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Tardocastrismo asume desfachatez como modo de gobierno

El descaro obedece a la necesidad de la dictadura de solapar la condena del Comité contra la Tortura de Naciones Unidas por juicios del 11J, la explosión del Saratoga, la instigación de la avalancha migratoria y su permanencia en la lista de países patrocinadores del terrorismo.


Este artículo es de hace 1 año

El tardocastrismo -en crisis terminal- asume la desfachatez como forma de gobierno; imitando a pícaros ladrones que suelen gritar ¡ataja!, cuando se sienten descubiertos e intentan desviar la atención, para huir en medio de la algarabía; porque la casta verde oliva y enguayaberada sigue leyendo mal las señales de Cuba y Estados Unidos.

Las inoportunas y desiguales doce medidas de la administración Biden han sido mal leída por La Habana que, del agazapamiento ha saltado a la ofensiva propagandística sobre la Cumbre de las Américas, que pretendía torpedear con el envío de 23 soldados, disfrazados de miembros de la sociedad civil, algo que no existe en Cuba desde 1968; y felizmente abortada por la Casa Blanca, que mantiene al tardocastrismo como patrocinador del terrorismo.

La dictadura más antigua de Occidente necesita desviar el foco sobre el 11J, que le ha costado la condena e investigación del Comité contra la Tortura de Naciones Unidas, pidiendo el castigo de los represores violentos; de los más de mil presos políticos en sus cárceles, del simbombazo mortal del Saratoga, fruto de la ineficacia verde oliva; de su suicida avalancha migratoria contra Estados Unidos y de los apagones, consecuencia de su bancarrota económica.

Los presos exhibidos en la televisión estatal cubana, como defensores del ideario fidelista y martiano, son el penúltimo esperpento de una tiranía agotada y cercada por sus propias incoherencias; que recuerdan al chiste del cubano que dudó ante Fidel Castro si, para el ahorcamiento colectivo y voluntario, tendrían que poner la soga o iban a repartirse por los comités.

La explosión del Saratoga apunta directamente a Gaesa, por negligencia, y la estrategia tardocastrista consiste en imitar la asumida tras el accidente del avión mexicano alquilado por Cubana de Aviación y la ola de mortalidad por coronavirus; dejar que el tiempo pase y propiciar noticias que contribuyan al olvido de tantas muertes injustas.

La avalancha migratoria, concebida como un acto hostil, es el penúltimo episodio de descapitalización humana ejecutado por el comunismo de compadres, que sueña con un país envejecido y dependiente de las remesas de sus hijos y nietos emigrados; privilegiando la construcción de hoteles de lujos sobre la financiación de la salud y la atención a la vejez; pese a que muchos ancianos dieron los mejores años de sus vidas a la revolución cubana.

El tardocastrismo encadena fracasos consecutivos desde los movimientos San Isidro, 27N, 15N; la contundente respuesta de los cubanos a su paquete neoliberal de engañoso Ordenamiento; y la actual cascada de apagones; con el verano a la vuelta de la esquina, que machaca a los ya maltratados cubanos, que debieran evitar caer en provocaciones pueriles de mandarines y sirvientas con cerebros de estropajo.

A la algarabía del ladrón descubierto se reduce la estrategia política del dúo formado por Miguel Díaz-Canel Bermúdez y Luis A. Rodríguez López-Calleja, que siguen sin conseguir legitimarse porque son exitosos liberticidas, hambreadores y saqueadores; en franca emulación socialista por conseguir ser el más despreciado por la mayoría de los cubanos.

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Artículo de opinión: Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de CiberCuba.

Carlos Cabrera Pérez

Periodista de CiberCuba. Ha trabajado en Granma Internacional, Prensa Latina, Corresponsalías agencias IPS y EFE en La Habana. Director Tierras del Duero y Sierra Madrileña en España.


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