Díaz-Canel y el tweet de Judas para Mailén

¿Un tweet de felicitación presidencial? No, aguerrido Miguel: en todo caso un tweet anunciando causas, culpables e indemnizaciones para las familias ensombrecidas de por vida.

Collage / Juventud Rebelde - Facebook/ Mailin Diaz
Díaz-Canel envía mensaje a Mailen Dias, sobreviviente del accidente aéreo en Cuba Foto © Collage / Juventud Rebelde - Facebook/ Mailin Diaz

Este artículo es de hace 3 años

Con los mismos dedos que ha engavetado la investigación que le debe, Miguel Díaz-Canel ha tecleado un tweet de felicitación cumpleañera a la jovencita Mailén Díaz Almaguer, única sobreviviente del vuelo 0972.

Ha sido un tweet soso, desabrido, desinflado, como todo lo que proviene de este hombre con crisis de identidad presidencial, mediocremente gris como un monigote sin vida ni emoción. Una felicitación de cumpleaños a la milagrosa sobreviviente de un accidente donde murieron todas las otras almas que la acompañaban, y donde lo más elaborado que se le ocurre al dizque presidente es algo así como que toda Cuba celebraba con ella, y poco más.

El tweet es un monumento a la desvergüenza camuflada de solidaridad. Yo estoy seguro de que los familiares de Mailén, sometidos a presiones y manipulaciones, difícilmente puedan ver el trasfondo de lo que les dan y lo que en realidad debieran darles. (Esa misma familia, atormentada por el dolor y aterrorizada por la policía política, negó el acceso a Erich Concepción, un artista radicado en Miami que quería entregarles una silla de ruedas, medicinas y algo de dinero a nombre de la comunidad cubanoamericana del sur de Florida). Pero lo cierto es que la impunidad con que el gobierno de Raúl Castro/Miguel-Díaz Canel obra en esta tragedia revuelve el estómago de manera especial.

¿Un tweet de felicitación presidencial? No, aguerrido Miguel: en todo caso un tweet anunciando causas, culpables e indemnizaciones para las 112 familias ensombrecidas de por vida, y para la de Mailén, agradecida pero aterrorizada como solo ellos pueden saber que vivirán.

Ocho meses después, lo único que Cuba ha anunciado sobre su investigación del siniestro es que habían descifrado entre el 90 y 95 porciento de la información contenida en la caja negra que capta voces y otros sonidos en la cabina de la aeronave, y que habían procesado el 100% de los datos contenidos en la caja que almacena información de vuelo.

Eso fue en septiembre. Han pasado tres inaceptables meses desde entonces: mutis por el foro.

En otra vuelta de tuerca a la desvergüenza general de este doloroso caso, tan pronto como en julio, dos meses después de la tragedia, la aerolínea Global Air, contratada desde luego por el gobierno cubano, emitió un comunicado culpando directamente a los pilotos y lavándose las manos (con sangre). Cuba los desmintió. Aún esperamos sus causas, las que arrojó su investigación.

Ellos, los burócratas que se engrosaron los bolsillos concediendo a Global Air, una aerolínea sin página web siquiera, sin sede fija, y en manos de un empresario de dudosa moral y transparencia; los funcionarios cubanos que contrataron aviones sobreexplotados e hicieron la vista gorda a las denuncias de que aquella cafetera (así llamaron a ese mismo Boeing alguna vez en Chile, donde no le dejaron volar) perdía incluso control de algunos sensores de vuelo, no han respondido hasta hoy. Ni, en honor a la verdad, creo que vayan a responder ya.

Porque Cuba juega con una carta de triunfo: el adoctrinamiento de las víctimas. Y el temor. Y la falta de conciencia cívica.

Las víctimas de errores graves en países democráticos del mundo saben que mientras lloran, mientras sufren amargamente la pérdida de vidas deben hacer caso a los abogados que les recuerdan: “alguien tiene que pagar por esto”. Y así es como debe ser. Alguien debe poner su puesto acomodaticio, y a veces su libertad, y casi siempre debe desembolsarse una cuantiosa suma de dinero para compensar en terreno económico lo que jamás podrá compensarse en terreno emocional.

Convengamos en algo: nada devuelve una vida. Nada, absolutamente nada, alivia el horror que llevan en el corazón quienes pierden a sus seres queridos en circunstancias tan espantosas. Pero que esas barbaridades les cuesten muy caro a alguien, a una institución, a los irresponsables mandamases que permitieron el siniestro con su falta de rigor, su amor por la chapucería, se llama hacer justicia. Las víctimas de asesinatos no reviven porque se aprese al asesino. Pero sus familias encuentran el consuelo de la justicia. La ecuación es simple.

Las 112 familias enlutadas del vuelo 0972 tienen muertos sin asesinos. Tienen tumbas sin responsables. Tienen un miserable tweet de felicitación a la sobreviviente, sin tener el nombre o los nombres de aquellos a los que su desgracia les costará al menos la libertad. No tienen nada. Un pequeño altar en sus casas, estoy seguro, con flores y una foto recordatoria de lo que no tendrán nunca más.

Y Mailén no tendrá un feliz cumpleaños, Díaz-Canel. ¿A quién engañas? Cumplir veinte años en una cama de hospital, con limitaciones de por vida, con traumas y mutilaciones irreversibles, no es tener felicidad real.

¿Agradecer por su milagro? Sí, todos los días. Pero hay que tener un corazón de piedra y una desvergüenza a prueba de muerte para creer que puede hacerse politiquería de aldea barata con la supuesta felicidad de una chica traumatizada para siempre a la que su gobierno le esconderá la bola, le ocultará la verdad de por qué ella no podrá a ser normal, como antes.

El tweet de Miguel Díaz-Canel podrá parecer humano y solidario a unos. Pero que nadie olvide que va acompañado por los hashtags #SomosCuba y #SomosContinuidad. Están sueltos y sin filtros, es descaro a la cara: no se ocupan siquiera de disimular la propaganda comunista aunque sea a costa de la misma víctima a la que no piensan explicar o indemnizar.

Si Judas Iscariote hubiera tenido twitter durante aquella última cena, ya sabemos cómo habría sonado el tweet que se habría atrevido a dedicarle a Jesús. 

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