Escasez de comida en Santiago de Cuba Foto © CiberCuba / José Roberto Loo Vázquez

En Santiago de Cuba la escasez de alimentos preocupa tanto como el coronavirus

Encontrar comida se ha convertido en la prioridad de muchos santiagueros que por estos días confiesan, quizás incompresiblemente para quienes viven en naciones muy afectadas por COVID-19, que están más preocupados por la escasez que se acrecienta que por la propia enfermedad.

Quizás varios días sin nuevos casos reportados en los partes oficiales que transmite la televisión cubana han provocado un relajamiento en la percepción del riesgo, eso y que los almacenes hogareños comienzan a resentirse luego de varios días de aislamiento social.

La escasez dificulta que pueda mantenerse la necesaria distancia social / CiberCuba - José Roberto Loo Vázquez

En medio de un clima de mucha incertidumbre, de rumores que se esparcen muy rápido y que señalan un regreso de los duros años 90 del pasado siglo, y de productos que se desaparecen de las tiendas como por arte de magia, como el aceite que de estar reinando en los estantes ahora se vuelve resbaloso, la preocupación se convierte en faro de la cotidianidad de no pocos santiagueros.

En las tiendas se agotan los productos / CiberCuba - José Roberto Loo Vázquez

Desde su morada en la calle Enramadas, la arteria más populosa de toda la urbe, Jesús ve el palpitar de la ciudad. Normalmente no se sienta en su portal, le molesta no tener privacidad con tanto ir y venir de gente.

Sin embargo, desde que comenzó el aislamiento social en Santiago de Cuba, por momentos la famosa vía se queda desolada, y es entonces que él retoma el viejo placer de estar en la parte delantera de su hogar.

Calle Enramadas en Santiago de Cuba / CiberCuba - José Roberto Loo Vázquez

“A veces hay muchas personas, como si no pasara nada, pero no es todo el tiempo. Lo nuevo por estos días es que, a diferencia de antes de la cuarentena, la gente anda como loca, como hormigas locas, buscando comida, o pasta de diente o jabón. Antes veías personas yendo a su trabajo o regresando a sus casas, pero ahora todo es comida, desodorante o pasta de diente”, comenta.

La rutina, entonces, de quienes desafían las orientaciones de estar en casa incluye ir a los grandes mercados de la urbe, a las tiendas alejadas o caras, o utilizar cuanto recurso esté disponible para agenciarse algo de cárnico, viandas, o aseo personal, fundamentalmente desodorante o pasta de diente; o luchar con la tienda virtual, más desabastecida que sus hermanas mayores, y cuyos pedidos pueden sobrepasar fácilmente los 15 días de espera antes de ser recibidos.

Dos cubanos trasladan carne de cerdo en una carretilla / CiberCuba - José Roberto Loo Vázquez

La triste realidad de conformarse con lo que uno encuentre en la calle y mercados desprovistos de alimentos lacera a la familia santiaguera y hace especialmente vulnerables a unas personas más que otras.

“Hasta el municipio de Guamá se fue mi esposo a buscarle malanga al niño. Con siete meses está en el momento en que se le da puré, que básicamente es malanga y pollo. Este último, gracias a una amistad que trabaja en un lugar que por razones obvias ni te diré dónde es, es que resolvemos el pollo para el puré del niño, sino estaría embarcado mi bebé”, explica una madre del reparto Sueño.

Mercados desabastecidos en Santiago de Cuba / CiberCuba - José Roberto Loo Vázquez

Similar situación padece las personas de la tercera edad que por razones del calendario a veces rechazan comer arroz, por ejemplo, y prefieren las sopas, cremas o puré.

“Ya desistí de buscarle pollo y malanga y calabaza a mi mamá”, comenta una profesora; “tiene noventa años, no le gusta comer arroz, por eso come puré. ¿La solución? Como se hacía en los años 90, batirle el arroz con todo lo que se encuentre y hacerle un puré, así resolvimos en el período especial y parece que tenemos que desempolvar esos viejos recursos”, añade.

Por varios días, una cifra que no resulta sencilla memorizar, los mercados de la ciudad se encuentran desabastecidos de viandas y vegetales, y cuando sacan, es como versionar viejas películas inspiradas en los romanos, donde sobrevivir en una cola es como estar en la arena del coliseo, y todo es cuestión de vida o muerte.

Mercados en Santiago de Cuba / CiberCuba - José Roberto Loo Vázquez

“Tengo mellizas, las dos en la etapa de comenzar a introducirles alimentos, ¿pero qué alimentos si no aparecen? Tengo una hermana que me manda dinero desde afuera, ella no tiene hijos y se ha ocupado de las mías como si fueran propias, por eso puedo tener de todo lo que pueda comprar y el dinero no es un problema. Dicen que solo puede salir una persona, o es lo que recomiendan, pero es que a la vez en las tiendas te dan uno o cuando más dos productos por persona, ¿voy a tener que cargar con una foto de mis gemelas para explicar que necesito todo multiplicado por dos?”, comenta Ramón.

Largas colas en Santiago de Cuba / CiberCuba - José Roberto Loo Vázquez

A decir de este joven, “ni con dinero se encuentran fácilmente las cosas. Sacaron pampers y tuvimos que correr a comprar varios, varias veces, y varias personas, yo decía que si nos cogían nos acusaban de acaparadores. Pasó lo mismo con las toallas húmedas, una amistad nos guardó varios paquetes en un lugar que mejor ni menciono. Entré a un almacén que me pasaron y había tres cajas, todas estaban en bolsos con nombre y apellidos, no salieron a la venta. Me dijeron que para que acapararan merolicos y revendedores, mejor a las personas que verdaderamente las necesitaban. Luego las vi a 5 CUC, el mismo paquete por el que no pagué más de dos. Y así con otras cosas. No te cuento con la malanga porque si te digo que tuve que ir a otros municipios, en plural, ni me creerías, gracias a mi suegra que fue a un lugar trabajando y le resolvieron un saco de malanga, que picamos y congelamos, y ni decirte de la épica batalla para comprar carne de res en Cubalse. En fin, criar un niño en estos días es duro no solo por el cornavirus, que impone que nadie vaya a darte una mano, sino por la escasez, y mi generación, nuestra generación, no pensó que tendríamos que revivir viejos males y viejas soluciones”.

Criar un niño en estos días es duro no solo por el cornavirus, que impone que nadie vaya a darte una mano, sino por la escasez, y mi generación, nuestra generación, no pensó que tendríamos que revivir viejos males y viejas soluciones

Hay una tienda en CUC, en la ciudad de Santiago de Cuba, que cuando en la tarde llega el camión con cárnicos, activa un complejo mecanismo en la comunidad cercana: dormir haciendo colas, hacer una lista de personas que comprarán, marcar varias veces…

Colas para comprar comida en Santiago de Cuba / CiberCuba - José Roberto Loo Vázquez

A los vecinos de un mercadito del reparto 30 de Noviembre se les avisó que sacarían al otro día plátano burro, o fongo como se le dice aquí, calabaza y tomate. Bastó que la noticia llegara a oídos de la comunidad para que al otro día amanecieran en la puerta antes de que abrieran la instalación. Eso sí, todo estaba organizado, más de un metro de separación, pero aquello era como la etapa posterior a una guerra mundial: la mercancía estaba repartida.

Las mismas personas retomaron un viejo mecanismo de los años 90: el preticket. Se trata de que los vecinos organizaron una cola la noche anterior, ya sabían el lugar que tenían.

Así, con los números anotados en un papel y una lista de por medio, se posicionaron la mañana siguiente para recibir el ticket original que le entregaba un personal de la seguridad. Ellos usaron los pretickets para organizar la cola de los tickets.

Cola en una tienda en Santiago de Cuba / CiberCuba - José Roberto Loo Vázquez

La Empresa de Acopio de Santiago de Cuba anunció que se regularía a 15 libras por persona la venta de productos agrícolas, medida que se agradece para evitar el acaparamiento… pero, ¿dónde están los famosos frutos de las plantas?

Las noticias de la venta de módulos alimenticios al personal de la salud, a los centros de trabajo para aquellos que están laborando, su repartición a las personas y zonas vulnerables, todas son iniciativas que reciben el aplauso, pero ¿dónde están los que debieran venderse a las demás personas?

“Llegan, pero son pocos e igual provoca aglomeraciones, y a veces no es lo que buscas o necesitas. Me empaté con uno donde no podía revisar lo que tenía, y me colaron algunos «fongos» malos, me empaté con otro que sólo era cañandonga y par de mangos, pero todo hay que cogerlo, algo hay que llevar a la casa. Pero igual, no evitan las aglomeraciones, no resuelven y eso es si con suerte te empatas con ellos”, dice Rafael vecino de Barnada.

Aglomeraciones en Cuba para comprar comida en medio de la pandemia / CiberCuba - José Roberto Loo Vázquez

Por el día de las madres, en la ciudad de Santiago de Cuba se organizó una «Gran Feria desde la comunidad» del 9 al 12 de mayo, un paliativo a la escasez que se ensañaba con la Ciudad Héroe. Se haría tomando en cuenta las medidas de aislamiento para prevenir la propagación de Covid 19. Se rumoraba de camiones cargados de comida que entraban a la urbe…

Al menos el primer día muchos se quedaron esperando los famosos camiones, como quien ve avanzar el mes de mayo y no huele la lluvia fresca. Tocaría salir el domingo Día de las Madres otra vez a hacer colas.

Radio bemba nunca fue más útil que en estos días. Mejor dicho, radio bemba 2.0 pues en la era de Internet la ciudadanía toma cartas en el asunto y se organiza en espacios digitales.

Con una tienda virtual desabastecida e intermitente en su funcionamiento, con aplicaciones como «Donde hay» que no resultan erráticas en su funcionamiento, se impone la vieja característica de los cubanos: el invento.

Personas aguardan de madrugada para poder entrar a una tienda / CiberCuba - José Roberto Loo Vázquez

“Estos son días de invento. Tengo un vecino que no sé de dónde saca las cosas pero el avisa a la gente «confiable» y compramos tomate, col y hasta carne a precios que ni te cuento, pero no hay de otra. Él sabe a quién avisarle, hay mucho miedo porque están decomisando productos, haciendo operativos, y la gente tiene miedo a vender. Si te conocen te venden, pero a precios altos. Pero es eso o luchar a brazo «partío» en una cola”, comenta Carmen vecina del Centro de la Ciudad, quien agradece el comercio «undergroud».

Muchos han visto el santo grial de las soluciones, o al menos de la optimización del tiempo, en diferentes comunidades que se han creado en WhatsApp, Telegram o Facebook, donde las personas solidariamente comparten lo que encuentran en las tiendas o simplemente preguntan «Dónde hay…».

Otros aprovechan la coyuntura de la actual escasez y aun así sacan dividendos.

“He visto que en Facebook se promocionan unos módulos de alimentos, algunos particulares, parece que se inspiraron en la idea de «vender por módulos» pero a precios que ni te cuento, el más barato lo vi en 40 CUC, tenía 10 libras de cerdo, 5 de ovejo, viandas, ensaladas, condimento, arroz… el más caro, lo vi en 80. Algunos aceptan pago por Paypal”, dice Carmen pero añade “esas no son opciones para el cubano de a pie, evidentemente”.

El peligro de contagio por el nuevo coronavirus es real y existe. Sin embargo, en una ciudad donde hasta las latas de atún de casi 9 CUC desaparecen de las tiendas, y donde hasta el aceite que coronaba los establecimientos ahora comienza a ausentarse, las personas se preocupan tanto –o más– por el desabastecimiento y los rumores de un recrudecimiento de la escasez.

En medio de un clima donde de manera oficial no hay nuevos casos de Covid 19 en la provincia, hasta los más temerosos se envalentonan y salen a las calles a ver qué consiguen.

No hay otra. Si no estás en la calle, ni te enteras de lo que hay en las tiendas, mercados… Si no tienes amistades, si no hablas, si no te mueves, si no te multiplicas en mil, simplemente no consigues.

No es que la ciudad esté llena de personas locas, tampoco que no tengan percepción del riesgo, al menos no es toda la población. Es que a veces el miedo a no tener, o padecer, a revivir viejas épocas, es más fuerte de lo que muchos imaginan.

Videos sobre el coronavirus en Cuba


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José Roberto Loo Vázquez

Periodista de graduación, y fotógrafo de pasión, dos historias que se entremezclan y atrevidamente me hacen llamarme fotoreportero. Si sumamos mi amor, por la ciudad de Santiago de Cuba, no es difícil entender mi preferencia: fotoreportero que gusta resaltar su urbe natal, la “tierra caliente”.

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