Tardocastrismo sin Inteligencia ni Contrainteligencia

Para el fin de semana, el tardocastrismo anunció actos de reafirmación revolucionaria en toda Cuba, con la engañifa de Marchas por la paz; una trampa para provocar a los descontentos a que también se manifiesten y generar enfrentamientos, aparentando ser víctimas y no victimarios; el gobierno sigue jugando con fuego, apostando por la violencia y no por la calma y la política en mayúsculas.

Acto por el 60 aniversario del Ministerio del Interior Foto © Presidencia de Cuba

Tras haber aniquilado la Inteligencia, con recientes pifias frente a Estados Unidos y Colombia, el 11J ha destrozado el Orden Interior y a la Contrainteligencia, que no previó la magnitud de la ira popular, dejando en ridículo a Díaz-Canel y al Comandante de la Revolución Ramiro Valdés Menéndez y -peor aún- provocando el llamado a la guerra civil del presidente, que deberá asumir el coste político y judicial de su tropelía ante los cubanos y el mundo.

Recientemente, el Ministerio del Interior (Minint) celebró sus 60 años, pero tenía pocos motivos para celebrar porque sus últimos 32 años han estado marcados por fracasos como los ataques sónicos contra diplomáticos extranjeros en La Habana, la caída de la red Avispa y Ana Belén Montes; a los que se añaden errores de evaluación política frente a Washington y Bogotá.

La debilidad del Ministerio del Interior no es asunto menor ni doméstico porque afecta convenios con Estados Unidos en materias sensibles como narcotráfico, trata humana y lavado de dinero; y cualquier desempeño errático en estos frentes, deteriorará aun más la relación bilateral.

Para el fin de semana, el tardocastrismo anunció actos de reafirmación revolucionaria en toda Cuba, con la engañifa de Marchas por la paz; una trampa para provocar a los descontentos a que también se manifiesten y generar enfrentamientos, aparentando ser víctimas y no victimarios; el gobierno sigue jugando con fuego, apostando por la violencia y no por la calma y la política en mayúsculas.

El régimen actúa como un grumete bisoño, pues frente a la reacción popular debe responderse con mesura y desinflamar tensiones, en vez de alentarlas con palos y mentiras; sabiendo que no van a poder encarcelar a toda Cuba y que son incapaces de abastecer de comida, medicinas y aseo a la población, de ahí la jugada de intentar apropiarse de la propuesta opositora de canales humanitarios

La Contrainteligencia fue sorprendida por los movimientos San Isidro y 27N, quemando al manoteador ministro de Cultura; y la nación sufre un aumento notable de la violencia, incluidos 22 mujeres asesinadas, y de la actividad delictiva, incluida la corrupción estatal, que intentó atajarse con reportajes positivistas de televisión, cuando coleros, receptadores y revendedores actúan en complicidad con policías y oficiales del Departamento Técnico de Investigaciones (DTI).

El 11J acabó abrasando a la Contrainteligencia por su incapacidad para prever las masivas protestas debido a sus carencias operativas y su obsesión represiva contra la oposición interna, cercada absurdamente en sus propias casas y detenida el domingo de autos, pero minoritaria en comparación con el tsunami popular que puso contra las cuerdas al tardocastrismo y lo desnudó ante el mundo, pese a las reticencias de rosados como Bachelet, el Frente Amplio, Sánchez, Trudeau y Borrell de condenar a la dictadura más antigua de occidente.

El tardocastrismo, que ha quedado noqueado políticamente -legitimidad nunca ha tenido- no muestra propósito alguno de rectificación y ha ordenado al ministro del Interior, inexplicablemente todavía en su puesto, que la Contrainteligencia construya una leyenda para vincular a los rebelados con opositores y Estados Unidos; una tesis que caerá por su propio peso, pues la sublevación carece de liderazgo político por su carácter espontáneo y la incapacidad de la oposición anticastrista para capitalizar  políticamente el descontento de la mayoría de los cubanos y de las arcas de la CIA para pagar a tantos cubanos rebeldes.

La otra teoría absurda es el intento gubernamental de tapar el descomunal fallo de Contrainteligencia con coronavirus, apagones y carencias materiales, que solo fueron catalizadores de la protesta, donde el grito más repetido fue ¡Libertad!; los cubanos sufren escasez crónica desde 1968, cuando Fidel Castro expropió hasta los carritos de granizados y convirtió a los ciudadanos en dependientes del estado Made in CCCP.

A la derrota de la Contrainteligencia, antecede la destrucción de la Inteligencia, perpetrada en 1989 por los secuaces de Raúl Castro, que evaluaron mal el deshielo Obama, apostaron por la victoria de Hillary Clinton y se encontraron de frente con Donald Trump, volvieron a equivocarse creyéndose el discurso electoral de Biden, hasta tal punto que movilizaron a sus agentes de influencia, disfrazados de académicos, y gusañeros para dar rienda suelta a su utopía anexionista, que acabó en chasco, pese a los esfuerzos del ala izquierda del Partido Demócrata.

Una cosa es la propaganda oficial y otra muy distinta la realidad política; y el departamento Estados Unidos de la DI no pone una desde la época mítica de los Barbarroja, Méndez, Oberto, Sánchez-Parodi, Rolo,  Boajasan Marrawi, Adelfa o el propio Cabrisas, que se habrá quedado de piedra cuando se enteró de la pifia reciente frente a Colombia, jugueteando con los restos del ELN, para enfado de Bogotá, Noruega y la Casa Blanca.

La crisis de Cuba es grave porque el tardocastrismo se ha quedado solo frente a una terrible disyuntiva: Democratizar o morir matando; que forma parte del ideario de algunos camilitos y cadetes beneficiados materialmente y promovidos por Raúl Castro a los principales cargos en el Minfar, para garantizarse obediencia ciega, sabiendo de la pasión por Siria de varios de esos generales y coroneles.

El ministro de Interior debe poner un warning a veteranos de la revolución cubana, incluidos generales y coroneles jubilados de las Far y el Minint, que están que trinan con las boberías solemnes del gobierno, como decir que los sublevados están pagados por la CIA y la contrarrevolución; y esos viejos derrotaron a Estados Unidos y protegieron las vidas de Fidel y Raúl Castro, arquitectos del desastre de la nación.

El General de Ejército llevará penitencia hasta que muera, en su pecado de desplazar a todo lo que oliera a Fidel para sacudirse el estigma de patico feo que -creyéndose ya príncipe- desaprovechó la mano tendida de Obama, dejó la seguridad nacional en manos de su suicida hijo varón, hasta el explote sónico, y aupó a personajes como el escondido López-Calleja, Díaz-Canel y Marrero Cruz, carentes de madurez política y buenos modales,  hasta el punto de empapar sus guayaberas con sudores de pánico y lanzar frases resonantes en el eco vacío que los atormenta.

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Carlos Cabrera Perez

Periodista de CiberCuba. Ha trabajado en Granma Internacional, Prensa Latina, Corresponsalías agencias IPS y EFE en La Habana. Director Tierras del Duero y Sierra Madrileña en España.

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