Un grupo de cubanos fue agredido el miércoles en Valencia, España, mientras se manifestaba pacíficamente contra la presencia de Gabriela Fernández Álvarez, presentadora del programa oficialista Con Filo, uno de los espacios más propagandísticos del régimen cubano.
La protesta, que tenía como objetivo denunciar la desinformación y la represión promovidas por el gobierno de La Habana, pasó por un altercado provocado por simpatizantes del comunismo.
Los manifestantes coreaban a viva voz “¡Patria y Vida!”, mientras sostenían pancartas en rechazo a la vocera del régimen. En medio del acto, un hombre, al parecer español, se acercó de forma agresiva al grupo e intentó romper una de las pancartas, generando momentos de tensión e indignación.
La respuesta de los manifestantes fue inmediata y contundente. “¡Eso es lo que haces, eso es lo que haces! ¡Eso es lo que hace la dictadura, eso es lo que hace la dictadura, los comunistas!”, gritaban.
En medio de la confusión, la activista Oraisa Estrada, quien era una de las promotoras de la movilización, lanzó un grito de denuncia cargado de emoción y rabia. “No es humano, él no es humano, cuando soy cubana”.
Fernández Álvarez, quien se encuentra de gira por 15 ciudades españolas bajo el título “Juventud Cubana en tiempos de Trump”, ha sido duramente cuestionada por su rol como defensora del aparato ideológico del régimen cubano. Su programa, Con Filo, se dedica a atacar a disidentes, periodistas independientes y activistas, tanto dentro como fuera de Cuba.
Durante su gira por España, ha enfrentado protestas en varias ciudades, incluyendo Madrid y Málaga, donde ha sido acusada de ser portavoz de la propaganda estatal cubana. En uno de los incidentes en Madrid, respondió con besos y burlas a los manifestantes que protestaban pacíficamente.
El exilio cubano en España ha intensificado sus acciones en los últimos años, y esta protesta en Valencia es una muestra del rechazo creciente a la propaganda castrista en espacios internacionales. Sin embargo, los actos de violencia como el ocurrido refuerzan las denuncias de los exiliados sobre el intento sistemático de silenciar sus voces, incluso en democracias consolidadas como la española.
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