En Cuba, amanecer con electricidad ya no es un hecho cotidiano, sino en muchas ocasiones un 'privilegio'. Así lo muestra un video publicado hace unos días en TikTok por la usuaria @brianna4258, una cubana residente en Matanzas, que compartió su alegría por haber podido dormir toda la noche sin apagones. “Ya me había levantado con tremendas energías porque pude dormir toda la noche con fresquito”, dice al inicio del video, mientras muestra un viejo ventilador que, en sus palabras, es su “amigo fiel de las 100 batallas”.
La electricidad, ese recurso esencial y rutinario en tantos países, marcó para ella una jornada diferente: cocinó “unos pollitos a hervir para hacer un arrocito amarillo”, aprovechó para lavar toda la ropa acumulada con una lavadora que ya pensaba inservible y dedicó tiempo a su bebé, quien pudo escuchar canciones infantiles gracias a que aún había corriente. El tono es cálido y doméstico, pero el mensaje es revelador. “Le estuve dando la comidita a mi bebé mientras podía escuchar sus canciones infantiles”, relata. Y con un toque de resignación esperanzada, añade: “Y como ustedes saben que vivo en Cuba, 24 horas con corriente no existen”.
Y en efecto, no duró. Hacia el final del día, su video muestra cómo todo volvió a la oscuridad habitual: “Miren cómo terminó el día: comiendo alumbrada con un bombillo recargable. ¡Qué poco me duró la felicidad!”. La historia se volvió viral, no por extraordinaria, sino porque refleja el drama cotidiano de miles de cubanos, para quienes amanecer con electricidad se ha convertido en algo excepcional y digno de celebrar.
Ante esta realidad, no sorprendieron las reacciones al video: mensajes de solidaridad, comprensión y tristeza llegaron desde distintos países. Muchos usuarios, especialmente en Venezuela y República Dominicana, compartieron experiencias similares, aunque la mayoría se mostró impactada por lo que en Cuba se vive como normalidad. Una usuaria preguntó por qué se interrumpe tanto el servicio, y la propia Brianna respondió: “Porque no hay combustible para abastecer las termoeléctricas”.
La publicación de Brianna coincidió con nuevas jornadas críticas para el sistema eléctrico nacional. El pasado martes, la Unión Eléctrica de Cuba (UNE) reportó un déficit de generación de 1 320 MW, provocado por la falta de combustible, roturas en varias unidades de las termoeléctricas y mantenimientos simultáneos. Las afectaciones se extendieron por todo el país, incluida La Habana, donde se impusieron apagones rotativos. La situación fue tan grave que incluso la entrada planificada de la unidad 6 de Nuevitas no logró aliviar el panorama.
La experiencia de Brianna no es aislada. Hace apenas unas semanas, otra madre cubana documentó en TikTok cómo sobrevivía tras 48 horas sin electricidad: cocinando con carbón, durmiendo con mosquitero, y dependiendo de una vecina con planta eléctrica para cargar el móvil. El video captó la atención por mostrar el nivel de adaptación forzada al que muchas familias están sometidas.
En otro testimonio publicado días antes, la misma mujer relató un accidente doméstico de su hijo, al que llevó al hospital solo para descubrir que no había tijeras ni bisturí disponibles. Lavando ropa a mano por falta de corriente y preparando puré con lo poco que pudo comprar en una feria, cerró su día con una mezcla de agotamiento y esperanza. La falta de insumos médicos y de servicios básicos marcó cada momento de su jornada.
El drama de la vida sin electricidad también ha sido abordado, incluso, por la prensa oficialista. El periódico Girón publicó un fotorreportaje que muestra a familias cocinando a la intemperie, con fogatas y utensilios improvisados. El intento de romantizar la situación fue duramente criticado en redes, donde muchos cubanos lo vieron como una burla frente al deterioro real de sus condiciones de vida.
En televisión nacional, el periodista Abdiel Bermúdez confirmó lo que muchos ya sabían por experiencia propia: que ante la escasez de gas y carbón, hay quienes recurren a usar puertas, ventanas y restos de madera como leña para cocinar. El alto precio del carbón y su escasa disponibilidad han llevado a esta situación límite.
En este contexto de precariedad estructural, el testimonio de Brianna se vuelve aún más elocuente. Su felicidad matutina, expresada con sencillez, pone en evidencia el grado de deterioro que vive la isla. Lo que en cualquier país sería parte de la rutina —dormir con ventilador, lavar la ropa, cocinar y escuchar música— en Cuba es motivo de gratitud, de entusiasmo... y de contenido viral.
Porque en la Cuba de hoy, lo esencial se ha vuelto un lujo, y despertar con electricidad ya no es lo normal, sino lo excepcional.
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