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La inmoralidad de Díaz-Canel y Marrero Cruz es una afrenta a Cuba

El tardocastrismo pagará carísimo tanto desprecio a los cubanos

Miguel Díaz-Canel y Manuel Marrero Cruz © Granma
Miguel Díaz-Canel y Manuel Marrero Cruz Foto © Granma

Este artículo es de hace 3 años

El tardocastrismo ha entrado en fase delirante, pero conservando su notable desprecio hacia los cubanos, a los que considera que solo protestan y se movilizan cuando hay dinero enemigo detrás.

¿Cómo pueden acusar los mandarines de La Habana a la oposición, intelectuales y artistas y descontentos de estar financiado por el enemigo, cuando llevan meses lloriqueando por las remesas monetarias de la solidaria emigración cubana, que Trump redujo y cortó el negocio a FINCIMEX?

Cuba solo produce venta de servicios médicos, algunos medicamentos y carbón de marabú; el grueso de los ingresos proviene de las remesas de los emigrados cubanos que -mayoritariamente- no comparten los designios ideológicos de quienes los expatrió, aunque no puedan dejar morir de hambre y enfermedad a sus familiares.

Una dictadura parásita, que ha vivido y vive del tumbe consuetudinario, de dejar millonarias deudas impagadas y vende en dólares norteamericanos alimentos y medicinas a precios de boutique a quienes paga con devaluados pesos cubanos; finge escandalizarse porque una parte de sus opositores recibe financiación extranjera.

Solo la Unión Soviética inyectó más dinero a Cuba que Estados Unidos a toda Europa Occidental, a través del Plan Marshall; mirar cómo se vive en cualquier ciudad o pueblo europeos y consternarse cómo viven los cubanos bajo la bota castrista, conmueve porque la desventaja obedece a los efectos nocivos del comunismo de compadres instaurado en 1959.

Si el dinero extranjero es tan malo porqué el castrismo ha diseñado un sistema permanente de apropiación indebida de los recursos de los emigrados; si el dólar norteamericano financia a opositores porque la casta verde oliva lo ha convertido en moneda refugio y de referencia en operaciones bancarias y comerciales; si Granma no deja de cantar alabanzas a Viet Nam, Rusia y China; países europeos y Pastores por la Paz, entre otros donantes habituales, qué de malo tiene que sus opositores reciban financiación extranjera.

Los cubanos están descontentos con el gobierno Díaz-Canel-Marrero Cruz y no con los opositore, activistas y periodistas independientes, porque el gabinete tardocastrista es el verdadero responsable de su tragedia, por mucho que se empeñen los medios de prensa anticubanos al servicio de la dictadura de contar mentiras tralalá. Díaz-Canel y Marrero Cruz creen que están en posesión de la verdad absoluta y, en otro acto de desprecio a los cubanos, pretenden criminalizar a quien no se tragan la limonada malembe que perpetran a diario.

CiberCuba, cuyas cuentas son un diamante pulido y con arreglo a la normativa española y europea, es uno de los blancos de la gritería insensata de los guatacas de La Habana; si el presidente y el primer ministro tienen tanto afán en la transparencia ajena, porque no empiezan barriendo su propia casa y publican las cuentas de Granma, Cubadebate, los CDR, la FMC, la CTC, la FEEM, la FEU, UJC y PCC.

¿Cuánto costó la campaña de Fidel Castro Ruz por la devolución de Elián González? ¿Cuánto costó la algarabía por el regreso de los cinco espías fracasados? ¿Cuántos diabéticos cubanos habrían tenido asegurada su insulina con el dinero dilapidado en ambos carnavales politiqueros? ¿Cuántos niños cubanos tendrían asegurados sus uniformes completos y comedor escolar con los millones despilfarrado en ambas contiendas propagandísticas? ¿Cuántos cubanos tendrían garantizado el acceso a una dieta de calidad y agua potable con el dineral empleado en agitar los simulacros antiyanquis?

¿Cuántos cubanos podrían desayunar, almorzar y comer con los recursos monetarios empleados en el mantenimiento del aparato represivo, incluida la compra de medios antimotines y gas pimienta? ¿Cuántos enfermos crónicos cubanos podrían tener garantizados sus medicinas con la plata malgastada en mantener el nivel de vida saudí de Raúl Castro Ruz, sus familiares, la casta verde oliva y los miembros del Buró Político y del gobierno?

Los cubanos son nobles y han sido empobrecidos, pero no son tontos ni ciegos y el tardocastrismo pagará carísimo tanto desprecio e insulto a la inteligencia de unos ciudadanos que solo pretenden vivir con decoro y sin tanta dependencia extranjera; pero no lo consiguen porque sus planes contradicen los del poder, obsesionado con forrajear dólares yanquis a cualquier precio para intentar resistir hasta que aparezca otro Chávez disfrazado de Matrioska soviética.

El miedo y la mediocridad son síntomas distintivos de la enfermedad crónica que padecen los continuistas de la nada cotidiana, aunque -a veces- se les enciende el bombillo y mienten descaradamente, como acaba de hacer el viceministro de Cultura sobre la presencia del cineasta Fernando Pérez y el actor Jorge Perugorría en la protesta en apoyo al Movimiento San Isidro; para repulsa mundial y asombro y vergüenza de los cubanos que dieron lo mejores años de sus vidas a la revolución que creyeron suya.

Si los opositores y críticos del tardocastrismo están deslegitimados por una supuesta financiación extranjera, Díaz-Canel y Marrero Cruz lo tienen fácil; actúen en coherencia con su prédica, prohíban las remesas en dólares y euros de la emigración cubana y vendan comida y medicinas en pesos, con márgenes comerciales normales y renuncien para siempre al latrocinio que perpetran contra la mayoría de los cubanos.

¿Cómo es posible que un gobierno tan ético y bondadoso rebaje moralmente a la mayoría de los cubanos a la categoría de mendigos de dólares norteamericanos?, esa indeseable moneda que usa el imperio para sojuzgar a los pueblos. ¿O es que hay dos tipos de dólares: Los buenos, que manejan Díaz-Canel y Marrero Cruz; y los malos que cobran los anticastristas?

Señores presidente y primer ministro, ustedes representan a la República de Cuba, aunque sean militantes del partido comunista y subordinados de Raúl Castro Ruz, ¿en casa no aprendieron a ser decentes, o han renunciado al honor para servir a su amo y pisotear a los cubanos?

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Artículo de opinión: Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de CiberCuba.

Carlos Cabrera Pérez

Periodista de CiberCuba. Ha trabajado en Granma Internacional, Prensa Latina, Corresponsalías agencias IPS y EFE en La Habana. Director Tierras del Duero y Sierra Madrileña en España.


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