Televisión y MININT provocan lista de espera en las cárceles de Cuba

El gobierno de Miguel Díaz-Canel Bermúdez corre el riesgo de pasar a la historia como el más ñoño de Cuba como siga gastando dinero y energías en esfuerzos baldíos que únicamente generan la carcajada mundial y la repulsa de los cubanos reprimidos y empobrecidos por el comunismo de compadres.

¿A quién se le ha ocurrido la soberana estupidez de ese publirreportaje sobre las cárceles de Cuba?, que podría provocar una arribazón masiva de delincuentes del mundo deseosos de alojarse en el Combinado del Este Resort, en Kilo 5 estrellas, Canaleta Village o Boniato Paradise.

¿No queda nadie sensato en el gobierno y el partido comunista cubanos que se oponga razonadamente a estas ocurrencias de ridículo mundial y que ofenden la sensibilidad de cubanos que hayan estado presos, de familias con parientes encarcelados y de cubanos que viven en infraviviendas peores que las cárceles Made in TV MININT?

Ya sabemos que La Habana tiene miedo de la reacción europea a sus continuos atropellos de los derechos humanos de los cubanos y que ONU, a través de Michelle Bachelet, ha dicho a Bruno Rodríguez que el decreto Ley 370 es inaceptable para el mundo democrático.

Los bobos solemnes que habitan en el anticastrismo mediático no paran de darles alegrías a la dictadura cubana, con sus críticas a Bachelet, incluidas sus referencias a su estancia en la RDA, tras salir de Chile, después que el dictador Pinochet ordenó matar a su padre.

Cuba firmó en 2008, en una operación de Raúl Castro para ganar tiempo político, los Pactos sobre derechos Humanos y Civiles de Naciones Unidas, pero sigue sin ratificarlos, 12 años después.

¿Si las cárceles cubanas son tan maravillosas, qué sentido tiene premiar a los delincuentes y opositores políticos con estancias gratis en tan magníficas instalaciones?

Las cárceles son instituciones represivas en todo el mundo y a ellas van los ciudadanos que infringen la ley que, en el caso cubano, abarca a unos 120 presos por causas políticas, que nunca debían haber pisado esos hoteles de lujo, excepto los condenados por terrorismo.

El sheriff de Maricopa, Joe Arpaio, en Estados Unidos, es mundialmente célebre por el rigor que emplea contra delincuentes y malhechores en las cárceles de su condado; y nadie ha criticado su gestión, al contrario. Pero ahora aparecen los realizadores de Instituciones Penitenciarias de Cuba y se ponen a cantar a la rueda, rueda de pan y canela, dame un besito y vete pa la granja, si no quieres ir, acuéstate a dormir.

De las condiciones y dureza de las cárceles cubanas abundan los testimonios estremecedores, desde la época de Pedro Luis Boitiel hasta la reciente excarcelación de José Daniel Ferrer.

Pero incluso, admitamos que Boitiel y Zapata se suicidaron porque no soportaban tanta belleza y comodidad, mientras sus hermanos padecían la OFICODA; admitamos que Ferrer es un tramposo violento; ¿porqué Hubert Matos y Mario Chanes de Armas cumplieron íntegramente sus largas condenas; pese a que no cometieron delitos de rebelión armada, como los moncadistas, amnistiados por Fulgencio Batista en 1955?

¿Cómo es posible que René Gómez Manzano y otros presos políticos no pudieran comer pollo en el aparthotel Valle Grande (es un decir) hasta que los cinco espías no contaron en la campaña mediática por su liberación detalles de su balanceada alimentación?

Los televidentes cubanos debían movilizarse y bloquear la entrada al ICRT para persuadir al gobierno ocurrente que siga bromeando con cosas terribles y queriendo desplazar a Pánfilo y su Vivir del cuento del hit parade del humor.

Cuba no está para bromas pesadas ni para ocurrencias de guatacas infladores; sino para una reconciliación nacional que combine el goce de la discrepancia política y una economía dinámica con el máximo rigor frente a la delincuencia; mientras tanto, seguirá siendo una prisión flotante de 110 mil 922 kilómetros, abundancia de exiliados, inxiliados, colas y marabú.

La responsabilidad no es únicamente de dirigentes comunistas, ministros y burócratas; sino también de una ética periodística ausente que propicia el divorcio creciente con el público azorado por la abundancia de comida en el noticiero, las escaramuzas de la anticubana Mesa Redonda y esa nueva onda de publirreportajes sobre toallas en forma de cisnes cheos que deslucen el trabajo de los compañeros de la Industria Ligera y su combate contra el bloqueo.

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Carlos Cabrera Perez

Periodista de CiberCuba. Ha trabajado en Granma Internacional, Prensa Latina, Corresponsalías agencias IPS y EFE en La Habana. Director Tierras del Duero y Sierra Madrileña en España.

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