Carolina Barrero está en casa: "Fue atroz la violencia con ella esta vez"

Varios activistas confirmaron en la noche del viernes la liberación y el regreso de Barrero a su domicilio: “Fue atroz la violencia con ella esta vez”, aseguró su colega y amiga Yamilka Lafita.

Carolina Barrero lee a José Martí Foto © Facebook / PerséfoneTeatro Cuba

La historiadora de arte y activista política Carolina Barrero fue liberada tras una detención de violencia "atroz" por parte de  la Seguridad del Estado cuando este viernes salía de su casa para dirigirse a la del artista Luis Manuel Otero, en huelga de hambre y sed contra la represión en Cuba.

Varios activistas confirmaron a través de Facebook la liberación y el regreso de Barrero a su domicilio: “fue atroz la violencia con ella esta vez”, aseguró su colega y amiga Yamilka Lafita (Lara Crofs en la red social).

“Seguimos en vigilia por Luis Manuel [Otero] Alcántara”, dijo Lafita finalmente.

El regreso a casa de Carolina también lo dieron a conocer los perfiles de Carolina Sansón, Léster Rafael Zayas y la rapera AfrikReina BV (Yenisleydis Borroto Vega).

Antes de ser detenida, la joven Barrero había escrito públicamente: "Yo también quiero ver a Luis Manuel. No consiento el arresto domiciliario ilegal que me impone un poder que ha perdido toda legitimidad. Porque no tiene legitimidad un gobierno que no respeta el derecho de los ciudadanos por encima de todo bien”.

La víspera, fue detenido junto a Barrera su vecino Joeluis Cerutti Torres, profesor de la Facultad de Física de la Universidad de La Habana, quien salió en su defensa cuando la policía la subió al carro patrullero:  llegó a abrir la puerta del automóvil, mientras gritaba: "¡Basta! ¿No les da vergüenza?". 

"¡Déjenla! ¡Basta de violación a los derechos! ¡Basta! Dejen a Carolina ¡Déjenla!, ¿no les da vergüenza? E buena persona, no es mala, puede ser tu hermana, por el amor de Dios, ¿no les da vergüenza? Esa muchacha lleva 30 días sin salir de su casa, es una intelectual", decía a voz en cuello Cerutti Torres, tal como muestra un video colgado en Facebook por el joven Leonardo Manuel Fernández Otaño. 

Este último —también desde su fe religiosa— volvía a exigir en la red social la liberación de Barrero poco antes de que se conociera la misma: “No me cansaré de buscarla, la quiero intacta".

Decía Fernández Otaño en su post: “cómo no sentirme orgulloso de mi hermano Joeluis [liberado a su vez el viernes en la tarde], el tipo prudente, quien hace de contrapeso a mi ser pasional, el hombre de fe, el maestro paciente, el científico constante. Desde que decidimos en silencio movidos por nuestra fe apoyar a Carolina Barrero, una mujer excepcional de quien hace unos días ya hablé, éramos conscientes de los riesgos”.

“Pero si seguimos a un Crucificado”, prosiguió, “que se la jugó por el otro, como no ayudar en el encierro impuesto a Carol. Nunca creí, que fuera capaz de gritar, porque detesto los gritos y los escándalos, pero hoy sentí tanta impotencia, que fue el único modo. Grité Dios te salve Virgen del Cobre”.

Fernández Otaño lanzó además estas preguntas: “Dónde quedan nuestros derechos, donde están los sentimientos de aquellos que nos violentaron hoy, por qué quienes se atreven a disentir tienen que ser despojados de su condición humana”.

Aún no hay testimonio público de Barrero sobre su detención de este viernes, cuando decenas de activistas fueron reprimidos, detenidos o limitados en sus movimientos por agentes del gobierno luego de que el Movimiento San Isidro convocara a la protesta pacífica en apoyo a Luis Manuel Otero.

El periodista independiente Héctor Luis Valdés Cocho sí denunció la violencia sufrida durante su arresto arbitrario: “Fui detenido al salir de mi edificio por el mismo agente de la Seguridad del Estado que en el día de ayer saltó como león hacia mi teléfono. Fui trasladado hacia la unidad del Cerro (Infanta y Manglar), y de ahí hacia la estación de San Miguel del Padrón”, escribió en su cuenta Facebook.

“Todo ese tiempo”, aseguró, “con las esposas sumamente apretadas, les gritaba que por favor me las aflojaran, que me dolía mucho y el agente les ordenaba a los uniformados que me las apretaran más; un estado de terror en todo el sentido de la palabra”.

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