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No todos los jugadores de deportes colectivos pueden ser regulares; para eso existen los de cambio, conocidos como “el banco”, que en muchísimas oportunidades reportan triunfos y muy buenos momentos a sus compañeros.
Tal es el caso de nuestra entrevistada de hoy, la espectacular morena del Caribe Melania Tartabull, quien siempre ocupó un lugar en la cancha desempeñándose como jugadora de cambio.
Melania, ¿desde cuándo el voleibol forma parte de tu vida?
Pues, mira, yo tenía 12 años y estaba viendo un juego de voleibol en una instalación que llamábamos “El Coliseo”, en mi natal Güines, cuando se me acercó un señor, Carlos Martínez -ya fallecido-, y me preguntó si aquello me gustaba. Yo le dije que sí. Inmediatamente me tomó nombre y apellidos, y como al mes me llegó un telegrama a mi casa para que me presentara en La Habana, en el INDER.
Mi mamá me llevó, me matriculé y al tiempo fui para la EIDE “Adolfo López Mateo”, en Miramar, que hoy es el hotel Comodoro, y fue donde di mis primeros pasos bajo las orientaciones de Benita Jiménez, quien fue mi primera entrenadora.
Después pasé a la ESPA “Giraldo Córdova Cardín”, donde empecé a entrenar con Antonio “Ñico” Perdomo y Celestino Suárez, y luego se les unieron Jorge Pérez Vento y Luis Felipe Calderón. En la ESPA hice mi primer viaje internacional a Rumanía, sede de los Juegos de la Amistad, que se llamaban en ese entonces Esperanzas Olímpicas; ahí fuimos quintas. Para mí fue una gran experiencia; para todas, porque éramos muy jóvenes. Esa competencia me dio el boleto para el “Cerro Pelado”.
¿Qué significó entrar a la casa grande del deporte cubano?
Resultó una gran satisfacción, se me abrieron las puertas del cielo. Compartir con tanta gente buena, jugadoras, entrenadores. Entré en 1973 y rápidamente integré el seleccionado nacional para asistir a la Copa del Mundo en Uruguay, donde nos ubicamos sextas.
A partir de ahí, continué mi carrera bajo las órdenes de Eugenio George, “Ñico” Perdomo, Eider George y Nelson Pollato, quien me ayudó muchísimo.
Háblame de ti, de las condiciones que te llevaron a estar nueve años junto a Eugenio George.
Yo era atacadora auxiliar, rematadora derecha fuerte, con un bloqueo no muy bueno que digamos, jajajaja…, y eso que medía un metro 80, lo que me facilitaba la acción de bloquear. Era la clásica jugadora de cambio, útil para cubrir cualquier posición en la cancha. Era muy difícil ser regular en aquel equipo. Me tocó jugar con el conocido “trío del terror”: Mamita Pérez, Nelly Barnet y la zurda Mercedes Pomares.
También estaban Evelina Borroto, Miriam Herrera, Mercedes Roca, Cristina Welch, Erenia Díaz, Ana María García, Maura Alfonso, Cirenia Martínez, Claudina Villaurrutia y la muy carismática Mavis Guilarte. Éramos una, guiadas por Eugenio y Ñico, y por otros entrenadores que se volcaban en nosotras.
Todos conocen la leyenda que es Eugenio George, de los grandísimos DT del planeta, elegido el mejor entrenador del siglo XX. ¿Qué representa para ti haber sido una de sus discípulas?
¿Qué puedo decirte? Él nos educó, nos enseñó cómo expresarnos, cómo sentarnos a la mesa a comer, cómo vestirnos. Fue un padre para nosotros. Él nos inculcaba honor, amor al deporte, a esa afición que nos amaba. Aprendimos a reciprocar ese cariño respetando a ese pueblo tan lindo que nos ovacionaba en la cancha y nos seguía por la televisión.
En general, los entrenadores del voly (f) eran unos grandes pedagogos e hicieron de nosotras lo que somos, las espectaculares Morenas del Caribe, buenos seres humanos dentro y fuera del tabloncillo.
En lo personal, ¿cuáles fueron tus principales eventos?
Tú sabes que en mi época no existían tantos torneos internacionales como en la actualidad, por lo que los juegos múltiples y el Campeonato y la Copa del Mundo eran nuestras principales competencias. Al Mundial que pude haber ido, no asistí.
Fuimos sextas en los Juegos Olímpicos de Montreal 76 y ganamos los Panamericanos de México 75, así como los Centrocaribes de Santo Domingo 74 y Medellín 78.
Además, tomé parte en dos Copas del Mundo, en Uruguay y Japón; en las Universiadas Mundiales de Bulgaria, y, por supuesto, en entrenamientos, giras de preparación y fogueo por Europa y Asia, fundamentalmente.
Hablando del Mundial al que no asististe. El voleibol femenino cubano tuvo su primer gran éxito en 1978, cuando la entonces URSS fue sede del Campeonato Mundial y en la ciudad de Leningrado, hoy San Petersburgo, las entonces nacientes espectaculares Morenas del Caribe derrotaron a Japón.
Allí pudo estar nuestra entrevistada de hoy. Jugadora de cambio efectiva, siempre sobre la cancha, inteligente y con poderoso ataque fue dejada fuera de la nómina, algo que no olvida.
Nos habían llevado a 13 jugadoras a hacer un entrenamiento en la entonces Checoslovaquia y en el corte definitivo, quedé fuera. Aquello “me mató”, me dolió lo que no puedes imaginar. Hubiera sido campeona del mundo. Si me preguntas, yo creo que la selección estaba hecha por Eugenio George y Ñico Perdomo antes de hacer el viaje. Grandes como Mercedes Pomares, Mamita Pérez y Ana María García dijeron que yo debía hacer equipo, pero nada cambió; o sí, disfrutar con el corazón abierto del triunfo de mis compañeras, aunque yo sé que debía haber estado allí.
Imagino tu desilusión
Así es. La decepción se apoderó de mí y ya no era como antes eso de “entrarle al tabloncillo”, y fue entonces que salí embarazada de mi hija. Después regresé, pero nunca volvió a ser igual.
¿Cómo era tu relación con tus compañeras?
¿Qué te puedo decir de mis compañeras? Tengo buena relación con ellas, nos hablamos por teléfono; algunas somos como hermanas. Incluso, cuando regresaron del Mundial me dedicaron sus medallas, y ese gesto jamás lo olvidaré.
Melania, después de tantos años, ¿te sientes atendida por el INDER?
No como se debiera, pero mi caso no es el único. Como yo, somos muchos los atletas olvidados. ¿No has oído eso de que con “las glorias se olvidan las memorias”? Pues, eso nos pasa a nosotros, los deportistas que lo dimos todo sin un céntimo de vuelto, por amor al arte, por amor a la bandera.
Y sí, muy bonito todo pero, ¿y ahora qué? Nunca mi organismo me ha dado nada de lo que le he solicitado y no creas que fue algo del otro mundo… ¡No! Es cierto que hay urgencias materiales, pero también está lo humano, lo esencial al alma, preocuparse por tu salud, la de tus hijos, nietos...
¿Qué le dirías tú a la institución a la que le diste la vida?
Yo tendría un solo pedido: que se preocupen por los que lo dieron todo por las “cuatro letras” y no tienen nada; más allá de lo material, porque yo ni una bicicleta tengo pero, al menos, que se preocupen por nosotros.
Además de tus medallas y la experiencia alcanzada en tus competencias por el mundo, ¿te quedas con algo guardado que hubieras querido alcanzar?
Pues sí: ese Mundial donde me hubiera coronado campeona y no haber sido nunca una jugadora regular. Es cierto que siempre estaba en la cancha, pero sustituyendo a una regular. ¡Ah! Sí, en toda mi vida, jugué como regular un set; fue en Montreal 76, porque Mamita tenía bursitis en el hombro. Pienso que debí esforzarme más, ¿quién sabe? Ahora, con 70 años, la historia está escrita.
Hablamos del INDER, pero dime, ¿la comisión nacional te atiende?
Mira, Tania Ortiz y Yumilka Ruíz están al frente de la comisión y sí, me está dando muy buena atención; lo que está en sus manos claro está. Me han invitado a la Escuela Nacional para que las nuevas generaciones nos conozcan. Digo nos, pluralizo, porque he ido con Erenia Díaz, Teresa Santa Cruz y otras. Y en cuanto llegamos, enseguida han detenido el entrenamiento y nos han presentado. Todas para mí muy buenas compañeras, a las cuales admiro y admiro muchísimo, las quiero muchísimo. Pasé muy buenos momentos con ellas.
Melania, sabes que estos tiempos no son los que tú viviste. Ahora podemos decir que Cuba tiene voleibolistas en el extranjero para formar cinco selecciones nacionales. De tú poder hacerlo, ¿harías lo mismo?
Como tú dices, en mis tiempos no había esa posibilidad, pero sí, claro, de ser yo ahora una joven y talentosa voleibolista jugara en cualquier club o liga del mundo, aunque te aclaro que, cuando hiciera falta, vendría a representar a Cuba. No critico a quien piense distinto; cada persona es un mundo y tiene cabeza propia para pensar, pero yo, te lo reitero, competiría siempre que hiciera falta por Cuba.
¿Qué opinas de la situación del deporte cubano actual, cuando de estar en la cima hemos descendido a la sima del mundo?
Yo quiero que todo mejore, sueño con eso y sólo quiero decirte que cuando eso suceda y surjan buenos atletas, se preparen con las condiciones necesarias y compitan por Cuba, sin necesidad de irse a ningún lado, porque talento hay de sobra en este país para reconquistar los sitiales que teníamos hace unos años. Hay cantera de deportistas y de entrenadores, así que se puede lograr.
En estos momentos, Melania Tartabull, a sus 70 años, es una mujer feliz porque está reunida con sus tres hijos y sus seis nietos, tres varones y tres hembras.
Me siento muy contenta y orgullosa de ser abuela y quizás alguno me dé la satisfacción de ser un gran voleibolista, ¿quién sabe? Los momentos que puedo, voy a visitarlos o me los traen a casa y los paso con ellos. Me reconfortan esos pedacitos de cielo que son mis nietos.
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