Mientras millones de cubanos enfrentan apagones diarios, escasez de alimentos y carencias básicas, el régimen cubano enfoca sus esfuerzos en engalanar bodegas vacías como parte de los actos simbólicos por el Primero de Mayo, Día Internacional de los Trabajadores.
La ministra de Comercio Interior, Betsy Díaz Velázquez, publicó en su cuenta de X: “Continúan engalanándose las unidades del #ComercioCuba en saludo al Día Internacional de los Trabajadores.”

El contraste entre la realidad de los mercados desabastecidos y el maquillaje propagandístico no ha pasado desapercibido para la ciudadanía. Las redes sociales se llenaron de reacciones sarcásticas e indignadas.
Una vecina del reparto Peralta, en la ciudad de Holguín, compartió que el café normado llegó a su bodega luego de cinco meses de espera. “...Pero viene el primero de mayo y hay que tenernos contentos, así que llegó el café, que desde diciembre del año pasado no llegaba".
Marchas sin comida ni luz
El llamado a marchar por parte del gobernante Miguel Díaz-Canel ha reavivado las críticas a la política del “resistir” como única narrativa oficial ante una crisis sin precedentes. En un mensaje publicado en la web de la Presidencia, Díaz-Canel convocó al pueblo a las plazas para defender los "logros del socialismo", asegurando: “Estamos vivos, de pie, resistiendo y creando, por la voluntad de cubanas y cubanos.”
También usó su cuenta en X para reforzar el tono ideológico: “Marchemos contra el bloqueo y el fascismo que regresa. Contra el genocidio en #Gaza y los genocidios silenciosos que provoca el mar de injusticias que amenaza a nuestra especie.”
Sin embargo, su llamado se produce en medio de apagones de más de 12 horas, transporte colapsado, desabastecimiento extremo y un éxodo migratorio sin precedentes, elementos que el mandatario apenas menciona, insistiendo en culpar exclusivamente al embargo estadounidense.
Asistencia forzada y bodegas adornadas
A pesar del descontento popular, los desfiles suelen contar con asistencia masiva, no por entusiasmo, sino por presiones laborales e institucionales. En muchos centros de trabajo y escuelas, la participación se presenta como una obligación disfrazada de “compromiso revolucionario”.
La práctica de decorar unidades vacías para fechas patrias no es nueva, pero este año ha generado especial rechazo por lo grotesco de la escena: bodegas sin productos, adornadas con papeles de colores, carteles y flores artificiales, como si el hambre pudiera camuflarse con pancartas.
El Primero de Mayo en Cuba ya no celebra conquistas laborales, sino la resistencia impuesta a un pueblo que sobrevive en medio de la escasez, mientras su gobierno engalana la fachada del fracaso.
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