Entre enero y marzo de 2025, las guaguas cubanas de uso público transportaron 46 millones de pasajeros, según datos de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI).
Esta cifra, que a simple vista podría parecer impresionante, representa en realidad una caída del 23% respecto al mismo período de 2024, cuando se registraron 59,7 millones de usuarios, además de despertar una oleada de incredulidad entre los ciudadanos, quienes cada día enfrentan un sistema paralizado por la escasez de guaguas, piezas de repuesto y combustible.
En redes sociales, los cubanos no tardaron en cuestionar la veracidad de estos datos. En una publicación oficial de la ONEI en Facebook, un usuario comentó con ironía: “¿En qué película ustedes vieron eso?”.
A lo que la propia entidad respondió que los 46 millones incluían varios tramos por pasajero. Sin embargo, el escepticismo se mantuvo. Otro internauta replicó: “Vengan a ver zonas como Cárdenas, Varadero y otras zonas para que vean la gente botada en la calle para ir a trabajar día a día”.

Este tipo de reacciones ciudadanas desnuda el abismo entre las estadísticas oficiales y la realidad que se vive en la isla.
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Reportes recientes dan cuenta del deterioro extremo del sistema. Solo 252 guaguas estaban operativas en La Habana en abril, mientras más de 300 permanecían fuera de servicio.
En marzo, el régimen reconoció la debacle del transporte público nacional, afectando sensiblemente a la población que cada día padece largas esperas, viajes hacinados y rutas canceladas por la falta de recursos.
Solamente en La Habana, las rutas en zonas urbanas han reducido su frecuencia a “una o dos guaguas al día”.
Lo que más llama la atención es que frente a estos datos, Cuba aparece con un nivel de eficiencia estadística que iguala o supera a países con sistemas robustos.
Por ejemplo, la Empresa Municipal de Transportes de Madrid (EMT), con una infraestructura más moderna y recursos más abundantes, transportó en promedio 56,750 pasajeros por autobús en tres meses de 2023.
Mientras que la Metropolitan Transportation Authority (MTA) de Nueva York, logró mover aproximadamente 17,250 pasajeros por autobús en el mismo período.
En contraste, si asumimos que Cuba cuenta con una flota de aproximadamente 1,500 ómnibus, estaríamos hablando de más de 30,000 pasajeros por autobús en ese período. Esto colocaría al transporte cubano en un rendimiento comparable o superior al de países desarrollados, lo cual resulta poco creíble dada la situación actual del sistema.
¿Es razonable asumir que en medio del colapso, Cuba supera a dos de las ciudades con mejor infraestructura de transporte del mundo? Las cifras dicen una cosa; las calles y las paradas, otra muy distinta.
Según los propios datos desglosados de la ONEI:
- El transporte urbano cayó un 31% (de 26,9 a 18,5 millones).
- El Ministerio del Transporte (MITRANS) transportó solo 8,4 millones de personas, un 36% menos que en 2024.
- El total de pasajeros transportados por todos los medios cayó un 4% respecto al año anterior.
Además, la propia ONEI admite que un pasajero puede contarse varias veces, lo que abre espacio a duplicidades estadísticas. Además, no hay transparencia sobre cuántas guaguas están en funcionamiento realmente ni cuántas rutas están activas.
Mientras los organismos estatales insisten en contar viajes, los cubanos cuentan horas de espera bajo el sol. La distancia entre los datos y la vida cotidiana refuerza la percepción de que las estadísticas son usadas más para maquillar realidades que para diagnosticarlas.
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