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El régimen de La Habana arremetió este martes contra el jefe de la Embajada de Estados Unidos Mike Hammer, a quien acusó de estar "tejiendo una agenda anticubana".
A través de un artículo publicado en el medio oficialista Razones de Cuba bajo el título "Tejiendo la red anticubana: La agenda de Hammer", el texto refleja la postura del gobierno, que insiste en presentar cualquier diálogo diplomático de Washington con sectores disidentes como una supuesta conspiración de desestabilización.
El artículo -que surge tras varios encuentros del diplomático con líderes opositores- acusa a Hammer de ser un "agente de la desestabilización" con una agenda centrada en fortalecer la oposición dentro de la isla.
Según el medio castrista, su llegada a La Habana marca un regreso a la “política agresiva” de Estados Unidos hacia Cuba, a pesar de que lo único que ha hecho el diplomático es reunirse con representantes de distintos sectores de la sociedad cubana, incluyendo líderes religiosos y grupos de la sociedad civil.
Uno de los puntos que más ha molestado al régimen es el primer encuentro oficial de Hammer con el embajador de la República Checa en Cuba, Petr Kavan, a quien el gobierno de La Habana acusa de haber apoyado en el pasado a activistas cubanos que abogan por la democracia y los derechos humanos en la isla.
El artículo también intenta vincular a la diplomacia estadounidense con supuestas estrategias de “conspiración” orquestadas desde la Unión Europea y otras instancias internacionales.
El texto oficialista, además, se lanza contra la labor de Radio y TV Martí, calificándolos de "mecanismos de propaganda financiados por el gobierno estadounidense".
Como ha sido habitual, ignora que este medio cumple la función de ofrecer información alternativa a la narrativa controlada por el régimen cubano, que sigue sin permitir una prensa libre en el país.
El régimen también carga contra el acercamiento de Hammer a grupos religiosos, una estrategia que, según el gobierno cubano, busca utilizar la religión como un "caballo de Troya" para influir en la opinión pública.
La reacción del gobierno cubano demuestra su incomodidad ante cualquier forma de diálogo que no controle.
Para la oposición, esta constante narrativa de "intervención extranjera" es una estrategia desgastada con la que pretende justificar la represión contra la disidencia y desviar la atención de la crisis económica, el descontento social y la falta de libertades que aquejan a la isla.
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