Mercado Cuatro Caminos en La Habana (Imagen de Archivo) Foto © CiberCuba

En Cuba quien controla la comida controla la narrativa

Cuando a Cuba se refiere, antes de hablar de racismo, antes de hablar de represión, antes de hablar de ideologías de izquierda o de derecha, antes de hablar de D. Trump o de J. Biden, antes de hablar de género y feminismo, antes de hablar de ratings y protagonismo, hay que hablar del bloqueo. Hay que hablar de lo que quiere el cubano.

Por muy mundano que parezca el tema, el pueblo de Cuba desde hace 62 años solo quiere comer. Hablar de Cuba es hablar de biología. La biología no solo es el principal problema del cubano, también es la mejor arma de control que tiene la dictadura. A estas alturas es indiscutible que el castrismo desde sus principios ha sido un arma biológica. Esa es la verdadera arma, que en las últimas décadas se ha estado exportando a Venezuela, y de seguro, se ambiciona exportar a toda Sudamérica.

“Sáquennos de aquí por favor”, pedía en Twitter a su gobierno, Carolina Cox, la actriz chilena promotora del castrismo, al quedar atrapada en Cuba a principios de la pandemia, y conocer “la Cuba real”. Mientras haya hambre en Cuba nunca habrá cambios. 62 años de lo mismo así lo evidencian. El cubano vive sobreviviendo dos bloqueos, el interno impuesto por ladictadura y el externo (embargo) impuesto por los Estados Unidos. Luego con la barriga vacía es difícil pensar en algo más.

Para entender estas cosas primero hay que pasar hambre de manera involuntaria. Por eso tanto el bloqueo económico interno como el bloqueo americano son tan injustos. Ambos bloqueos están, no solo bloqueando un cambio político, también en contra del cubano. Bloqueos que hacen que la dictadura se fortalezca a costillas de la represión que ejercen. Finalmente los únicos que se dañan y mueren desnutridos no son los comunistas, ni los herederos de los Castros como Mariela.

En Cuba la única víctima es el pueblo. Quien aún no entienda el fenómeno cubano, debería estudiar la lógica de 2000 A.C. (antes de Cristo). Me refiero a la Edad de Piedra. Al igual que en la Edad de Piedra, en Cuba aún se "caza" la comida. El cubano sigue haciendo lo mismo que el hombre primitivo de entonces, correr todo el tiempo detrás de su presa. Con la única diferencia que ahora tiene que hacer colas y conformarse con las porciones que recibe. La carencia de alimentos hace que la comida sea lo más importante.

En Cuba los temas de conversación más comunes entre las personas, independientemente del nivel intelectual, son los pedazos de pollos, los huevos, las colas, los tiques, las cosas que se pueden o no conseguir, y las recargas que reciben desde el exilio, que luego se pueden vender o cambiar por comida. También se utiliza la comida para sobornar. “Tienes que llevarle algo al médico para que te opere o te extraiga el cordal con anestesia”, reflexiona una joven con cáncer de vientre.

En Cuba la mejor forma de recompensar y agradecer es con comida. “Hice unos chícharos con jamón deliciosos, que pena que no estés aquí “, dice por vídeo llamada una de mis primas favoritas de Palma Soriano. La dictadura usa la misma lógica que durante la esclavitud. Piensan en el cubano de la misma forma en que el amo piensa con su perro o que pensaba con el esclavo. Saben que la llave de la lealtad se abre y cierra con la comida, y solo la usan cuando la lealtad es necesaria.

Quien controla la comida controla la narrativa.

Es por esto por lo que en Cuba se actúa por comando. Lo que nunca entenderé es porqué a 90 millas de la isla, aún el cubano sigue obedeciendo comandos de la misma forma, incluso cuando ya han saciado el hambre. Debe ser por el trauma del pasado o por la seguridad que da mantener costumbres.

Más de 60 años de costumbres, crean hábitos difíciles de erradicar, daños que son de por vida. En la época de la esclavitud, al amo le interesaba mantener sus esclavos con buen espíritu antes de la zafra azucarera. Durante aquellos tiempos, los métodos agrícolas eran muy primitivos,y el esclavo tenía que cortar la caña sin protección corporal, entre insectos y víboras y al ritmo de latigazos. Si no se cortaba la caña rápido, está se echaba a perder. Luego recibían una dieta altamente carbohidrática para aumentar su prestación física. No eran vistos como humanos, para sus dueños los esclavos eran fuerza animal y por lo tanto, tratados y recompensados como bueyes. Después de cada zafra los esclavos esperaban una fiesta. Cuando los resultados no eran los esperados, las fiestas se cambiaban por látigos y a los esclavos se les castigaban en grupos. Algo que hacía que muchos buscaran chivos expiatorios entre ellos.

Pocas veces el esclavo fue leal a los suyos. La indiferencia más cruel siempre es la que recibes de tu propia gente. Las zafras tenían sus víctimas fatales, pero al terminar estas en la fiesta anual, el esclavo olvidaba todo lo pasado. Entonces el amo, ya no era tan malo, y el látigo del mayoral no picaba tanto. Entre tambores, ron, música de azadón y seguramente mucha peste a grajo, lo que no cambiaba era que el esclavo continuaba siendo esclavo.

Felizmente el proceso de abolición de la esclavitud en Cuba se inició a principios del 1880, con la aprobación de la Ley de Patronato, y terminó a finales de 1886 con el Decreto que la derogaba. 135 años más tarde otra esclavitud se mantiene en pie, la del totalitarismo comunista. “Antes de un primero de mayo o un 26 de julio siempre traen picadillo a la bodega”, asegura Pochongo, un joven “cazador” de recargas telefónicas por internet, en plena faena.

Antes y después de un acto de repudio organizado por la dictadura siempre hay una merienda. En Cuba la dictadura controla no solo la comida, también decide quién puede conseguirla, y el tipo de moneda con la que puedes adquirirla. En Cuba el embargo nutritivo es total. Teniendo en cuenta estas cosas, no es difícil entender que quien cuente con esos privilegios sienta gratitud. En Cuba hay una élite privilegiada gracias a la necesidad. Los Castros saben que entre mayor es la necesidad mayor es la lealtad de los que se privilegian. Los bloqueos en Cuba no afectan los privilegiados. Para mantenerse en el poder, la dictadura necesita mantener a sus “mayorales ideológicos” contentos. Los privilegiados son los que mantienen la represión y al castrismo en pie, no los Castros.

Han sido 62 años de revolución pero a estas alturas la palabra revolución debería ser sinónimo de desdichas. Si algo ha logrado la revolución es mantener al pueblo hambriento la mayoría del tiempo. Luego, a través de esa fábrica de mentiras, que es la televisión cubana, se justifica el hambre y la miseria, culpando la oposición, y el bloqueo americano que aseguran, los disidentes apoyan. Al exilio se culpa de todas las carencias. Este es el mantra oficial desde que comenzó el periodo especial a principios de la década delos 90,y una forma malintencionada de crear división entre la gente.

De tanto que se nos apunta al exilio con el dedo, no es raro que el pueblo en su contacto con la oposición solo vea culpables. Irónicamente, son las remesas de ese exilio que tanto envilecen, las que mantienen Cuba en pie. Hay un dicho popular que uso al describir la relación del cubano de a pie con el exilio y la dictadura. “Quien muerde la mano que le da de comer, lame la bota que lo patea”.

Lo más importante es que todo en Cuba tiene una explicación lógica, incluso la actitud apática del pueblo ante las injusticias. El cubano no es ningún ser excepcionalmente malagradecido, bizarro o psicópata. El cubano es solamente un ser encarcelado en una jaula de represión, y al igual que los perros, es premiado solo si obedece órdenes. Lo mismo pasa con muchos que hacen oposición. En su “teoría de la motivación humana” Abraham H. Maslow lo deja claro. Para que el ser humano pueda hacer ciertas cosas hay necesidades que tienen que estar cubiertas. Si bien no puedes correr sin antes haber aprendido a caminar, tampoco puedes protestar sin tener energías para hacerlo. Los cubanos del exilio no somos en nada diferentes a los de Cuba.

La única diferencia es que ya no tenemos que “cazar la comida” todo el tiempo, aunque sigamos pensando en ella. El pueblo no se revela porque el ser humano para reclamar sus derechos primero tiene que comer. Los pueblos guerreros podrán carecer de muchas cosas menos de alimentos. Es demasiado cínico e insensible pedir al pueblo hambriento que se revele, al mismo tiempo que se pide al gobierno americano que les refuercen el bloqueo que justifica su hambre.

Al escapar de Cuba, escapamos del hambre. Luego disfrutamos nuestra suerte tomando helado viendo el show de Otaola. Una especie de "Hunger Games" desde el confort del exilio, donde se premia al que denuncia la dictadura y se castiga al que calla. Si alguien no lo sabía, es así como se destruyen las causas, con la arbitrariedad de los tribunales populares. A veces pienso que el cubano es oprimido, no solo por la dictadura, también por el exilio. Por eso cuando escuchas las protestas y los actos de repudio, son muchas las veces en que no sabes quién es más cruel, la dictadura o la oposición.

¿Desde cuándo adoptamos los mismos métodos del castrismo? Pienso que la crueldad y las injusticias de mantenerse por décadas han formado el carácter del cubano. Cuando no hay nada nuevo que ofrecer, el pueblo ve en la oposición exactamente lo mismo. Muchos encuentran seguridad en las cosas que no cambian, aunque estas signifiquen seguir pasando hambre y necesidad. El posicionarse en contra de la dictadura debe hacerse de manera diferente, no copiando sus métodos.

La oposición debe simbolizar libertad, no represión. La oposición debe simbolizar democracia, no totalitarismo. La oposición debe simbolizar tolerancia, no censura. La oposición debe simbolizar apertura y cambio, no estancamiento. Pero lo principal es que la oposición simbolice oposición, y le haga el trabajo difícil al castrismo.

Esta pandemia ha demostrado que el apoyar el bloqueo de los Estados Unidos a Cuba en tiempos de crisis mundial, no ha debilitado al castrismo, lo ha reforzado. Lo que si hemos ganado los del exilio es un título nuevo para mostrara los nietos, el de inhumanos. Ya imitamos incluso la forma de decir vivas y consignas. El fenómeno comunista de gritar consignas es algo que no ha envejecido dignamente. Ahora la oposición le está dando inyecciones de Botox.

Lo triste es, que cuando ni siquiera las mismas turbas castristas gritan con entusiasmo, seamos nosotros los del exilio los que más gritemos “ciberclaria”por comando. Se nota que tenemos las barrigas llenas, pero pensar, no lo hacemos. Aún conservamos el trauma que nos dejó el “cazar la comida” en Cuba, algo que fuerzas oportunistas utilizan para su beneficio. Lo que debería unificar al cubano, es buscar mejorías para el pueblo de Cuba, no el temor inducido por intereses políticos de otros países.

La política siempre se nutre de los temores del votante. Para el exiliado esto puede ser el temor al comunismo y el hambre que dejamos en Cuba.Por eso es importante erradicar esas cosas en todas partes.Decir que si a los bloqueos económicos es decir que si a la miseria de los pueblos. El apelar a los temores de la gente es algo que retóricamente se usa en la política de todas partes del mundo.

Durante las elecciones del 2020 se han sobreexplotado esos temores de manera indigna. No es para nada raro que en las caravanas por Trump, la bandera cubana se arrastre por las calles de Miami mientras que la americana ondea. Para muchos esa bandera representa el hambre que pasaron en Cuba. Es conocido que durante la guerra de independencia cubana contra el imperio español en 1895, o la "guerra necesaria" como José Martí la denominó, nunca se permitió que la bandera cubana cayera al suelo, considerándose por aquellos tiempos el peor de los sacrilegios.

Hay un simbolismo enorme que en la guerra contra el castrismo, sea el exilio, en sus caravanas por Trump, el que arrastre la bandera cubana por las calles de todo Miami. Es un simbolismo que solo muestra que hemos capitulado. Tampoco hay mejor forma de mostrar lealtad a los americanos, que no dejar que su bandera toque el piso. El perro siempre lamerá la mano que le da de comer, tanto en Cuba como en el exilio.

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Sandalio el Bolao

Martin Oscarsson( Palma Soriano, 1974), conocido en las redes por Sandalio El Bolao. Sociólogo y analista político sueco de origen cubano. Licenciado en Alimentos en la Universidad de la Habana. Vive en Suecia desde enero de 1997, donde estudió Sociología, Ciencias Sociales

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