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A pesar de las persistentes acusaciones de “trabajo forzado” que pesan sobre sus misiones médicas internacionales, el gobierno cubano ha ofrecido suministrar la totalidad del personal necesario para abrir los servicios pediátricos del Hospital y Centro de Entrenamiento Múltiple de Couva, en Trinidad y Tobago.
El anuncio fue realizado por el doctor Orlando Lázaro Díaz Gómez, coordinador nacional de la Brigada Médica Cubana en ese país, durante un seminario web titulado “La cooperación médica cubana bajo amenaza: una respuesta caribeña”, organizado por la Facultad de Estudios Laborales y Cooperativos Cipriani, informó Trinidad and Tobago Guardian.
“Contamos con el currículum vitae de 44 médicos y 124 enfermeras tituladas esperando en Cuba con la disposición de aportar la totalidad del personal necesario para abrir todos los servicios pediátricos en el Hospital Couva”, afirmó Díaz, quien subrayó que Cuba tiene la capacidad logística y profesional para respaldar la decisión del Ministerio de Salud de convertir el hospital en un centro pediátrico.
El Hospital de Couva fue inaugurado en 2015 bajo el gobierno de coalición de la Alianza Popular liderado por la entonces primera ministra Kamla Persad-Bissessar, con un presupuesto de 1,600 millones de dólares. Sin embargo, tras su salida del poder ese mismo año, la instalación nunca fue puesta en funcionamiento.
Recientemente, tras su regreso al poder el pasado 1 de mayo, Persad-Bissessar anunció que el hospital será reactivado con su nombre original y utilizado para el fin que fue concebido que es el de brindar atención médica pediátrica.
Desde 2003, año en que se firmó el acuerdo bilateral de salud entre Cuba y Trinidad y Tobago, 770 profesionales cubanos han prestado servicios en ese país caribeño a través de diez brigadas médicas. Actualmente, hay 96 trabajadores cubanos activos divididos en ocho médicos y 88 enfermeras.
Díaz informó que aún están esperando una decisión del gobierno trinitense sobre si se incrementará la presencia de personal cubano, aunque destacó un impacto positivo que ya han tenido en el sistema de salud.
Más de 15,000 cirugías, 700 consultas médicas, más de 45,000 curas, 40,000 vacunas aplicadas y más de 6,000 vidas salvadas, según sus cifras expuestas por el funcionario castrista.
El ofrecimiento cubano ocurre en medio de denuncias persistentes sobre el carácter coercitivo de las misiones médicas. Durante una gira por el Caribe en marzo pasado, el secretario de Estado estadounidense Marco Rubio, hijo de inmigrantes cubanos y figura clave en la política exterior de EE.UU., calificó estas misiones como una “práctica atroz” que constituye “trabajo forzado y trata de personas”.
Rubio acusó al régimen cubano de retener pasaportes, restringir el movimiento de los profesionales y apropiarse de gran parte de sus salarios. “Es esclavitud moderna”, afirmó el secretario durante su intervención ante autoridades del Caribe.
Estas denuncias han sido respaldadas por organizaciones como Prisoners Defenders, que han documentado vigilancia ideológica, limitaciones contractuales, amenazas a familiares y presiones para no abandonar las misiones. En consecuencia, algunos países como Bahamas han comenzado a pagar directamente a los médicos cubanos para evitar la intermediación del Estado cubano.
Por su parte, el gobernante Miguel Díaz-Canel también ha calificado las acusaciones de Washington como una “campaña perversa” para desacreditar uno de los pilares más visibles de la diplomacia cubana: su modelo de cooperación médica internacional.
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