Fábrica cubana ha producido 250 mil nasobucos y ninguno ha sido comercializado

Las máquinas para la producción de cubrebocas fueron vendidas a la isla por Lway Aboradan, un ciudadano sirio radicado en Cuba.

Fábrica de mascarillas en Matanzas Foto © Periódico Trabajadores

La puesta en marcha y comercialización de la primera fábrica de mascarillas de Cuba, con sede en la provincia Matanzas, ha sido un rotundo fracaso a solo tres meses de iniciado su funcionamiento: en ese tiempo se han producido más de 250.000 cubrebocas pero no se ha comercializado ni uno.

Un trabajo investigativo del diario local Girón revela que esa entidad, que entró en funcionamiento hace tres meses gracias a la gestión de la empresa de textiles Unimoda con un empresario sirio con históricos vínculos con la isla, tiene en sus almacenes más de 250.000 mascarillas, pero no "ha comercializado el primer nasobuco".

El rotativo explica que entre las causas de la demora en comercializar el producto aún en el pico pandémico que sufrió la provincia y el país entero, se encuentran irregularidades de la puesta en marcha de la fábrica (que preveía producir 120 nasobucos por minuto), y que truncaron incluso la posibilidades de exportación con países del área, interesados en la compra de casi 4.000.000 de mascarillas.

Otro inconveniente ha sido la forma de pago en MLC, moneda en la que se adquiere la materia prima: "Hicimos nuestros cálculos y hay un por ciento que podemos venderle a la población, es decir, que cada tres mascarillas que vendamos en MLC podemos venderle una mascarilla a la población", explicó al respecto Maribel Rodríguez Argüelles, directora general de la entidad.

A inicios de año Unimoda, perteneciente al Grupo Empresarial Gardis, anunció con "bombo y platillo" que en marzo comenzaría a confeccionar mascarillas desechables, higiénicas y quirúrgicas, destinadas a la protección contra el coronavirus.

Rodríguez Argüelles dijo entonces que la moderna tecnología, la primera de su tipo en el país, permitiría elaborar, esterilizar y empaquetar unas cien unidades por minuto en dos líneas de trabajo, que en total darán un resultado de unas 84 mil mascarillas por cada turno laboral de ocho horas.

Sin embargo, para septiembre el Gobierno de Cuba todavía no conseguía estabilizar la producción de la fábrica por cuestiones burocráticas y la evidente ineficiencia de los procesos productivos cubanos.

La administradora de la fábrica, Liudmila Pérez Montero, contó que las máquinas para la producción de cubrebocas fueron vendidas a la isla por Lway Aboradan, un ciudadano sirio radicado en Cuba, quien dio varias ventajas al gobierno e incluso aceptó el pago de los equipos en moneda nacional en nombre de una "deuda de gratitud" con el país, que le facilitó estudios.

Aboradán afirmó que él garantizó a Cuba seis meses de producción a razón de 120 mascarillas por minuto con cada máquina de las dos traídas a la isla, lo cual en una jornada laboral de ocho horas se traducen en 1.500.000 mascarillas por mes.

Comentó que en los inicios del proyecto Cuba compró 2 000 000 de mascarillas a unos 48 centavos dólar como promedio, unos $960.000 dólares en total. Sin embargo, esa cifra se habría reducido a $160.000 dólares si se hubiesen producido las mascarillas en la isla. 

El artículo de Girón critica que por la falta de gestión e ineficiencia en la distribución se almacenan las mascarillas en un depósito de Matanzas, aún cuando la demanda persiste en el país, donde los cubanos deben pagar 25 pesos cubanos por un cubrebocas, casi cinco veces del precio estimado para la venta por Unymoda.

Entre junio, julio y agosto Matanzas sufrió el cuarto rebrote de Covid-19 y por varias semanas fue epicentro de la pandemia en la isla, sin embargo los pobladores de la provincia no contaron con acceso a mascarillas. 

"En dicho tiempo la fábrica ya se encontraba en funcionamiento. No obstante, ni un solo cubrebocas se empleó para contribuir a la protección de los médicos o de la población. Además, a menos de 500 metros de esta unidad del Grupo Gardis radica uno de los centros de aislamiento más importantes del territorio, el de la Universidad de Matanzas", criticó el medio de prensa. 

Las mascarillas caseras han sido la principal opción con que cuenta la población cubana para protegerse del coronavirus, ante la falta de otras más especializadas y realmente óptimas.

Desde que al comienzo de la epidemia el gobierno informara que no disponía de estos accesorios en cantidad suficiente para venderles a la ciudadanía, la gente empezó a hacerlas con recursos propios.

Las autoridades sanitarias han recomendado que no se usen por más de tres horas y que luego se laven con agua y jabón, y se planchen o se tiendan al sol. Ello implica que cada persona debe tener más de un nasobuco disponible.

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