Ian Padrón Foto © Cortesía para CiberCuba

Ian Padrón: “Las cosas en Cuba no están ni remotamente por el camino correcto”

Conocer “por dónde van los tiros” de Ian Padrón, como él mismo diría en jerga cubanísima, ha sido bastante fácil a pesar de la distancia impuesta por el coronavirus. La magia de San WhatsApp permitió que, con audios que iban desde La Habana y venían desde Florida, la conversación fluyera sin problemas.

Tras emigrar de Cuba hace casi seis años, el hijo de Juan, el creador de Elpidio, ha pasado por una etapa “muy interesante”, en la que ha tenido que replantearse muchas cosas y empezar de cero porque cuando uno se muda “es como volver a nacer”.

Lejos del foco mediático de la isla, el realizador de 44 años ha trabajado esencialmente en cadenas televisivas como Univision, Cine Latino y Mega TV, sin dejar de lado el quehacer como productor, editor y guionista freelance. De esta última faceta llama la atención sobre un documental “muy bien logrado” dedicado a Eliades Ochoa, “el máster de la música tradicional cubana”, y en el que hizo coincidir a personalidades de la cultura nacional e internacional.

A pesar de que Ian Padrón es un tipo casero, “con una vida sencilla” que intenta compartir con su familia cada vez que puede, no ha visto a sus hijos mayores, su madre y su hermana desde las pasadas Navidades. También fue entonces cuando estuvo por última vez con su padre.

- ¿Cómo han sido estos pocos meses sin tu padre, de quien no pudiste despedirte personalmente?

-Han sido meses duros porque no solo lo amaba como padre, sino como un ídolo. Cuando él ingresó en el hospital a principios de marzo, ya estábamos aislados por la pandemia, pero hablábamos todos los días varias veces. Siempre pensamos que se iba a recuperar. Él mismo pensó que se iba a recuperar. No obstante, tuvo la elegancia, por decirlo de alguna manera, de esperar a que pasara mi cumpleaños, que es el 14 de marzo, para morir. Le pregunté ese día que si quería que yo fuera a Cuba y me dijo que no, que iba a estar bien rápido y que había que cuidarse del contagio. Además, si yo viajaba tenía que estar en cuarentena obligatoria por dos semanas, así que tampoco lo podría ver. En la mañana del día 15 hablé con él por última vez porque el 16 entró en terapia intensiva, en una especie de coma inducido, y no sobrevivió. No poderme despedir de él y hasta hoy no haber podido ir a Cuba ha sido muy doloroso.

Juan Padrón junto a un cartel de Elpidio Valdés, el destacado personaje de su creación (Foto: Cortesia para CC)

- Ya le has adelantado a CiberCuba que podría haber un Elpidio Valdés con el sello de Ian Padrón…

- Es mi intención hacerlo. Ahora mismo es muy reciente el fallecimiento de mi papá, estamos en medio de la pandemia, y tengo que hablarlo con el resto de la familia, pero en algún momento retomaremos hacer audiovisuales de Elpidio Valdés. Sé que es muy difícil porque habría que cambiar muchas cosas y renovar otras: muchos aspectos de la realización hay que actualizarlos, buscar nuevas voces basadas en las que ya existen... Además, Elpidio Valdés es un ícono de la cultura cubana y si hacemos un nuevo Elpidio vamos a tener los ojos de millones de cubanos, que aman el personaje, sobre nosotros; pero creo que lo podemos hacer muy bien. Por lo pronto estamos preparando un libro por los cincuenta años de Elpidio que es una especie de enciclopedia, de compendio de todas las historietas, de los afiches, de las películas, de las artes plásticas que mi padre hizo de él. Seguimos, metafóricamente, teniendo mucho machete por dar todavía, para que siga vivo el espíritu de los mambises, del buen humor, de las horas de trabajo con rigor y seriedad. Lo vamos a intentar. Poco a poco, pasito a pasito, estamos empezando a andar el camino para continuar con la obra de Juan Padrón.

- ¿Cuánto has logrado parecerte como padre a lo que él fue contigo?

- Tengo cuatro hijos: David (15 años), Alejandro (10), Lucía (5) y Camila (3) y, aunque solo las dos pequeñas viven conmigo porque los varones están con su mamá. Intento dar lo mejor de mí, pero es imposible hacerlo perfecto. En la vida moderna, en la que uno tiene tantas cosas que hacer, no tiene todo el tiempo ni la paciencia con los niños que debería, pero estoy al lado de ellos todo lo que puedo, tratando de apoyarlos, de entenderlos, de aprender, de transmitirles lo que soy y lo que siento, pero sabiendo que cada niño es un individuo que toma su propio camino y que hay que dejarle espacio para que haga lo que quiera hacer.

Los cuatro hijos de Ian Padrón (Foto: Cortesía para CC)

- ¿Qué nueva perspectiva te ha dado el vivir fuera de Cuba?

- Me ha dado una mirada más abarcadora del mundo y de la cubanía. Es algo que sabía ya antes porque había viajado mucho, pero que he reafirmado aquí. Ser cubano no se resume a vivir en la isla. Sería una mirada estrecha reducirlo solo a los que están allí. Por ejemplo, Reinaldo Miravalles, ese gran actor, murió sin recibir el Premio Nacional de Cine porque estaba fuera de Cuba y lo mismo va a pasar con otros artistas que tampoco viven en la isla, lo cual es algo realmente doloroso y contraproducente para el país.

- ¿Hasta qué punto te mantienes al tanto de lo que pasa en el mundo audiovisual cubano, que también es tu mundo?

- Tengo una deuda conmigo mismo de ver más cine cubano y de estar más al tanto de lo más reciente que se hace allá porque no tengo mucho acceso a las últimas producciones. Pero hay una nueva generación que tiene más libertad tecnológica y espiritual para hacer sus audiovisuales, sin necesitar tanto que sean exhibidos en las salas tradicionales de cine. Eso les da una frescura y les permite tocar temas que en otro momento no se tocaban. Hay jóvenes con mucho talento y mucho empuje. Lo poco que he podido ver tiene un lenguaje muy internacional; es cubano, pero se puede comunicar con muchos públicos distintos y eso me parece que es el camino correcto para que el cine cubano se expanda y tenga más alcance.

- Siempre has sido un amante del béisbol, ¿sigues haciendo por mejorar la situación de ese deporte en la isla?

- Mi intención siempre ha sido ayudar a que la pelota vuelva a ser tan importante en Cuba como lo ha sido en los últimos 150 años. Sigo lo más que puedo el béisbol cubano, que creo que está en un pésimo momento porque atraviesa una crisis logística, ética y en otros aspectos. Mas no ocurre así con los peloteros cubanos que están triunfando en muchas ligas. En Corea, por ejemplo, Odrisamer Despaigne es uno de los lanzadores más importantes. Alfredo Despaigne, Gracial y Viciedo son algunos de los bateadores más relevantes de la Liga Japonesa. Y en Grandes Ligas hay un cubano luchando por el Novato del Año, cuatro cubanos en un mismo roster de Chicago, etc. Es impresionante la calidad que tienen los peloteros cubanos en esas y otras ligas, como la dominicana o la venezolana, pero no la organización y la política del béisbol que se sigue en Cuba.

- ¿Qué crees del rumbo que ha tomado el Salón de la Fama del Béisbol Cubano, algo que tú impulsaste fuertemente y que ha quedado en la sombra?

- Aunque no vivo allí lo sigo viendo como algo propio y no dejaré de intentar que el Salón de la Fama vuelva a funcionar y nunca más desaparezca. Lo que ha pasado con él es un reflejo de lo arcaica y atrasada que es la sociedad cubana. Ha sido una de las pocas ideas que nació de un grupo de especialistas y no de una institución, pero luego la institución se apropió de él para imponerle sus preceptos y entró en contradicción con la realidad y con los especialistas que lo integraban y por eso se congeló. El no permitir algo tan simple como que un conjunto de especialistas (pueden ser médicos o de cualquier otra materia) decidan reunirse y darle un premio a otra persona, dice por dónde va Cuba. Las personas no pueden tener iniciativas propias, ni hacer nada por sí mismas a no ser que sea ordenado, respaldado y autorizado por las autoridades del Estado. Eso hace que una sociedad sea casi inamovible.

- En una ocasión dijiste que para Cuba no tenías odio, sino amor y respeto. ¿Qué es lo que te mantiene vinculado a la isla?

- Recuerdo una canción de David Torrens que decía que “yo no soy de aquí, yo no soy de allá”, que refleja que, cuando estamos mucho en otro lugar, como mismo le pasa a un habanero que vive en Oriente, o un villaclareño que vive en La Habana, uno empieza a ver la vida de forma diferente. Para mí Cuba es algo importante, vital. Todo lo que hago pasa por el tamiz de ser cubano, de haber nacido allí, aunque gran parte de mi familia es de España. Sus problemas me duelen y me preocupan y por eso trato de buscar soluciones para cosas que hay que mejorar irremediablemente, cosas que están funcionando muy mal en Cuba.

- ¿Cuáles son esas cosas que andan mal?

- Lo peor que pasa en Cuba es que no hay una movilización social y se ha acostumbrado a que alguien le resuelva los problemas: ya sea otro país, ya sea el propio Estado, y también a culpar a todo lo que viene de afuera, a todo lo externo, de muchos problemas internos. No son tiempos de pensar que todo el mundo va a actuar y razonar de la misma manera. La sociedad cubana es mucho más plural de lo que reflejan sus instituciones. Las cosas en Cuba no están ni remotamente por el camino correcto. No se está llevando al país hacia un buen lugar. Los jóvenes no tienen esperanza, no saben cuál será su futuro ni cómo luchar por él. Eso es grave, que los jóvenes no tengan fuerza, que no se sientan incluidos, que quieran, pero no puedan participar en las decisiones que toma el país. Lo más importante sería que las personas denunciaran lo que está mal hecho, que no lo permitieran, que no se quedaran calladas. Es muy difícil hacerlo, pero es lo más necesario. Hay mucha gente que ha ido por ese rumbo y que merecen respeto por decir las cosas. Hay tantas soluciones como cubanos hay. Es un momento crucial en la historia de Cuba.

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Katheryn Felipe

(La Habana, 1991) Licenciada en Periodismo por la Universidad de La Habana en 2014. Ha trabajado en diversos medios impresos, digitales y televisivos.

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