Cubano empobrecido Foto © Habana Net

Los zapaticos me aprietan y las tiendas me dan calor

Un señor de Santa Clara ha retratado en Facebook que la mayoría de los cubanos, además de empobrecidos; son maltratados por la casta verde oliva que, mientras dolariza la economía a tiendas forzadas, maltrata a los ciudadanos vendiendo zapatos para niños visiblemente deteriorados y rebajándoles el precio como gancho comercial.

La familia cubana ya ha asumido su condición de pobre por decreto e intenta priorizar -hasta donde resulta humanamente posible- el vestido y calzado de los niños; siguiendo la tradición heredada de abuelos y padres, pero el afán pacotillero del tardocastrismo y su apuesta por generar rentabilidad a cualquier precio provoca desprecios como el ocurrido en la tienda La Época de Santa Clara.

Mañana, la semana que viene o cuando sea propicio; saldrá una nota oficial comunicando las medidas tomadas por la venta a precio rebajado de calzado infantil y en uno o dos párrafos leeremos que se trata de una excepción y que la vileza mercantil ocurrió por la falta de sensibilidad o descuido de algún burócrata menor.

Desgraciadamente no es una excepción. Cuba resulta ser uno de los países más caros del mundo no solo por vender en una moneda valuada 25 veces más que el peso cubano; sino por la ínfima calidad de la ropa y zapatos que vende en sus tiendas estatales a precios de boutique parisina.

No hay mayor desprecio a un pobre que estafarlo; que es una política permanente en el comercio interior de Cuba, escudado en el embargo norteamericano, dificultades que aún subsisten y toda esa retahíla de frases comunes reiteradas a lo largo de 60 años en que desaparecieron Ingelmo, Amadeo, Valle, Bulnes, Cordobán, Goliath, Bolinaga, U.S. Keds, Tom McAn y Florshein.

Un gobierno que proclama el socialismo próspero y sostenible como meta, debía apostar porque los pobres tuvieran un solo par de zapatos, pero de calidad; porque  resultan más duraderos y dignifican al condenado a 100 años descalzo. Un estado que justificó el totalitarismo en una revolución de los humildes, para y por los ídem, debía tener la decencia de impedir el desprecio continuo a los pobres con todos esos desechos Made in China que vende a precios de atraco.

La mayoría de los cubanos no cobra sus salarios en dólares norteamericanos ni recibe remesas y recargas desde el mundo neoliberal; ¡que menos! que garantizar un calzado resistente, especialmente para niños y ancianos, los más vulnerables dentro de esa perversión delirante que es la república fallida.

Raúl Ferrer, maestro, comunista y tío del trovador Pedro Luis, solía contar que en la anterior república, llegó a un pueblo donde un grupo de niños no asistía a clases porque no tenía zapatos; los convocó y, antes de entrar al aula, hizo descalzarse a los alumnos que iban calzados.

El Indio Naborí glosó el renacimiento de Nemesia, en su Elegía de los zapaticos blancos; amenazados por mercenarios y yanquis, a los que balas milicianas rompieron para impedir que aquella Flor carbonera siguiera descalza.

Ya sabemos que el Partido Comunista es hegemónico y que el Estado es el propietario de casi todo; queda por saber quien asumirá la responsabilidad de vender zapatos rotos despreciando a las niñas pobres de Santa Clara, donde reposan los huesos de Che Guevara y Miguel Díaz-Canel fue el máximo dirigente partidista.

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Carlos Cabrera Perez

Periodista de CiberCuba. Ha trabajado en Granma Internacional, Prensa Latina, Corresponsalías agencias IPS y EFE en La Habana. Director Tierras del Duero y Sierra Madrileña en España.

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