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Cubanos piden que les vendan bicicletas ante la crisis con el transporte público

El déficit de combustible que golpea al deprimido sistema de transporte público de la isla ha llevado a que los cubanos aboguen por soluciones más económicas que les permitan moverse de un lugar a otro con comodidad.

A las seis de la tarde, sentado en la parada de ómnibus ubicada en G y 27, en El Vedado, el ingeniero Dagoberto asegura que “con las cosas como están deberían acortar los horarios de trabajo. No tiene sentido ir de ocho de la mañana a cinco de la tarde a un sitio donde nada funciona y encima no poder pasar tiempo con la familia porque, en lo que uno se faja con el transporte llega al trabajo a las diez de la mañana, con ganas de todo menos de trabajar, y regresa a la casa cuando ya casi es hora de acostarse”.

En los horarios pico, según plantea, “la guerra es tremenda. Es infrahumano montarse en una guagua o un taxi privado, que corta los viajes y hace tramos demasiado cortos. Pasan seis guaguas y diez carros y te vas dos horas después en la puerta de un ómnibus o en un taxi estrechísimo”.

Asimismo, afirma Amado, un habitante de Arroyo Arenas, La Lisa, “resulta indignante ver cómo los carros estatales pasan por las paradas, ajenos a la situación actual del país, y ni miran a los que nos añejamos aquí esperando a que algo pase. Es lógico que por eso la gente casi siempre termine discutiendo molesta.

“A los choferes estatales hay que pararlos y pedirles las hojas de ruta porque les mienten a los propios inspectores y dicen que van para un lado cuando realmente van para otro. Lo que merecen es una multa porque no son dueños de esos carros y no los ponen en función de la población”, acota el profesor de Informática.

Según solicita el operador de una fábrica de alimentos enlatados, Mario Enrique, “lo que deberían es vendernos bicicletas. No solo porque no tenemos de dónde sacar petróleo, sino porque son un medio que protege el ambiente, al igual que las motos y los automóviles eléctricos”.

El joven de 34 años explica que su familia es de Placetas, Villa Clara, y que le consta que un alto por ciento de los cubanos, sobre todo fuera de La Habana, se mueve en bicicleta y no encuentra ni piezas ni accesorios en las tiendas minoristas, en tanto los revendedores los tienen a precios muy por arriba del nivel del ciudadano promedio.

Por otro lado, la vendedora de tarjetas telefónicas Luisa denuncia que la mayoría de los choferes estatales transitan por calles donde no hay paradas para no tener que cruzarse ni con los pasajeros ni con los inspectores.

“Ya es hora de que la economía se quite la carga de los miles de autos estatales que circulan los 365 días del año pagados y mantenidos por el presupuesto estatal, que proviene en una enorme medida de los impuestos que pagamos los trabajadores privados. Que le vendan esos mismos autos al pueblo a precios más bajos o para pagarlos a plazos”, exhorta la cuentapropista.

De acuerdo con las cifras emitidas por el Ministerio de Transporte, en el 2019 fueron transportados menos pasajeros de los previstos (más de 1800 millones). El 70% de ese total fue trasladado por el sector estatal, el 20% por transportistas privados y el 10% en vehículos estatales gestionados por los inspectores en las paradas.

Las mismas fuentes oficiales reconocen que solo en La Habana existen más de 3000 paradas y se cubren con inspectores menos de 100 de ellas. Las autoridades capitalinas estiman que son unas 311 las paradas que por los volúmenes de población necesitan la presencia de inspectores.

De igual forma, la transportación masiva de pasajeros está ampliamente afectada por las violaciones de precios y de itinerarios, la falta de medios o de disponibilidad técnica, el mantenimiento desorganizado, el arribo tardío de recursos, la falta de información a los pasajeros, las indisciplinas de choferes y las malas condiciones de paradas y estaciones.

Alguien que se hace llamar Cubano en la web de Cubadebate se pregunta si alguno de los dirigentes del Transporte coge guagua. “No es fácil ver autos de dirigentes con cristales negros y aire acondicionado pasar por las paradas llenas sin el menor pudor y seguir como si nada. ¿Hasta cuándo? Con el dichoso bloqueo para algunos y para otros como si vivieran en Marte...”.

En ese mismo sitio un forista del Oriente del país comenta que “los que vamos en bici al trabajo y resolvemos todos nuestros problemas en ellas, permitimos un espacio libre en el ómnibus o el taxi, contribuimos con la sostenibilidad requerida en el transporte urbano. ¿Por qué entonces los obreros que empleamos tales medios no tenemos acceso a piezas de repuesto y neumáticos? ¿Por qué incluso en ciudades como Holguín eliminan las ciclovías, como ocurrió en la Avenida de los Libertadores, arteria de la ciudad que todos empleamos?”

Montada en un botero camino a Alamar, Habana del Este, la estudiante universitaria Estrella asegura que “es una falta de respeto lo que está ocurriendo. A mí me tiene traumatizada la idea de salir a la calle, lo mismo porque no hay comida que porque no tengo ni cómo ir a la escuela. Siguen siendo los particulares los que nos resuelven el problema.  

“Supuestamente no hay combustible, uno ve largas colas en las gasolineras, pero miras para el lado y en cinco minutos te pasan cincuenta carros estatales y ni uno recoge a una persona. ¿Dónde se denuncia la indolencia de los dirigentes y los choferes estatales que se pasean por todos lados viendo por encima del hombro al que se pudre esperando algún medio de transporte?”, inquiere.

Desde la óptica de Victoria, quien reside en el municipio capitalino de Boyeros, “da asco oír ya que todas las desgracias que sufrimos se las debemos al bloqueo (embargo) de Estados Unidos. Te quedas sin brazos haciéndoles señas a los choferes y no te paran, o te hacen señas de que van para otro lado y tampoco se detienen. Si les retiraran el carro por unas semanas cada vez que alguien se queja, aprenderían la lección. Seguimos revolcados en la misma mierda porque los que mandan no tienen ni vergüenza.

“Nada resuelve un grupo de inspectores mal pagados, que no tienen ni dónde caerse muertos. Se necesitaría un ejército de inspectores para abarcar las miles de paradas de La Habana y otros miles en el resto del país y una ley que regule la obligatoriedad de cada chofer de transporte estatal de parar y las penalizaciones que les correspondan a los infractores”, propone seriamente la dependiente comercial de una tienda.

Otra trabajadora estatal, de pie en el céntrico Parque de La Fraternidad, se pregunta “¿cuándo, como ocurre en el mundo civilizado, uno llegará a una parada y encontrará la información de las rutas que pasan por allí y a qué hora? ¿Cómo ese mecanismo no falla en las paradas que son para los turistas? ¿Qué trabajador puede respetar su jornada laboral así?, concluye.

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