Saltadora cubana Yargelis Savigne Foto © Ecured

Yargelis Savigne sueña con ser una gran entrenadora como Iván Pedroso y Milán Matos

Hay deportistas que cuando los ves te dices: ¡Ese llega lejos! por sus magníficas condiciones físicas, exacto biotipo para el deporte del que se trate, carácter voluntarioso y sin presión en los momentos clave.

Mi interlocutora de hoy no es esa atleta que impone por su presencia, todo lo contrario, solo un metro 65 centímetros de estatura, me atrevo a asegurar que por lo general era la más pequeña entre sus rivales pero… ¡esa voluntad de campeona, esa explosividad, ese carácter!, más su innata elasticidad, la llevaron a podios mundiales y olímpicos.

La panterita del Guaso, Yargelis Savigne, dispuesta como hizo durante su carrera, obtuviera un título o no lograra su mejor labor, responde mis preguntas.

Estás en Panamá, ¿qué haces en estos momentos?

Un amigo de la vieja guardia me ofreció pasar un curso de nivel uno de la IAAF, que ahora es conocida como Word Athletic, y le acepté su ayuda.

Es cuando vengo a estudiar a Panamá y por mi desempeño en el curso, al haber aprobado con una de las notas más sobresalientes, recibo la noticia de una oferta de trabajo y… ¡la acepté!

En estos momentos sigo en el istmo trabajando con las categorías sub 14 y sub 16, poniendo en práctica todo lo que aprendí con uno de los mejores entrenadores del mundo, Milán Matos León, y estoy feliz, realizada. 

¿Qué pasó cuando pasaste al retiro? ¿No pudiste ser entrenadora en Cuba?

Recuerda que yo traté de regresar como atleta en activo tras tener a mi bebé y entrené con las discípulas de mi compañera Mabel Gay y 'El Chispa' Yoelbi Quesada, pero me seguían persiguiendo viejas lesiones, amén de haber estado ausente en el deporte por dos años.

Tal situación me impedía avanzar y, con el dolor de mi alma, me retiré definitivamente. No había plazas disponibles como entrenadora ni me sentía con la suficiente experiencia para preparar a atletas del equipo nacional.

Fue así que empecé a trabajar en el Combinado Deportivo de la Habana del Este, desde donde viajo a Panamá. 

Tus orígenes, Yargelis, ¿siempre el atletismo?

Pues sí, siempre el atletismo. Nací en Guantánamo en noviembre de 1984, hija de Diosdado y Marbelis, quienes me enseñaron a ser una buena persona. Tengo seis hermanos y un hermoso bebé, Fabio Stefano.

¿Cómo te descubren? 

Fueron Juancito y Julián, dos profes de mi barrio, que me hicieron pruebas para ver mi talento en el campo y pista; así fui captada para la EIDE guantanamera Rafael Freire.

Desde que comencé impresionaba con mi velocidad en carreras cortas, pero tú sabes que a edades tempranas se realizan varios eventos. Así fue como pude darme cuenta de que lo que me gustaba era saltar.

Me fui especializando y en el cambio de categoría empecé de lleno a practicar el salto de longitud con el entrenador Eduardo Grant, quien en su juventud fue discípulo de ese gran maestro que es Milán Matos.

Grant puso en mí todo su empeño, pues decía que “en esta chiquitica hay talento” y así, en arduas sesiones, mejoré mi técnica y gané todos los Juegos Nacionales Escolares en los que tomé parte.

Cuando pasé a la ESPA fui entrenada por Arnaldo Charadán y entonces empecé a desarrollar aún más mi talento en el salto de longitud. Adquirí nuevas capacidades, fui perfeccionando la técnica. Él fue un gran pedagogo. 

Mis medallas en los Escolares Nacionales y el hecho de vencer a una atleta mayor que ya se encontraba en la Escuela de Perfeccionamiento Atlético me abrieron las puertas a la ESPA nacional, pero para especializarme en triple salto y sabes que lo que me gustaba era la longitud.

Y me imagino tu felicidad cuando volviste a compartir becas con ese grande de las vallas en el mundo que es el Lord del Guaso.

Las relaciones mías y de Dayron Robles siempre fueron excelentes; nos conocemos desde la EIDE de Guantánamo y siempre ha sido como un hermano para mí. 

Hemos estado juntos en todas las competencias desde juveniles, nacionales e internacionales; hemos compartido desde hace más de 20 años momentos muy importantes en la vida, triunfos y reveses. Es un placer contar con su amistad.

Recuerdo cuando yo hacía mis reportajes semanales al estadio Panamericano, verlos siempre juntos, riéndose, aprovechando esa juventud que no regresa. Dayron siempre presto a conversar, Yargelis, al principio medio arisca hasta que simpatizamos y ya hacía fácil una entrevista con ella. Momentos lindos que vivimos los tres.

Cuando entras en la ESPA, ¿quién fue tu preparador?

Comencé en el 2002 bajo la égida de Daniel Osorio, quien me hizo avanzar, pues incluso clasifiqué para el Centroamericano y del Caribe categoría juvenil, con sede en Barbados, el cual gané y el Mundial Junior en Kingston, Jamaica, donde no estuve bien. 

Lamentablemente ya tenía problemas de crecimiento y se me inflamaban las rodillas por lo que fui asistida por los doctores del Instituto de Medicina Deportiva y todo mejoró.

Retomé el entrenamiento y en las confrontaciones internas de la preselección nacional logré mi boleto para los Juegos Panamericanos de Santo Domingo 2003, donde alcancé la medalla de bronce, que para mí, después de mis lesiones y sin aún cumplir los 20 años, representaba mi primer gran éxito internacional entre los adultos.

¿Cuántos años estuviste en la selección nacional?

Once, entre el 2002 y el 2013, cuando finalmente tuve que abandonar el cajón de salto por lesiones musculares.

¿Cuándo comenzaste a entrenar con Milán Matos, qué significó en tu vida, te presionó que hubiera sido el artífice de los grandes triunfos de Iván Pedroso?

En mi segundo curso en la ESPA nacional, año 2004, pasé de Osorio a Milán. Para mí era algo grande; como dijiste, él preparó al Saltamontes, el saltador que más Mundiales ha ganado entre el aire y libre y bajo techo. Yo quise a Milán como a un padre.

En los entrenamientos y en las competencias éramos uno, ya que yo confiaba en él y él en mí. Nos divertíamos juntos, era muy lindo ser alumna de Milán. 

Yo tuve el placer de compartir muchas veces con Milán Matos, hombre alegre, enérgico, inteligente que conducía con mano sabia a sus atletas, siempre sonriente y con el humorismo del cubano a flor de piel.

Era una persona inquieta que me transmitía toda su energía positiva, me hacía sentir muy feliz. Aprendía todo su caudal profesional, siempre con el mejor afecto, el mejor carácter. Se fue muy pronto. Esa época tuvo varios entrenadores de primera, pero el tiempo no pasa por gusto.

Ídolos de tu vida… ¿En quién o quiénes te inspiraste?

Mi ídolo de pequeña era Ana Fidelia Quirot ya que solo quería correr, pero después que empecé a entrenar saltos, Iván Pedroso compartió ese lugar. 

Tanto en la rama masculina como en la femenina, el atletismo cubano ha engendrado grandes triplistas. ¿Crees que existe la escuela cubana de esa especialidad?

En nuestro país hay una gran escuela de salto triple, como bien dices, tanto entre los varones como entre las chicas ¿Cuántos cubanos han sobrepasado los 17 metros y cuántas cubanas han registrado más de 14,20?

Me atrevo a afirmar que en el planeta no hay muchos países que hayan tenido y tengan esa cantidad de buenos triplistas. Fíjate, yo he estado en competencias en que las cinco primeras han sido cubanas, algunas compitiendo por Italia, por España, por Gran Bretaña pero… ¡cubanas 100%! Y los hombres ¿para qué?  

Los ejemplos sobran, Yamilé Aldama, Niurka Montalvo, recientemente, Pedro Pablo Pichardo, son atletas que compitiendo bajo otros pabellones han alcanzado podios en los máximos eventos internacionales.

Siempre me has dicho que la longitud te gustaba más que el triple; no obstante, tus mejores resultados son en el triple. ¿A qué atribuyes esto?

Siempre me gustó más el salto de longitud, ya que fue el practiqué desde niña y al que le puse todo mi empeño. El triple llegó a mi vida en el 2005, cuando lo experimenté en plena gira europea por falta de competencias de longitud en el programa.

Empecé a competir en algunos mítines con carreras cortas para ir probándome y fue cuando hice la marca para el Campeonato Mundial de Helsinki de ese año: 14 metros 57 centímetros y pedían 14,30. 

Así clasifiqué y en suelo finés, en mi primer Mundial de adultos, realicé un gran salto de 14,82, con el cual sorprendentemente alcancé la medalla de plata, solo superada por la estelar jamaicana Trecia Smith quien brincó 15,11. 

Yo estaba presente en ese Mundial y aún recuerdo cómo la delegación atlética cubana vibró de entusiasmo. Muchos no lo creían y es que las técnicas de una y otra especialidad no son iguales.

Años después le llegaría otra buena noticia a la panterita del Guaso, pues le fue notificada su medalla de bronce en longitud con 6 metros 69 centímetros, tras encontrarse dopada una de las medallistas.

¿Cómo valoras esa actuación en Helsinski?

¡Imagínate tú! Son bien distintas las características de uno y otro. En el largo yo le ponía mucha tensión y quería correr como una diosa, era mi evento y sabía que tenía que correr duro, hacer el despegue y la caída, como los hacía en el entrenamiento, pero me ponía nerviosa, no puedo ni describir lo que sentía. 

Sin embargo, el triple era una fiesta; yo era el centro de atención siempre, pues nadie contaba conmigo. Estaba relajada, me sentía bien, era la misma carrera que para la longitud con la diferencia, claro está, que era brinco, paso y caída. Nada que ver. 

Pero parecía que el triple estaba hecho para mí: estaba fuerte, tenía agallas, me sentía la reina. En lugar de sangre, por las venas me corría petróleo caliente. Mi profesor siempre me decía: "Negrita cuando uno entrena bien no tiene por qué tener preocupaciones". Esas palabras me ponían siempre positiva a la hora de competir.

Y ahora, cuando me dieron el bronce en el salto largo completé mi alegría porque jamás había logrado una presea en mi verdadera pasión, el salto de longitud, en un evento grande. 

Y si la “negrita” sorprendió en Finlandia, en los Mundiales subsiguientes, Osaka 2007 y Berlín 2009, sus actuaciones eran esperadas… ¡ tal era su clase! 

En la cita nipona, Yargelis protagonizó la competencia de su vida al llevar el récord nacional hasta los 15 metros 28 centímetros superando a una de las grandes, la rusa Tatiana Lebedeva, plata con 15,07.

Pienso que aquel día lo recordaré toda la vida. Fui la única campeona por Cuba y realmente la alegría de todos, en especial de Milán, me reconfortaron e hicieron que mi compromiso creciera. Mi familia, la afición, mis compañeros estaban jubilosos.

Tras tan sublime actuación, todos confiábamos en que la cubanita ascendiera al podio olímpico en Beijing 2008.

De hecho estoy en ese podio, pues de mi quinto puesto ahora soy tercera por el doping de Tatiana Lebedeva y la griega Hrysopíyi Devetzi. Pero en Beijing a mí me venció la inexperiencia porque para nada es igual una justa olímpica que una mundial ni panamericana ni de ninguna índole, incluyendo los Grand Prix o Ligas del Diamante.

Fue mi primera Olimpíada. Sé que iba ganando pero me desesperé cuando el gran salto, ese que tanto busqué, no me salía. Me vi muy presionada, me puse muy triste. 

Cuando me quedaban dos saltos para que terminara la competencia, viví la experiencia más fuerte de mi vida. Todas saltaban más de 15 metros (yo en el cuarto intento marqué 15,05). En ese momento iba ganando la fuerte camerunesa Francoise Mbango con 15,39, registro que echó por tierra el añejo récord olímpico de Inessa Kravets que era de 15,33.

Segunda iba la rusa Lebedeva con 15,32; tercera, la griega Devetzi con 15,23; cuarta, Olga Rypakova de Kazajstán con 15,11 y yo quinta con 15,05. Lo único que tenía en mi cabeza era que esa noche la reina no era yo.

Así y todo fue una linda experiencia y ahora, después de tantos años, me dicen que soy bronce olímpico. No lo puedo creer porque esa noche del 17 de agosto de 2008 realmente sufrí al no alcanzar mi medalla y ahora es un hecho, ¡soy bronce olímpico! Doy gracias a Dios por hacerme el milagro. Ahora soy una entrenadora con un nombre respetado: Savigne, triple campeona mundial, dos veces al aire libre y una bajo techo, además de tercera olímpica. 

Tocaste el tema de los Mundiales en Pista Cubierta. ¿Te gusta más el techado o el aire libre teniendo en cuenta sus muy distintas características para los atletas, en cuanto al viento, la superficie donde pisan, el peralte de las pistas en el caso de los corredores?

Lo mío era saltar pero reconozco, que me gustaba más el techado. Era algo curioso, diferente, la instalación cerrada, la pista era un tabloncillo, podíamos sentir nuestras pisadas. Me encanta la diferencia.

¿Tus actuaciones en las citas del orbe invernales?

En Valencia 2008 gané la única medalla de oro para Cuba con brinco de 15 metros 5 centímetros mientras en Doha, Qatar, dos años después cuando prácticamente festejaba otro título, la kazaja Olga Rypakova con 15 metros 14 centímetros me lo arrebató en su último intento. Yo me quedé en plata con 14,86.

Tú estabas allí con tu camarita y sabes lo que yo sentí de primera mano. Me alegró mucho que Dayron se coronara campeón, pero yo me sentí mal. ¡Nada, cosas del deporte!

Además, la Savigne conquistó cuatro metales en citas panamericanas, oro y plata en la justa de triple Río 2007 y Guadalajara 2011, respectivamente, y dos bronce en longitud en Santo Domingo y el propio Río.

Cambiando del tema puramente deportivo al personal. Algunas atletas en el mundo se han especializado en cambiar de look por temporada, ¿te consideras una de ellas?

Jajaja. Mira de lo que te vienes a acordar. Siempre me gustó cambiar de look porque eso me hacía sentir diferente y observada por todos. Trataba siempre de marcar la diferencia con las demás saltadoras, aunque como bien dices algunas hacían lo mismo, incluso se teñían con tres colores a la vez.

¿Y lo de las medias?

Lo de mis medias fue un hobby. Me encantaban mis medias largas, una vez eran blancas, otra de colores o de rayas, hasta Julita Osendi cuando nos visitaba en el estadio solía decirme "Pipas medias largas". ¿Te acuerdas, no? 

Claro que lo recuerdo. Ustedes marcan un hito en mi vida. Sin que ningún otro deporte se sienta excluido, yo formo parte de la familia del atletismo cubano. A propósito de esto, ¿qué te parece el trabajo del Chispa y Mabel con el triple actual?

Creo que unidos constituyen una gran fuerza para ayudar a mejorar el salto en Cuba. Siento un gran respeto hacia ambos y creo que están haciendo un buen trabajo ya que el triple no es de días ni meses sino de años. Es una especialidad que tiene que esperar para verse los frutos. A veces apresurarse cuesta caro, ejemplos sobran, ellos van con cautela.

Estoy segura que Liadagmis Povea y Davisleidis Velazco pueden saltar más, sé que están esforzándose para lograr ambiciosas metas, sé que el deporte es de carácter, voluntad, disciplina y mucha dedicación y ellas tienen todos los requisitos para triunfar.

Yo sé de primera mano, las vi en el tiempo que intentaba regresar a la alta competición. Les deseo mucha suerte a las dos, que nunca se rindan y que como decía Milán Matos e Iván Pedroso hasta el último salto no hay nada seguro.

¿Sueños de Yargelis Savigne?

Ver a mi hijo, que ahora tiene tres añitos y está con mi mamá en Guantánamo, crecer sano, feliz, que sea un hombre de bien y siempre ame a su mamá.

Y profesionalmente, convertirme en una gran entrenadora como lo es Iván Pedroso y lo fue Milán Matos, formar muchos atletas de élite y que Cuba y toda mi familia estén orgullosas de mí.

Así será Pipas medias largas, confío en ti plenamente.

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Julita Osendi

Graduada de Periodismo en la Universidad de La Habana 1977. Periodista, comentarista deportiva, locutora y realizadora de más de 80 documentales y reportajes especiales. Entre mis coberturas periodísticas más relevantes se hallan 6 Juegos Olímpicos, 6 Campeonatos Mundiales de Atletismo, 3 Clásicos

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