Miguel Díaz-Canel Bermúdez (de frente) abrazado a Raúl Castro Ruz Foto © Granma

El órgano oficial se pone en modo Instagram en medio del azote del coronavirus

El periódico Granma se ha pasado al modo Instagram desde hace unos días, con imágenes de José Martí Pérez, Fidel Castro Ruz, Raúl Castro Ruz con nasobuco, y se despachó con un montaje gráfico de Díaz-Canel abrazado al General de Ejército, que aparece de lado, como si estuviera buscando el camino de salida, mientras el presidente está de frente y con la vista puesta en el objetivo fotográfico.

Debió ser el ocurrente happy birthday de la compañera Yailín Orta Rivera a Díaz-Canel, que este lunes cumplió 60 años, onomástica que no olvidará por ser número redondo, año bisiesto y sentirse atrapado por las torpezas de su gobierno frente al azote del coronavirus; handicap que comparte con la mayoría de los gobernantes del mundo, excepto Surcorea y Taiwán.

Que Raúl apoya a Díaz-Canel no es noticia; fue su elegido al que protegió desde la base provincial, incluso frente al comandante en jefe, en el episodio aquel de los televisores Panda que debían ser para las teleclases y acabaron en Venezuela, excepto los de Villa Clara porque su entonces primer secretario del partido comunista había cumplido la orden con celeridad.

La crisis actual es inédita porque el coronavirus es un catalizador agravante, pero la causa real es la ineficacia crónica comunista, agravada por el recrudecimiento de las sanciones de Estados Unidos, el desplome de los precios del petróleo, el turismo y la reducción de las remesas de la solidaria emigración cubana.

El presidente necesita armarse de sensatez política, si es que quiere jugar al duro, organizar la comunicación institucional, alejándola de cualquier frivolidad de guatacas, despenalizar el diferendo ideológico y basarla en tres premisas:

Abandonar la tentación de plasma y fotos en los periódicos y acercarse a las personas, especialmente a los enfermos y más vulnerables. En la actitud de Fidel Castro durante la epidemia de dengue y huracanes tiene una guía de enfrentamiento a los problemas, aunque ya no basta con acompañar a los cubanos en su dolor, sino buscar soluciones y, cuando no las tenga, explicarlos, decirlo. Y evitar todo cursilería ñoña de los burócratas comunistas sobre la jama y los apagones que están llamando a las puertas.

Aliarse con la casta verde oliva, haciendo yunta con Manuel Marrero Cruz, y tender puentes con la Iglesia Católica para generar un diálogo permanente que el aparato ideológico del partido no pueda sabotear y si lo hiciera, mandar a la Empresa Consolidada de Otras Tareas Revolucionarias (ECOTRA) a quienes se presten a la camancola de Machado Ventura y sus dinosaurios.

La alianza con Marrero Cruz es importante, no solo porque sea el centinela de la casta verde oliva, sino porque juagará ser el hombre de España y la Unión Europea, vía Meliá, una empresa española con notable presencia en Cuba y que lo ha mimado y formado como tecnócrata, desde su etapa holguinera.

La UE sabe que -llegado el caso- podría contar con el primer ministro de Cuba, de ahí que resulte vital para Díaz-Canel establecer un vínculo propio con Bruselas, que haga de contrapeso a la Casa Blanca y viceversa. El presidente sabe que en la jubilación menesterosa y a veces injusta, habitan expertos en las relaciones con Estados Unidos, solo es cuestión que pregunte a Ramiro Valdés o Germán Barreiro Caramés, por ejemplo.

Ordenar que cese la persecución a opositores, activistas y periodistas independientes porque la realidad cubana es tan dura y se pondrá peor, una vez que el compañero Maduro, tocado emocionalmente por el accidente vascular encefálico de su mujer, y acorralado, salga al exilio junto a otros 39 jerarcas chavistas o protagonice Noriega segundo round porque ya los países de la región y Moscú se han hartado del destrozo de Venezuela y andan implorando a Donald Trump que arregle eso.

¡Que continente más fallido es América Latina, que al final siempre necesita de la intervención norteamericana para arreglar sus problemas!, como el generado por el numeroso y creciente exilio venezolano desperdigado por varios países. ¡Que desastre es el comunismo que es capaz de dejar sin gasolina al país con las mayores reservas de petróleo del mundo!

Ramiro Valdés Menéndez es el mejor antídoto para el compañero Machadito, que intentará usar la crisis del coronavirus para prolongarse en el poder e ir moviendo sus peones, como hace ahora con Roberto Morales Ojeda, al que intentó promover a Primer Ministro, pero su cuate le cortó el paso.

Ramiro Valdés /  Foto: Granma - Endrys Correa Vaillant

Ver al comandante de la revolución que mejor se mantiene física y mentalmente, coordinando la fabricación de respiradores artificiales criollos, es la constatación de que Díaz-Canel vive bajo el fuego cruzado de los grupos de intereses del tardocastrismo, posicionándose de cara a la jubilación de Raúl Castro, al que deben acompañar Machado Ventura, el propio Ramiro Valdés y los guardias viejos, para que despejen el camino a los cincuentones.

Pero el despeje de varones históricos no se consigue en los espacios de periódicos, radios y televisiones anticubanos que paga el partido comunista, sino cambiando todo lo que deba ser cambiado y generando un consenso de mínimos con la oligarquía de GAESA, la curia católica, la oposición, los movimientos sociales no adscritos al oficialismo y la prensa independiente y abandonar toda tentación putinesca.

Luis Alberto Rodríguez López-Calleja / Foto: Cubanet

El castrismo nació en el Moncada, navegó en el Granma y bajó de la Sierra Maestra; no lo llevó el Ejército Rojo y basta que el presidente invite a un te negro al Primer Secretario del Comité Central del PCC para que sepa cómo fue de verdad la generosa y desinteresada ayuda de la URSS.

Díaz-Canel falla no cuidando a sus ministros, tolerar que los de las FAR e Interior no hayan dado ni una sola vez la cara en medio del coronavirus y dejando sin gardeo a Bruno Rodríguez, que se está preservando cual mirlo blanco para la hora de los mameyes; asumiendo un bajo perfil -salvo cuando tiene que salir corriendo a reiterar que los juegos con las drogas son pecados de cuando el iba al preuniversitario- y apoyado en una corriente soterrada de gays y lesbianas, que nació en tiempos de Roberto Robaina González y ya está infiltrada a babor y estribor del régimen.

Monseñor Emilio Aranguren Echeverría / Foto: Captura de video de YouTube

Monseñor Emilio Aranguren Echeverría, Obispo de Holguín y presidente de la Conferencia de Obispos Católicos (COC), es quizá el más político de los jerarcas de la Iglesia y el presidente debía convocarlo a una sarta de rabirrubias en Isabela de Sagua, -ambos son villaclareños- antes que el Vaticano apruebe su traslado al Obispado de Santiago de Cuba, con peso específico dentro de la curia cubana.

Ambos presidentes deben intentar corregir la tendencia antigua de que los problemas de Cuba siempre pasan por Roma y el Estados Unidos, que pueden ser aliados estratégicos, pero no suplantar el diálogo entre cubanos de sotana, uniformes verde oliva y guayaberas.

Pero ese diálogo a tres bandas estaría incompleto si no incluye a la oposición y la emigración cubanas, no con maniobras inútiles de reuniones con mansos gusañeros que iba a perpetrar Bruno Rodríguez y su tropa este mes para pedir el levantamiento del embargo estaodunidense o la vuelta al estatus Obama y que los muñequitos de la Dirección de Inteligencia matraqueen a los emigrados más proclives a portarse bien, a cambio de pequeñas migajas como medida vista gorda en aduanas, resolver problemas de salud y administrativos de sus familiares en Cuba, etcétera.

Lis Cuesta Pereza / Foto: Facebook Frank Peres

La dulce Lis Cuesta, tan vituperada porque no viste de Zara o Coco Chanel y ser gruesa y bajita como muchas cubanas y cubanos, debía seguir pastoreando a los intelectuales, incluso los orgánicos de 100 CUC mensuales, y proteger -como hizo en Holguín- a los jóvenes, incluidos opositores y activistas como Luis Manuel Otero Alcántara, de las iras de los compañeros Susely Morfa, Iroel Sánchez, Abel Prieto, Alpidio Alonso Grau y Yusuan Palacios, entre otros simuladores de la baba sin quimbombó.

Luis Manuel Otero Alcántara / Facebook

Aún así, la incógnita que sobrevuela todo el Instagram cubano con Miguel Díaz-Canel Bermúdez y Raúl Castro Ruz abrazados en la portada de Granma implica saber que piensan -de verdad- el empresariado civil estatal y los dirigentes de base; esos caciques templadores de fuego que -desde el Período Especial en Tiempos de Paz- llevan amasando fortunas y repartiendo cariñitos entre la muchedumbre que aguarda una lluvia de café en el campo.

Y, sobre todo, mostrar especial sensibilidad en la adversa coyuntura, evitando propuestas descabelladas como aplausos diarios a la policía -que solo cumple con su trabajo- en medio de la conmoción por la supuesta violación de dos niñas habaneras a manos de miembros de la PNR. Cuando la Magdalena no está para tafetanes, los gobiernos debían evitar la impudicia, aún cuando pretendan hacernos creer que ha sido propuesta de la masa.

Los aplausos a los sanitarios cubanos son más que merecidos, pero si Díaz-Canel pretende ampliar la nómina de aplaudidos, lo tiene fácil: Que ordena aplaudir al noble y empobrecido pueblo cubano, que ya siquiera consigue explicarse qué habrá mal hecho para merecer tanto castigo, amargura y extravío.

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Carlos Cabrera Perez

Periodista de CiberCuba. Ha trabajado en Granma Internacional, Prensa Latina, Corresponsalías agencias IPS y EFE en La Habana. Director Tierras del Duero y Sierra Madrileña en España.

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