Una de las cinco mejores policías del mundo muestra su brutalidad en Villa Clara

La policía castrista no está preparada para los retos de Cuba emergente.

Acto de ascenso y condecoración a policías en Villa Clara Foto © Francisnet Díaz Rondón / Vanguardia

Una de las cinco mejores policías del mundo, según el ranking de un interrogador de la Seguridad del Estado, acaba de mostrar su brutalidad en una residencia universitaria en Santa Clara, golpeando a estudiantes de Medicina sudafricanos, que alteraron el orden con una fiesta de cumpleaños.

En cualquier residencia estudiantil del mundo, jóvenes pasados de tragos alborotan, escuchan música a gran volumen y lanzan objetos y, en la mayoría de los casos, no hace falta intervención policial porque los propios empleados de la instalación saben manejar la situación; pero cuando llaman a la policía, los agentes no reparten golpes, sino que aplican fórmulas para calmar ánimos, identificar a los más ruidosos y/o violentos y reprimir con proporcionalidad.

Las prisas de un reportero estatal en ofrecer explicaciones en redes sociales, acredita la desproporción de la policía cubana abofeteando a estudiantes sudafricanos, que son los grandes excluidos del reporte de urgencia, organizado por el departamento Ideológico y la Seguridad del Estado en Villa Clara.

Habitualmente, cuando se reportan hechos como el ocurrido este domingo, se ofrecen la versión de todas las partes; sobre todo, cuando hay agresores y agredidos; pero el ágil reportero obvió incluso unas imágenes reveladoras: Policías negros golpeando a estudiantes negros.

Los agredidos reaccionaron mal a la entrada de galletas que le propinó la policía, gritando que Cuba es una mierda; no; que el gobierno y la policía de una nación sean erráticos, no significa que se pueda ofender a todos los cubanos y al país, que vende una parte de su matrícula universitaria a extranjeros, desplazando a nacionales; como es habitual en el castrismo; y si no están contentos en la isla, que se vuelvan a su país.

Sudáfrica es un aliado estratégico para el gobierno cubano al que paga generosamente por contratos militares, sanitarios, educativos y de emergencia anti Covid-19; por tanto, los alborotadores -siempre que sean miembros de tribus y no hijos de dirigentes del ANC- serán expulsados con discreción y brevedad, o al menos dispersados en otras provincias, para no perder ingresos en dólares norteamericanos por venta de carreras universitarias.

Y nadie debía extrañarse porque en las próximas horas, haya declaraciones o actos sobre la hermandad entre los gobiernos de Cuba y Sudáfrica, recalcando que el incidente de Villa Clara fue un hecho aislado; incluso es probable que escogidos estudiantes sudafricanos participen en los Días de la Defensa por venir, porque La Habana lleva meses pidiendo dólares por señas y el presidente Biden dio otra vuelta de tuerca  a las ansiadas remesas.

Obviamente, la policía cubana está nerviosa desde la rebelión popular del 11 de julo y en vísperas de la marcha del15N; pero su alteración no justifica la desproporción en sus intervenciones policiales; al contrario, debía mostrar prudencia y sensatez operativa ante los retos de orden público, y profesores universitarios debían rehusar ser utilizados por la dictadura más antigua de Occidente, contaminando sus trayectorias con procedimientos de urgencia, como el delator Fernando.

El 26 de noviembre de 1952, un grupo de jóvenes antibatistianos, encabezados por José Antonio Echeverría, se lanzó al estadio del Cerro en protesta contra la tiranía de Batista, con el propósito de convocar al pueblo para el día siguiente, a un acto de condena en la escalinata de la Universidad de La Habana.

Los policías presentes en el estadio, irrumpieron en el terreno para intentar golpear a Manzanita y demás miembros de la FEU, pero el ampaya Amado Maestri se interpuso, protegiendo a los estudiantes, porque en el diamante, mandaba el; y los uniformados tuvieron que esperar a que salieran del estadio para detenerlos.

Menuda diferencia con los burócratas de la Facultad de Medicina de la Universidad Marta Abreu, que llamaron a la policía para que reprimiera a sus estudiantes alborotadores.

Las carencias de la policía cubana vienen de lejos, cuando se copió el modelo soviético; fortaleciendo las fronteras y descuidando el orden interior y sustituyendo a oficiales investigadores experimentados por el mágico olfato de pastores alemanes; las sucesivas crisis económicas comunistas provocó la marcha de policías formados a trabajos más rentables y parte de las nuevas promociones es corrupta y pacta sobresueldos con delincuentes.

Ya ni siquiera el DTI es garantía de eficacia policial y los casos importantes de corrupción son asumidos por Villa Marista, sede de la dirección de Operaciones (G-2) de la Seguridad del Estado; por tanto, poco puede esperar Cuba de una policía escasa de cerebro operativo, permeada por corruptelas y presta a incendiar los conatos de violencia, en vez de aplacarlos; quizá imitando a su comandante en jefe, el presidente Díaz-Canel, que llamó a la guerra entre cubanos, el 11 de julio.

La disfuncional e injusta policía es consecuencia directa del desastre que el castrismo infligió a Cuba, incluida la destrucción del Ministerio del Interior, a manos de los enviados de Raúl Castro, obsesionado con apoderarse de la única parcela de poder que no controlaba.

La policía cubana no está capacitada para afrontar lo retos de una sociedad en ebullición y golpeada por la ausencia de libertad, alimentos, medicina y sosiego; si el 11 de julio, Díaz-Canel hubiera tenido el coraje político de destituir al ministro del Interior y a la cúpula de la Contrainteligencia, habría establecido las reglas de una necesaria renovación del MININT, pero se puso a inventar conspiraciones de Estados Unidos y a tolerar que el general de división Luis Alberto Rodríguez López-Calleja usurpe espacios en su acelerada operación limpieza; así le va; y a Cuba peor.

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Carlos Cabrera Perez

Periodista de CiberCuba. Ha trabajado en Granma Internacional, Prensa Latina, Corresponsalías agencias IPS y EFE en La Habana. Director Tierras del Duero y Sierra Madrileña en España.

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