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El ómnibus de la ruta P16 en La Habana que se incendió el pasado viernes por la noche a la entrada de Santiago de las Vegas, volvió a prestar servicio esta semana, informó el ministro de Transporte, Eduardo Rodríguez Dávila.
El titular reconoció la actuación rápida del chofer, de los vecinos del lugar y de los bomberos para extinguir el fuego a tiempo y evitar daños mayores.
"Pero no fue menos rápida la posterior actuación de los mecánicos que posibilitó que este ómnibus un día después volviera a dar servicio a la población en su ruta tradicional", escribió Rodríguez Dávila en Facebook.
El incendio fue causado por la rotura de una manguera que provocó un derrame de aceite sobre partes calientes del motor, generando una densa humareda blanca, como quedó registrado en videos que circularon en redes sociales.
Aunque se trató solo de un "principio de incendio", el susto fue evidente y los pasajeros evacuaron rápidamente el vehículo.
Según la Empresa Provincial de Transporte de La Habana, no se reportaron heridos ni daños estructurales graves, gracias a la rápida reacción del chofer y los demás implicados.
Un síntoma de la crisis generalizada
Aunque las autoridades celebran la rápida reparación del autobús número 8188 como una muestra de eficiencia, lo cierto es que el incidente es un otro reflejo del deterioro extremo del sistema de transporte público en Cuba, donde los incendios, averías y accidentes en guaguas son cada vez más frecuentes.
El sistema de transporte cubano opera con una flota envejecida, carente de repuestos y mantenimiento adecuado, y que funciona, en muchos casos, con combustible de baja calidad.
Estos factores, reconocidos por las propias autoridades, elevan el riesgo de incendios y fallos mecánicos graves.
En medio de apagones que superan las 24 horas, escasez de combustible, colapsos en los servicios básicos y una crisis estructural que afecta a todos los sectores, la seguridad del transporte público se ha convertido en otra preocupación más para los cubanos, que dependen de estas guaguas para moverse en una ciudad prácticamente paralizada.
"Cada vehículo cuenta en el propósito de ofrecer servicios de transportación", insistió el ministro Rodríguez Dávila.
Pero lo que realmente cuenta para los ciudadanos es poder subirse a un autobús sin temor a que este se incendie, y llegar a su destino sin quedar varados en plena oscuridad, como ha ocurrido en múltiples ocasiones.
Mientras el régimen continúa culpando al embargo de todos los males, los incendios en guaguas, los apagones interminables y la falta de soluciones reales siguen marcando el día a día de un pueblo exhausto.
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