Susana Pérez Foto © Facebook / Susana Pérez

El pecado de Susana Pérez

Contaba el cómico Álvarez Guedes el chiste aquel de un político republicano de Cuba que apoyaba a un candidato diferente al que había defendido cuatro años antes y trató de explicarlo con una pregunta retórica de por qué lo hacía, cuando alguien desde el público le gritó: Porque te vendiste, hijo de puta.

Santo y seña de la huella totalitaria que el castrismo ha reforzado convenientemente por su prolongación sexagenaria para agonía de Cuba, que sigue yendo en dos bandos, como si en ellos le fuera la vida.

Susana Pérez no ha matado a nadie ni cometido delito alguno, solo ha alquilado su voz para un anuncio de un político democrático, que debe examinarse ante el electorado en noviembre próximo. Ah, pero como se trata de Donald Trump; ya han saltado los muyahidines del Caribe para intentar degollar a la actriz.

Un cubano ha tirado de manual del KGB y ha desempolvado la voz de Susana recitando un poema a Ernesto Guevara, otro cubano la ha llamado indigna, tras confesar que se había enamorado platónicamente de aquellos ojos verdes que veía en la pantalla de su televisor.

Una pena que esa desmemoria selectiva haya impedido que junto al poema guevariano leído por la actriz y el desencanto personal, no hayan encontrado a todos esos artistas e intelectuales que han apoyado fusilamientos de cubanos desde 1959 hasta 2003; incluidos algunos que ahora son más trumpistas que Trump.

Si Susana Pérez se hubiera negado a poner voz a un poema en homenaje al Che Guevara habría pagado las consecuencias y, si lo hizo, porque en aquel momento admiraba al guerrillero argentino, es su derecho; como lo es el haber cambiado de opinión sobre la revolución y sus dirigentes.

Los cubanos simpatizantes de Donald Trump han cerrado filas con la actriz atacada por hacer un trabajo y, los más exaltados, han atacado -a su vez- a los agresores de Susana Pérez, que debe sentirse superada con todo este lío provocado por la excesiva polarización que padece Cuba.

Quizá sería oportuno que asumamos que los problemas de Cuba, cuantiosos y considerables, conciernen a todos los cubanos y que no debemos esperar nada de ningún mandatario extranjero excepto solidaridad, porque los intereses geopolíticos de estados extranjeros no tienen porque coincidir con los de la emigración y la oposición de un tercer país.

Los ataques y defensas de Susana Pérez duelen porque confirman la deriva totalitaria de discursos opuestos en los político, pero unidos en su raíz totalitaria, en su proyección y en su persistencia en descalificar al adversario, especialidad castrista que intenta reducir a sus opositores a vulgares delincuentes y vendepatrias al servicio del imperio, pero no debatir sus propuestas e ideas.

Susana Pérez solo debe ser valorada como actriz y como ciudadana con valores cívicos; su postura política, si fuera este el caso, es solo asunto de su incumbencia y su voto no mejora ni disminuye sus cualidades dramáticas y humanas.

Un cubano en Estados Unidos que no vote y critique a Donald Trump no es comunista ni socialista; simplemente es un ciudadano que ejerce su libertad; un cubano en Estados Unidos que vote y apoye a Donald Trump no es fascista ni anticubano; simplemente otro ciudadano que también ejerce su libertad.

El adversario no es Susana Pérez ni quienes critican y defienden el alquiler de su voz en dólares para un anuncio pagado de una campaña política democrática. El adversario de todos los cubanos es el tardocastrismo; incluso de aquellos que día a día repiten discursos y consignas oficiales sin que estén fingiendo porque ellos también son víctimas de la pobreza y del escarnio comunista.

Una pena que mientras la casta verde oliva violenta a la mayoría de los cubanos con el atraco de las tiendas en dólares, caras para el bolsillo de los empobrecidos y escasa de variedad de productos y géneros; unos se dediquen a atacar a una actriz valiosa y otros a defenderla, atacando -a su vez- a quienes la agreden.

La patria y la nación son espacios de encuentro; no de trifulca ruidosa y estéril que solo ha inundado a Cuba de melancolía y a sus hijos de extravío, dolor, rabia e impotencia.

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Carlos Cabrera Perez

Periodista de CiberCuba. Ha trabajado en Granma Internacional, Prensa Latina, Corresponsalías agencias IPS y EFE en La Habana. Director Tierras del Duero y Sierra Madrileña en España.

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