Arián Iznaga: “Yo veo por mis oídos; sólo quisiera poder ver a mis cuatro hijos”



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Arián Iznaga © Cortesía a CiberCuba
Arián Iznaga Foto © Cortesía a CiberCuba

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Desde que lo veías irrumpir en la pista, sabías que venía un grande. Muchas veces dije que el mundo paralímpico le quedaba chiquito. Y es que Arián Iznaga es dueño de una voluntad y carisma increíbles. Hoy CiberCuba se honra con la figura de este inmenso atleta invidente.

Sé que no naciste ciego. ¿Cómo fue el proceso de adaptación a la oscuridad total?

A ver, yo soy de las personas que reconoce que la vista es necesaria, que hace falta… ¡ciento por ciento, fíjate! Pero cuando tú logras muchas cosas, como es mi caso, se sobrelleva más.

Desde los 17 no veo. Fue un golpe durísimo, puedes imaginarlo; pero en estos momentos te puedo afirmar que, con todo lo que he aprendido, ya no me es tan necesaria la visión. Sí, no pongas esa cara de asombro, que no la veo, pero sé que la has puesto... jajajaja.

La vida me ha enseñado a depender de mí mismo y pienso que no ver no significa un escollo insuperable, pues hago de todo, de todo lo que tengo que hacer. Esa es la realidad. No te puedo decir que está de más, porque contra, ¡qué bueno fuera poder ver la hermosura de mis hijas! Pero me siento capaz de hacer lo que sea, apto para todo en esta vida.

Arián Iznaga es doble medallista paralímpico: plata en Atenas 2004 formando parte del relevo de 4x100 en la categoría T11-13 U (ciego total), y bronce en Beijing 2008, en los 200 metros T11. Además, es cinco veces campeón en Mundiales Paralímpicos de Atletismo y tiene ocho medallas, tres de ellas de oro en Parapanamericanos.

Aunque no tuve la posibilidad de cubrir el movimiento paralímpico, yo veía a este joven correr por la pista sin errar, sin temer dar un paso en falso, decidido, rápido, incluso fajado con su guía Yaseen Pérez Gómez. Cuentan que Arián corría entre los peñascos que rodeaban el estadio, al lado del mar.

Es verdad que tú no podías entrevistarnos; ustedes los periodistas son como los médicos y las especialidades. Tú atendías el atletismo, pero el convencional; no obstante, siempre tenías para nosotros una sonrisa, un fuerte abrazo, un beso y en mi caso, una jarana... jajajaja... ¿Te acuerdas cuando yo decía “¡Ahí llegó la blanca!”, por tu olor?

Pues sí, siempre fui un atleta seguro; corría con antifaz puesto aun siendo ciego, desarrollaba mi audición. Yo corría a través de mis oídos, y es que logras definir tantas cosas que la vista, como te dije, está de más, ¿entiendes?

Y no sólo en el deporte, porque muchos me conocen como atleta, pero la otra fase mía no la conocen.

Chico, ¿y cuál es esa fase?

Niñaaaaa… ¡Yo soy ponchero! Le pongo ponche a camiones, guaguas, carros... a todo tipo de vehículos. Me meto debajo de los camiones, le pongo el gato, levanto el carro. Yo hago de todo sin la vista; para muchos resulta imposible, pero es así ¡increíble! Son muchas las cosas que domino sin ver.

¿Hasta dónde eres independiente?

Yo soy una persona totalmente independiente. Salgo solo, camino solo. Hago de todo; vaya, un 95% de lo que hay que hacer, yo lo hago solito. Mira, Julita, yo he enfrentado la vida solo. Desde que me quedé ciego, he tenido que hacerlo. La vida me ha obligado a hacerlo.

Fíjate si he hecho de todo que soy padre de cuatro muchachos... jajajaja. La más chiquita tiene 10 años. Tengo otras dos niñas de 19 y 22 años y un único varón de 22.

Soy muy buen padre, mal está decirlo pero, bueno, es a mí a quien están entrevistando. Sin vista los he criado y los he encaminado en la vida. Tengo cuatro estrellas.

Arián Iznaga, su esposa y dos de sus hijas. Foto: Cortesía a CiberCuba

El saber escuchar me ha valido de mucho. Hay personas que te ven y por tu rostro saben quién eres, pero yo puedo hacer lo mismo escuchándolas; su tono de voz, sus inflexiones, su forma de decir, si hablan alto, si lo hacen bajito. Por ahí hago un retrato que casi nunca me falla, ¿qué te parece? Por eso te conozco a ti, amiga. Te conozco desde la primera vez que te escuché. Defino a la persona por la voz, puedo darte un aproximado de su físico, de su carácter hasta un 90 por ciento. Tengo esa virtud.

Ahora mismo, cualquier persona que tenga su visión clara, en ocasiones tiene que guiarse por el sonido, por el ruido. Por ejemplo, tú puedes estar en tu casa encerrada durmiendo, tus ojos no van a transmitir porque no ven, no pueden traspasar las paredes... ¡Ah! Pero si hay un ruido, aunque para muchos sea indetectable, para mí no lo es. Me doy cuenta si es un carro en la calle o alguien que llega, un perro que anda; el sonido de la calle yo lo veo. Me doy cuenta cuando es un carro, si el perro del vecino está nervioso, si hay alguien desconocido en el edificio... ¿Eso lo puedes asimilar con vista?

Yo quisiera ver, no lo dudes, pero me he sobrepuesto y soy capaz de identificar con mis oídos lo que una persona con la vista no puede hacer. Y eso está demostrado. Eso está superdemostrado con personas que han tenido “20-20” y que han estado a mi lado y no han percibido lo que yo. Te pongo un ejemplo, los que están a mi lado no ven venir un helicóptero y yo digo: “Ahí viene un helicóptero” y, con asombro, todos me dicen: “Me quito el sombrero ante ti, tú estás escapao”. Tengo que agradecerle a Dios después de todo.

Ya afirmaste que la vista no es tan fundamental pero, si tuvieras un instante de visión, ¿qué te gustaría ver?

¡A mis cuatro hijos! Saber cómo son, tan preciosos; porque sé que son lindos... ¡Ay, pero cómo me gustaría comprobarlo! Ese es un dolor que siempre voy a llevar conmigo, siempre ha estado conmigo.

Para lo único que yo quisiera tener la vista ahora mismo es para ver a mis cuatro hijos y también, aunque no lo creas, para verles el rostro a muchísimas personas falsas que nos rodean.

Pero sé que cuando no entiendes algo lo dices en la cara.

Claro, soy capaz de decirles de frente a las personas lo que pienso. Eso es algo muy mío. Cuando las cosas me molestan, cuando quiero decirles las cosas a las personas, se las digo de frente, aunque no les vea la cara. Es en ese momento que quisiera que una estrella me alumbrara y lograr verles las caras.

Muchas personas te bajan la mirada y miran para otro lado, se ríen en tu cara. Te dan la espalda. Y para esas personas yo quisiera tener una visión clara en ese momento y poder decirles las cosas de frente.

Arián Iznaga vive actualmente en Brasil y, como él mismo dice, está de “amo de casa”, extrañando Cuba, pero viviendo una nueva etapa en la cual sus hijas se encaminan a un mejor futuro.

Sí, es cierto. Estoy de chulo de mi esposa y mis dos hijas. Jajajaja. Estoy de amo de casa. No he tenido oportunidad de trabajo, lamentablemente, pero muy contento con darles una vida mejor a mis niñas, aunque sea alejado de mi patria.

¿Qué te dio el deporte para discapacitados en Cuba?

¡20 años! Se dice fácil, pero no ha sido fácil, Julita. De verdad que no ha sido fácil. Veintitantos años de entrega, veintitantos años de sacrificio, haciendo algo que me gustó, entregándome, bien disciplinado para mi trabajo. ¿Para qué? A estas alturas no han tenido la decencia de hacerme un retiro digno, que enorgullezca a mis hijos. ¡Ni eso!

Es uno de los recuerdos más negativos que tengo; uno de los motivos por los que llevo año y medio en Brasil y no voy ni de visita a Cuba, mi patria que extraño y adonde deseo regresar todos los días de mi vida: a mi misma rutina de siempre. Pero lo triste es que aquello va a seguir igual y yo quiero que mis hijas mejoren, tengan un futuro.

Pudiera decirte muchas cosas más, nada buenas, pero prefiero quedarme con la parte linda. Es mejor quedarse con los logros, con mis medallas, con los aficionados aplaudiendo en las gradas, con mis compañeros instándome a ser mejor en los entrenamientos… ¡Esos, mis días lindos!

Precisamente, háblame de tus compañeros, de tu precioso tiempo con tantas estrellas, desde Enrique Cepeda hasta Omara Durandquien llegó siendo una niña a las pistas del estadio Panamericano.

Muchacha, recuerdo a Omarita y a Yunidis Castillo, que cuando empezaron siempre estaban a mi lado y de quienes guardo agradables recuerdos. Ellas fueron grandes, gracias a Dios. Yo ayudé mucho al guía de Omara, Yuniol Kindelán, que de mucho le sirvió en la vida. Mira, no quiero parecer autosuficiente pero la escuela de formación de guías es este cubano que te habla: formé a Joel, formé a Vázquez, formé a Noel, a Elíades, a Alaín, a Campanioni, al propio Yaseen, que aunque no tuvo resultados como atleta, sí los ha tenido como entrenador, pues como sabes, él ha conducido a la dominicana Marileidy Paulino a las coronas olímpica y mundial.

¿Qué condiciones debe tener el guía?

Imagínate que en el caso de los 400 metros, tú tenías que ser un corredor por debajo de los 50 segundos; Yaseen andaba por los 47 y pico. ¿Quién mejor que el propio atleta ciego para enseñar al guía?

¿Te cuento algo? Muchos guías extranjeros corrían por dentro y, para una conferencia que impartí en Brasil, hice un estudio sobre por qué no se podía correr por dentro. El guía es la persona que conduce, el ciego tiene que ir por dentro. Y a partir de ahí, ¡contra, corrían mejor que yo! Jajajajaja...

Otros compañeros que sean imborrables para ti.

Mira, yo estuve en tres generaciones del deporte paralímpico cubano. De la primera sobresalen Enrique Cepeda y Omar Turro; éramos como hermanos, los triunfos de unos eran de todos. Ya en la segunda generación, las cosas empezaron a cambiar: había intereses, ya “Don dinero” se apoderó de la gente, había -puede decirse- poco compañerismo.

Y para qué hablar de mi tercera etapa, en la cual el compañerismo estaba “ausente al parte”, no había unión, cada cual tiraba por su lado. No había comunicación entre los atletas.

Los valores que signaron nuestro deporte al nacer se perdieron, pero yo vivía en mi mundo.

Me ayudó mucho Yaseen, quien llegó a mí en un momento clave. En menos de un año logramos lo que tanta falta me hacía: bajé los 23 segundos en los 200 m, incluyendo récord del mundo. Con él exploté de verdad.

Tú estabas bien cuando te retiraste. ¿Qué pasó?

Chica, fue una hora triste. Resulta que en un chequeo médico me salió una dilatación de la arteria aorta en uno de los ecos que me hicieron en el corazón. Tuve que decir adiós automáticamente a las pistas por un aneurisma detrás del corazón, que por cierto, es lo que me ha estado golpeando en estos últimos tiempos y que ha dado al traste y causado inestabilidad en mi presión arterial.

¿Qué te parece si les pones fin a tu entrevista?

Oye, “blanca”, quiero que me permitas concluir mi entrevista (porque me has dicho que es mía) dándote las gracias por acordarte de mí; que CiberCuba se acuerde de mí. Y es que dondequiera que tú estés, siempre te voy a agradecer por mantener en tu época el deporte vivo. Por nunca olvidar a aquellas estrellas que en su momento brillaron y que hoy nadie o casi nadie recuerda.  Yo, dentro de mi modestia, me considero una de ellas.

Y eso siempre lo voy a llevar conmigo, ¡siempre!, dondequiera que yo esté. Que me siento triste, que no me siento bien, no te lo puedo negar, porque hipócrita nunca he sido. Estar lejos de mi Cuba me mata. Me reconfortan mis cuatro bellos muchachos.

Tengo una familia. Tengo mis logros ahí. Y tengo una bandera inmensa con cinco franjas y un estrella que siempre brilla y que representé con honor por más de dos décadas.

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Julita Osendi

Graduada de Periodismo en la Universidad de La Habana 1977. Periodista, comentarista deportiva, locutora y realizadora de más de 80 documentales y reportajes especiales. Entre mis coberturas periodísticas más relevantes se hallan 6 Juegos Olímpicos, 6 Campeonatos Mundiales de Atletismo, 3 Clásicos






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