Anciano cubano denuncia que sus hijos lo abandonaron y sobrevive como puede

El anciano recibe una chequera de 280 pesos que solo le alcanza para algo más de una semana.

Víctor Manuel Vera Arencibia Foto © Captura de video de YouTube

Este artículo es de hace 1 año

Víctor Manuel Vera Arencibia es un jubilado de Santiago de Cuba que sobrevive como puede. Él es uno de los tantos ancianos que cuentan con una mísera pensión para hacer frente al altísimo costo de la vida en la Isla.

Pero él tiene una situación incluso peor, porque su familia lo ha abandonado. En una entrevista a la agencia CubaNet, denunció que sus siete hijos le hicieron vender su casa.

“Vivo en casa de un amigo; yo estaba pasando trabajo por allá y él me mandó a buscar, porque él viaja a La Habana, va y viene, y yo le cuido la casa. Yo mismo me cocino, me hago el desayuno, el almuerzo y la comida”, relató.

Vera Arencibia recibe una chequera de 280 pesos que, según contó, solo le alcanza para vivir algo más de una semana.

“Antes de la Revolución, cuando el gobierno de Batista, la comida era muy barata, un plato de comida valía 10 o 15 quilos, con un peso comías en el día y te sobraba. Y en las farmacias había de todo”, recordó.

“Ahora esto está malísimo, es demasiado lo de los precios de la comida. Y ahora he oído decir que va a subir más el precio de la comida”, recalcó.

El anciano reveló que sus descendientes quisieron internarlo en un asilo, pero cuando una doctora del policlínico lo entrevistó y supo que él tenía tres hijas y cuatro hijos, le dijo que ellos estaban obligados a atenderlo y cuidarlo.

“Yo quisiera estar en un hogar de ancianos, más tranquilo, porque yo sé que allí tengo mi cama donde dormir, mi desayuno, mi almuerzo, mi comida, despreocupadamente, y me hacen un descuento de la chequera todos los meses, y así no estuviera desamparado de mis hijos”, concluyó.

La situación de Vera Arencibia es similar a la de muchas personas de la tercera edad en Cuba, un país cada vez más envejecido. La vulnerabilidad de los ancianos de la Isla es grande, y son pocos a los que les alcanza la pensión que reciben.

Personas que dedicaron toda su vida a trabajar, y que incluso arriesgaron sus vidas por la Revolución, se sienten defraudadas al llegar a su vejez. Casi todos tienen que hacer malabares para pagar la electricidad, la comida y las medicinas que necesitan, y deben recurrir a la ayuda de sus hijos para “llegar” a fin de mes, ya vivan estos fuera o dentro del país.

Por ello, muchos jubilados se ven obligados a trabajar para aumentar su escaso peculio. En los últimos años se han incrementado en las calles de Cuba los adultos mayores que venden periódicos o alimentos ligeros, trabajan en diversos negocios de familiares o amigos, o simplemente piden limosna.

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