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Crítico de arte sobre La Habana: "Lo que encuentro mayoritariamente son ruinas, tristeza generalizada"

"Esos desamparados se convierten en una de las evidencias más sensibles del enorme fracaso que algunos insisten en negar", sentenció.

Mendigo en La Habana © Facebook / Jorge Gómez de Mello
Mendigo en La Habana Foto © Facebook / Jorge Gómez de Mello

Este artículo es de hace 1 año

El crítico cubano de arte contemporáneo Jorge Gómez de Mello lamentó las “ruinas y tristeza generalizada y una marea de personas con aspecto de indigentes luchando por adquirir lo imprescindible para subsistir” en La Habana.

En todas las imágenes adjuntas al texto que compartió en su perfil de Facebook, el intelectual sexagenario muestra a otros paisanos, probablemente de su misma generación, que piden limosnas en las calles.

Con cierta nostalgia por la vida citadina y el esplendor comercial de los años 1950 en Cuba, el también curador de arte se remontó a las navidades de su infancia y desde su perfil de Facebook expuso las dicotomías y similitudes entre entonces y ahora.

“Se respiraba un ambiente festivo muy singular y a pesar de que éramos una familia humilde mis padres me llevaban, junto a mi hermana pequeña, a comprar regalos y disfrutar el espectáculo que ofrecían las tiendas de las calles Obispo, Reina, Monte, Galiano y San Rafael, que exhibían sus productos en vidrieras especialmente iluminadas y adornadas con motivos navideños”, recordó.

Al mismo tiempo, menciona la otra cara de la moneda, los mendigos a la salida de las tiendas, entre los que había niños, así como su reacción ante la injusticia y la actitud de sus padres quienes se involucraron en el proceso revolucionario tras el derrocamiento del dictador Fulgencio Batista

“De nuevo los oí hablar de cambios y justicia convencidos ahora de que el futuro sería diferente, porque, entre otras muchas promesas, los nuevos gobernantes afirmaban que nadie quedaría desamparado”, resaltó.

Sin embargo, 20 años “de sacrificios e ilusiones” después, aun el salario no alcanzaba, las tiendas estaban vacías y los productos continuaban racionados, como dijera un amigo suyo que lo invitó a sumarse al éxodo de los años 80.

Facebook / Jorge Gómez de Mello. Captura

“Le respondí altanero y utópico que me daba cuenta de todo, pero que yo recordaba a los mendigos pidiendo limosnas y durmiendo en las calles de La Habana de mi infancia, y a pesar de todos los problemas que tenemos ya no existían ese tipo de injusticias. Terminé la conversación diciéndole que si el precio para que en Cuba no hubiera más indigentes era que debíamos cobrar salarios bajos o que no podría comprarme un carro, yo estaba dispuesto a pagarlo”, señaló.

Incapaz de comprender los argumentos de su amigo en aquel momento y dispuesto a continuar apostando por lo que él creía que era un proyecto noble, Gómez permaneció en la isla. No obstante, explico, poco después enfrentó la realidad.

“Me di cuenta de cuan equivocado estaba, pues no es necesario eliminar unos derechos para establecer otros, y sobre todo porque no puede haber justicia social ni bienestar económico sin libertad para luchar por ellos, participar en su implementación y garantizar su funcionamiento”, aseguró.

El también egresado de la Universidad de La Habana reflexiona que el periodo prenavideño de la Cuba de 2022 de alguna manera lo transporta a “aquella Habana alegre, elegante e injusta” de su niñez.

“Han pasado sesenta y tantos años y al caminar ahora por las arterias comerciales de la que en su momento fue la ciudad más pujante del Caribe, lo que encuentro mayoritariamente son ruinas, tristeza generalizada y una marea de personas con aspecto de indigentes luchando por adquirir lo imprescindible para subsistir”, dijo.

Para el crítico de arte, la mendicidad que pulula en las calles de La Habana, así como el deterioro de sus tiendas y de sus calles son un fiel reflejo del colapso del país.

“Es en momentos como estos que, impulsado por la costumbre de dejar testimonio, saco el celular para tomar algunas fotos. Pero como si me hubiera dado un golpe en pleno rostro, en esta ocasión tropecé de frente con una nueva generación de mendigos tirados entre los sucios restos de los que un día fueron elegantes comercios repletos de mercancías. Al extender sus manos para pedirnos comida o unas monedas de nuestro inservible dinero, esos desamparados se convierten en una de las evidencias más sensibles del enorme fracaso que algunos insisten en negar”, sentenció.

Las denuncias de desamparo a personas vulnerables han ido in crescendo en los últimos años, una situación especialmente compleja tras el fiasco del ordenamiento económico con la imposición de una moneda virtual prohibitiva para los cubanos de a pie (MLC) y la inflación galopante en la isla.

En septiembre, Enio Ángel Vega Catá, un cubano que perteneció por 14 años a las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), denunció al sitio Cubanet que en la actualidad vive como un mendigo, sin hogar, y abandonado por los servicios sociales y las autoridades cubanas.

Asimismo, otros cubanos han reconocido a Diario de Cuba que no desayunan y apenas pueden tomar leche por falta de recursos, mientras el gobierno ha suspendido beneficios de asistencia social y dietas médicas para ancianos y pacientes con enfermedades crónicas.

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