MIPYMES y el carácter secundario de la iniciativa privada en la economía cubana

“En la concreta, hoy nosotros estamos funcionando esencialmente a través del trabajo por cuenta propia”, dijo el ministro de Economía de Cuba Alejandro Gil Fernández.

Dulcería privada Foto © CiberCuba

Tras 15 meses de pandemia en Cuba y todos los estragos asociados a esta, más la pésima gestión administrativa del gobierno cubano, las autoridades anunciaron recientemente que las pequeñas y medianas empresas, también llamadas PYMES, serían autorizadas en la isla.

Esto es otorgar personalidad jurídica a iniciativas económicas de cuentapropistas cubanos que ya funcionan como PYMES pero que no cuentan con reconocimiento jurídico para ejercer como tal. Más allá de lo tardía de la decisión y de la crisis económica en Cuba, el proceso de legalización de la actividad por cuenta propia que incluya el empleo de varios trabajadores aún parece demorar; proceso en el que, como era de esperarse, hay ciertas restricciones.

“En la concreta, hoy nosotros estamos funcionando esencialmente a través del trabajo por cuenta propia”, dijo el ministro cubano de Economía y Planificación Alejandro Gil Fernández durante la Mesa Redonda del pasado viernes, quien reconoció la importancia de los más de 600 mil emprendedores cubanos en la economía del país.

Al mismo tiempo, Gil aclaró que se pretende crear un clima de competencia entre la gestión privada y la gestión estatal, aunque dándole prioridad a las empresas del Estado.

La nueva estrategia pretende categorizar a los empresarios en dependencia de la cantidad de trabajadores que empleen. Cuentapropista que tenga más de un trabajador contratado, tendrá que integrarse al esquema de las MIPYMES, como lo ha llamado el discurso oficial, que incluye las micro, pequeñas y medianas empresas.

Con la disminución dramática de la actividad turística y la reducción del flujo de remesas, así como de los ingresos por concepto de venta de profesionales en el exterior, las PYMES adquieren una importancia que, asegura el ministro, no debe verse como una "válvula de escape", sino como una alternativa económica a largo plazo.

¿Suena a déjà vu? En efecto, algo similar sucedió en la década del noventa del siglo pasado. Se reconoció la actividad por cuenta propia y luego se cerraron la mayoría de los paladares que dieron de comer, literalmente, a miles de cubanos tras el colapso económico que trajo el derrumbe del campo socialista.

¿Qué hay de nuevo en el contexto actual?

¿Qué nos dice que ahora los emprendedores sí podrán trabajar sin temor a que sus bienes y su esfuerzo sean confiscados, como sucedió en los noventa, como pasa en la actualidad, y como ya había sucedido en los años 60?

¿Por qué las PYMES son tan importantes para sacar a la economía cubana del bache o cráter lunar en el que ha estado anegada por años?

La situación parece ser más compleja ahora que treinta años atrás. Cuba ya está insertada en la economía mundial, ya echó mano al turismo, vendió sus profesionales en el extranjero, dolarizó su economía y ya ha probado el mal sabor de apostar todo a par de renglones económicos, incluso en medio de una pandemia.

Esta vez, sin embargo, no aparecen beneficiarios en el horizonte que estén dispuestos a asumir lo que en su día asumieron la URSS o Venezuela. Rusia y China saben que Cuba acostumbra a romper compromisos contractuales y no quieren impagos. Europa también lo sabe.

Potenciar la actividad económica privada a través de las pequeña y mediana empresas permite que haya más radio de acción para los empresarios, revitaliza la producción y los servicios y provee fuentes de empleo.  Pero no es esto precisamente lo que parecen ofrecer las autoridades cubanas.

La constante obsesión del Estado cubano por controlarlo todo no parece dejar mucho margen para que este tipo de empresas florezca en el país y contribuya no solo al desarrollo de la economía cubana, sino a generar fondos para programas sociales a través de contribuciones y responsabilidades tributarias asociadas.

Una vez más, la necesidad de recurrir a empresarios o cuentapropistas surge en medio de una crisis económica. Solo el tiempo dirá la suerte que correrán sus negocios una vez rebasada la depresión actual.

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Annarella Grimal

Annarella O'Mahony (o Grimal). Aprendiz de ciudadana, con un título de Máster otorgado por la Universidad de Limerick (Irlanda). Ya tuvo hijos, adoptó una mascota, plantó un árbol, y publicó un libro.

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