Jorge Dezcallar de Mazarredo, Embajador de España Foto © Cortesía del entrevistado

Jorge Dezcallar: La Inteligencia cubana no es un reto para España

Jorge Dezcallar de Mazarredo (Palma de Mallorca, 1945). Nació en una isla española del Mediterráneo cuando Europa derrotaba al nazismo, y Washigton y Moscú ordenaban el mundo en esferas de influencia mutua que perduraron hasta la caída del Muro de Berlín y la desaparición de la URSS.

Diplomático de carrera, ha sido embajador en sitios claves para los intereses de España: Marruecos, Estados Unidos y la Santa Sede; destinos que le han permitido completar su visión del siglo XX y prever los retos de la democracia en la centuria que se inauguró con el Efecto 2000 y, en sus primeras dos décadas, ya afronta pandemia de coronavirus, migraciones de pobres hacia el mundo rico, refugiados por causas climáticas y terrorismo islamista radical, entre otros.

José María Aznar lo nombró responsable de los servicios secretos españoles; responsabilidad de la que es remiso a hablar por las servidumbres del cargo y por su proverbial prudencia a la hora de comentar públicamente asuntos de Estado, aunque sonrió al valorar el desempeño de la Inteligencia cubana en España, donde se esfuerza en vigilar a emigrados y el espionaje económico.

Conversar con el embajador Dezcallar siempre resulta grato porque manejas las ideas con el rigor de un diplomático de los pies a la cabeza y la sabiduría de los isleños, expertos en burlar la circunstancia del agua por todas partes; aunque sabe que su Mediterráneo natal debe ser una mar de encuentro con los vecinos del Magreb y nunca una galerna.

¿Han sido los servicios de Inteligencia cubanos un reto para España o se exagera, como parte de la mitificación del castrismo? Si pudiera, cuéntenos alguna anécdota o detalle revelable de su época como Director del CNI.

Nunca he pensado que los servicios de Inteligencia de Cuba fueran "un reto" para España. Los conocemos bastante bien. No revelo ningún secreto si digo que son muy activos y sus intereses se centran sobre todo, pero no sólo, en las actividades de sus compatriotas y en el espionaje económico/comercial.

Pero eso no les convierte en un reto. Sobre anécdotas de mi época como Secretario de Estado-Director del CNI... Tengo muchas pero lo siento, de esas cosas no hablo.

¿Cómo prevé que será, desde el punto de vista geopolítico, el mundo postcoronavirus?

Muy diferente en el sentido de que más que cambios asistiremos a una aceleración de las tendencias ya perceptibles en la geopolítica mundial: el centro económico del planeta se seguirá desplazando hacia la cuenca del Indo-Pacifico, finalizará el orden multipolar que se inició en 1945 con las conferencias de San Francisco y Bretton Woods, entre otras.Y le sustituirá un mundo multipolar con reglas confusas, instituciones débiles, con proteccionismo y guerras comerciales y tecnológicas.

Un mundo en el que el pez grande se comerá al chico mientras proseguirá el calentamiento global, y aumentarán las diferencias entre ricos y pobres. Un mundo antipático que no acaba de nacer mientras el viejo no acaba de morir, como decía Claudio Magris. Es la hora de los monstruos.

¿Tendrá Occidente opciones de coliderar un reordenamiento de las esferas de influencia, desdibujadas con la caída del Muro de Berlín y por la Primavera Árabe?

Sin duda. Europa está atravesando una crisis profunda, igual que los Estados Unidos de Donald Trump. Pero entre ambos siguen teniendo la mitad del PIB mundial y la mitad del comercio mundial.

Occidente ya no puede imponer las normas, como hacía antes, pero eso no quiere decir que no siga siendo el actor de más peso en el mundo multipolar que se avecina. El presupuesto militar de los EEUU es superior al conjunto de los diez países que le siguen y ahí están China, Rusia, India, Arabia Saudita.

Y por ahora también el soft power occidental resulta imbatible en el mundo. Occidente no dictará ya las reglas pero seguirá siendo determinante en la configuración de la nueva geopolítica.

Pareciera que la epidemia de coronavirus ha paralizado el terrorismo de origen islámico y radical; ¿cuál es su evaluación de ese desafío?

El terrorismo islamista está resurgiendo. La pandemia ha llevado a la retirada de muchas de las fuerzas de la coalición que combaten al Estado Islámico en Siria e Irak y se observa un resurgir de pequeñas células combatientes que se habían camuflado en las arenas del desierto.

Ha habido casi el doble de incidentes en los primeros seis meses de 2020 con respecto al mismo período del año pasado. Se ha incrementado mucho también la actividad islamista en las redes sociales con fines de propaganda, para reclutar adeptos, instruir en el manejo de explosivos y animar a la comisión de atentados.

También se observa una extensión del problema hacia zonas tan alejadas como Filipinas o el Sahel (Malí, Níger, Burkina Fasso, Nígeria, Camerún). Es un terrorismo fanático que responde a ideas (todo lo descerebradas que se quiera) y las ideas no se matan a cañonazos.

Son los musulmanes los que un día acabarán con el terrorismo islamista, pero ese día aún está lejos. Lo que podemos hacer nosotros mientras tanto es dificultar tanto cono sea posible la comisión de atentados. Impedirlos completamente es imposible y ese es también parte del precio de vivir en libertad y no en estados policíacos al estilo de la distopía de Orwell.

Los socios del actual gobierno de España mantienen una disputa por el control del Centro Nacional de Inteligencia (CNI). ¿Sería deseable una ley que blinde al CNI y a las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado español de los vaivenes y ambiciones políticas de coyunturas y partidos?

El CNI es un servicio del Estado y no del gobierno, aunque deba lealtad al gobierno de turno que fija anualmente sus objetivos que luego tienen control parlamentario, igual que sus actuaciones están sometidas a control judicial.

El CNI se rige por la Ley Reguladora del Centro Nacional de Inteligencia y la Ley Orgánica que regula el control judicial de sus actividades que fueron aprobadas por el Congreso de los Diputados el 6 de Mayo de 2002 con un respaldo del 96%.

No hace falta "blindar" nada. Basta con que cada uno cumpla sus obligaciones.

El Magreb continúa generando retos para España, usted fue embajador en Marruecos ¿Cómo debería actuar Madrid frente a esos desafíos?

Todos los gobiernos de España prestan mucha atención a los vecinos magrebíes, con los que mantenemos estrechas relaciones de todo tipo: Políticas, humanas, comerciales y también en el ámbito de la seguridad.

A España le interesa un Magreb económicamente desarrollado porque eso traerá estabilidad política y bienestar social a la región. Por eso nuestras relaciones económicas son muy fuertes tanto con Marruecos (primer socio comercial) como con Argelia, de donde importamos grandes cantidades de gas y petróleo.

Nos gustaría una mayor integración entre los países del Magreb y por eso tratamos de ayudar a superar el principal obstáculo a esa integración que es la persistencia de un conflicto en el Sahara Occidental.

Usted asistió en primera línea al empeño del presidente Aznar de forjar una alianza estratégica con Estados Unidos, por vez primera en la historia de España. ¿Cómo recuerda aquel esfuerzo y que significó para los españoles?

El presidente Aznar tenia una visión clara sobre dónde quería ver a España en un plazo de 10 a 15 años. Tenía ambición. Y Toni Blair le dijo que un acercamiento a los EEUU podría favorecer esa ambición.

A mi juicio fue una política equivocada por dos razones: Porque su coste fue muy alto (Irak) y porque los intereses de España no se alinean con los de otro país periférico en Europa, como es el Reino Unido, y menos aún con los Estados Unidos.

El futuro de España está en Europa y en alinearse (con condiciones) a su núcleo duro que es el eje franco-alemán. Lo hemos visto una vez más en el último Consejo Europeo del 20 de julio que ha salido muy bien para nosotros.

¿Que elementos debía contener la política exterior para que España tenga el peso que le corresponde por historia, posición geográfica y desempeño económico?

Para tener política exterior hacen falta tres condiciones, como me dijo Hillary Clinton cuando ella era secretaria de Estado de Obama y yo embajador en los Estados Unidos: Instituciones fuertes, economía sólida e ideas claras. Estoy de acuerdo. Con esas condiciones todo es posible. Pero no siempre se reúnen.

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Carlos Cabrera Perez

Periodista de CiberCuba. Ha trabajado en Granma Internacional, Prensa Latina, Corresponsalías agencias IPS y EFE en La Habana. Director Tierras del Duero y Sierra Madrileña en España.

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