Putin revive la Crisis de Octubre para alardear frente a Biden

La revolución castrista, pese a sus reiterados alardes de independencia y soberanía, llegó a tener 20.000 militares soviéticos en suelo cubano; una afrenta a la nación, que sumada a la Base Naval de Guantánamo, convirtió a Cuba en moneda de cambio entre potencias, durante la Guerra Fría y hasta los comienzos del siglo XXI.

Portada del periódico Revolución, octubre de 1962 Foto © Periódico Revolución

El autócrata Vladímir Putin, cuestionado en Occidente por la represión comunista contra opositores e internamente por la esquizofrenia económica de zares neobolcheviques contra proletarios; ha tirado de manual del KGB para calentar la cita de este miércoles con el presidente norteamericano, Joe Biden, haciéndose un Fidel Castro en la Crisis de Octubre de 1962.

"Retiramos nuestra base de Cuba", dijo Putin, pese a saber que manipulaba, pues los militares rusos se fueron de Cuba en 2002, cuando se desmanteló el centro de radioescucha de Lourdes, reconvertida por Fidel Castro en la Universidad de Ciencias Informáticas (UCI), que ahora sirve, además, como centro de observación epidemiológica de cubanos sospechosos de haberse contagiado con coronavirus.

El problema que tienen los alardes del judoka Vladímir es que Joe es un consumado jugador de ajedrez con memoria geopolítica de elefante, como demostró este lunes con su desplante el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, Secretario General del partido socialista que dejó tirado a los norteamericanos en Afganistán, por irresponsabilidad y traición a acuerdos de la OTAN de aquel optimista antropológico, Rodríguez Zapatero, ahora enredando en Venezuela, apoyando al genocida Maduro.

Y la otra cuita del presidente ruso es que Biden ha ordenado una investigación a fondo de los ataques sónicos contra diplomáticos estadounidenses y de Canadá en La Habana, de los que varias fuentes apuntan a Moscú y costó la cabeza política-militar del coronel Alejandro Castro Espín y parece que el ruso pretende enfriar el microondas antes que los americanos lo muestren al mundo civilizado.

Lourdes sobrevivió al colapso de la Unión Soviética por  intereses estratégicos de la nueva Rusia, que no quiso cerrar la base que le proporcionaba el 75% de la información militar de Estados Unidos; y donde Moscú espió los planes de guerra de Estados Unidos contra Irak, en 1991.

La decisión de desmantelar la base de Lourdes fue anunciada por el presidente ruso semanas después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, esgrimiendo razones económicas -el Kremlin pagaba entonces 200 millones de dólares anuales por el alquiler y uso de las instalaciones- aunque la medida fue interpretada como parte de la política de acercamiento de Vladímir Putin a la Casa Blanca, dirigida entonces por George W. Bush.

La decisión sorprendió a La Habana porque, en 1999, Lourdes fue ampliada con tres nuevas antenas, en correspondencia con un contrato bilateral que expiraba en el año 2004, y Fidel Castro -que ya había pregonado a los cuatro vientos que su revolución no la había regalado el Ejército Rojo- discrepó, otra vez, de una iniciativa moscovita y consideró que retirar el centro era "un mensaje y una concesión del Gobierno de Estados Unidos", con grave riesgo para Cuba.

El Gobierno cubano ironizó el anuncio público de Moscú de cerrar Lourdes, sin haberse puesto de acuerdo, previamente con La Habana; como ocurrió en 1962, tachándolo de "obsequio especial" de Putin a Bush.

Pero Castro hizo de tripas corazón y mandó a un contingente a construir la universidad del software y ciberclarias cubanos, de manera simultánea al desmontaje, por personal ruso, de cientos de toneladas de antenas y equipos de escucha; operación que finalizó el 30 de agosto de 2002, cuando el último de los aviones cargueros AN-124, despegó de La Habana, pilotado personalmente por el entonces comandante jefe de la aviación de transporte rusa, Teniente General Víctor Denisov.

El gigante Antonov puso fin a 38 años de historia de Lourdes, la instalación soviético-rusa de espionaje electrónico más grande, fuera de sus fronteras que -al momento de su cierre- albergaba a 1.500 técnicos y espías rusos, vigilados de cerca por la Contrainteligencia Militar cubana, ya superado el trauma de que Moscú no creía en lágrimas.

Lourdes fue construida después de la Crisis de Octubre, por el servicio de espionaje militar soviético, que la inauguró en 1964, con una dotación de 850 técnicos, que luego aumentaron a 2.000, antes de reducirse a 1.500, tras la desintegración de la Unión Soviética.

La revolución castrista, pese a sus reiterados alardes de independencia y soberanía, llegó a tener 20.000 militares soviéticos en suelo cubano; una afrenta a la nación, que sumada a la Base Naval de Guantánamo, convirtió a Cuba en moneda de cambio entre potencias, durante la Guerra Fría y hasta los comienzos del siglo XXI.

Putin ha pretendido rugir haciéndose un Castro, casi 59 años después de la Crisis de Octubre, subestimando a Biden, que derrotó electoralmente a su aliado Donald Trump y mantiene en el congelador a los palacios de la Moncloa y Revolución, para inquietud de socialistas españoles sensatos y nerviosismo de agentes de influencia tardocastrista disfrazados de académicos; de intelectuales en forrajeo activo de dólares y viajes y esa conmovedora brigada de gusañeros y cubanófilos creídos que Cuba es el ombligo del mundo, donde, este miércoles, Joe le va a poner el termómetro a Vladímir.

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Carlos Cabrera Perez

Periodista de CiberCuba. Ha trabajado en Granma Internacional, Prensa Latina, Corresponsalías agencias IPS y EFE en La Habana. Director Tierras del Duero y Sierra Madrileña en España.

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