios en la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños graduándose en 1990.


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