Foto © Periódico Trabajadores

Calvario de un cuentapropista en Cuba: "Tengo el dinero, pero no puedo comprar una nevera"

Yoan Manuel, cubano residente en Jiguaní, provincia de Granma escribía una carta al periódico Trabajadores para denunciar las dificultades que tropieza como “cuentapropista” para comprar una nevera.

El pequeño empresario de Jiguaní se quejaba del tiempo que lleva intentando comprar una nevera en moneda libremente convertible, a pesar de contar con MLC para su adquisición. “¿Por qué no se da una información viable? ¿Es tan difícil transportar dicho producto? ¿Por qué nadie atiende el teléfono cuando uno llama a las tiendas Caribe?”, se pregunta Yoan.

Desde finales de agosto, Yoan Manuel se ha desplazado a Bayamo en varias ocasiones con el propósito de comprar la nevera que necesita en la tienda El Flamboyán, pero una vez allí nunca la encuentra. “Solo me quedo con la esperanza de saber que existen en los almacenes”.

La situación de este “cuentapropista” es la misma que sufren otros miles como él, que ven cómo las tiendas que surte el Estado están desabastecidas de los productos que ellos necesitan y no pueden comprar, a pesar de contar con el dinero para hacerlo. Por no mencionar la injusta política impositiva de la que muchas veces se resienten.

Las tiendas en MLC se crearon originalmente a finales del año pasado con el objetivo de recaudar divisas mediante la venta de electrodomésticos, motos, piezas de automóviles y otras mercancías inexistentes en el mercado en pesos o CUC. Desde agosto de este año ofertan alimentos y productos de primera necesidad que no se encuentran en esas monedas.

La compra en estas tiendas se realiza a través de una tarjeta magnética habilitada por los bancos del país y en la cual solo se puede ingresar divisas desde el extranjero, o desde el propio territorio nacional, pero sin posibilidad de extraerlas. Son tarjetas para gastar en las tiendas MLC, en las cuales no se puede pagar en efectivo los productos que venden a elevados precios.

El pasado agosto, la ministra  de Trabajo y Seguridad Social, Marta Feitó Cabrera, anunció la eliminación de la lista que recogía las 123 actividades legales a las que se podían dedicar los emprendedores en Cuba. Según ella, esta lista "no propiciaba el desarrollo de la creatividad nata que tiene el cubano".

En teoría, la medida propiciará la creatividad emprendedora de los cubanos, pero está claro que el desarrollo de un sector privado de pequeños y medianos empresas requiere algo más que tirar a la basura una lista que permitía emprender como panadero o pelador de cocos. Requiere que estos empresarios puedan abastecerse en un mercado libre y competitivo, puedan acceder a créditos y cuenten con seguridad jurídica para sus inversiones.

Ese entorno favorable a la inversión y la pequeña empresa dista mucho de ser alcanzado en la actualidad en un país cuyos gobernantes responden a los intereses de una cúpula de militares y jerarcas del partido que controlan la economía del país. El monopolio de la importación y la distribución que detentan, así como la corrupción generalizada y la impunidad con que actúan las élites empresariales del régimen, impiden que pequeños empresarios como Yoan salgan adelante.

Sin mercados mayoristas, o mejor aún, sin mercado libre, el destino de emprendedores como Yoan será un calvario de viscisitudes. Nadie contesta al teléfono que llama para preguntar si ya puede ir con su dinero a comprar una nevera.

“Vivo a unos 28 kilómetros de Bayamo. ¿Cómo podemos comprar este tipo de artículos? Y si logro enterarme de cuándo llegan, me pregunto si al trasladarme de un lugar a otro alcanzaré un turno”. La incertidumbre de Yoan es la misma que rodea la actividad de los más de 600 mil “cuentapropistas” con licencias expedidas por unas autoridades que no adoptan las medidas necesarias para liberar verdaderamente el potencial emprendedor de los cubanos.

“Siento que hemos dejado de ser clientes para convertirnos en alguien a quien le van a resolver”, lamenta Yoan Manuel. La vieja actitud paternalista del estado totalitario sigue pesando más que la liberalización definitiva de sus fuerzas productivas.

“Resolver” es un verbo incrustado en la forma de hablar de los cubanos cuando se trata de adquirir los productos y mercancías que necesita. Nadie compra, todos resuelven, o no. Pero esa dinámica es la que ha traído injusticias y pobrezas a todo un país. Yoan lo expresa de manera clara: “lo justo es que los productos que existan [y necesitamos] puedan ser comprados con un poco de facilidad”.

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Ivan Leon

Licenciado en periodismo. Máster en Diplomacia y Relaciones Internacionales por la Escuela Diplomática de Madrid. Máster en Relaciones Internacionales E Integración Europea por la UAB.

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