Régimen cubano intenta limpiar la imagen del turismo mientras se hunde en su propia dependencia

El régimen cubano lanza una campaña para mejorar la imagen del turismo, pese a una crisis energética y social.

Turistas en Cuba Foto © CiberCuba

Mientras la economía cubana atraviesa una de sus peores crisis en décadas, marcada por apagones diarios, inflación desbocada y escasez de alimentos y medicinas, el gobierno cubano redobla sus esfuerzos por presentar el turismo como salvavidas nacional.

Este martes, el espacio oficialista Mesa Redonda sirvió de plataforma para un extenso monólogo sobre los beneficios del sector turístico, recogido por el medio estatal Cubadebate en un artículo titulado “Turismo en Cuba: ¿Cómo impacta en la economía y la calidad de vida de la población?”.

Más que un análisis crítico, el artículo se presenta como una operación de propaganda, en la que altos funcionarios del régimen —incluyendo representantes del Ministerio de Economía, el Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (INRH) y el Grupo Hotelero Gran Caribe— enumeraron los supuestos beneficios del turismo, omitiendo las profundas contradicciones del modelo y el impacto desigual que ha generado en la vida cotidiana de los cubanos.

Susset Rosales Vázquez, del Ministerio de Economía, afirmó que el turismo “permite financiar prioridades en otros sectores como la salud, la educación y la infraestructura”.

Sin embargo, lo que experimenta la mayoría de los cubanos es un sistema de salud colapsado, escuelas sin recursos básicos y barrios enteros sin acceso estable al agua potable, mientras florecen lujosos complejos hoteleros en polos turísticos estratégicos.

Los datos presentados por el gobierno muestran que se han invertido más de 300 millones de dólares anuales en infraestructura hidráulica relacionada con el turismo. Pero lejos de beneficiar de manera equitativa a toda la población, estos proyectos priorizan zonas turísticas como Guardalavaca, Cayo Largo o Santa Lucía, donde paradójicamente los pobladores siguen dependiendo de camiones cisterna para recibir agua.


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El discurso oficial también insiste en que el turismo fomenta encadenamientos productivos y apoya a actores económicos estatales y no estatales. Sin embargo, buena parte del sector privado cubano —cuando no está asfixiado por regulaciones arbitrarias— apenas accede a estos beneficios.

Mientras tanto, empresas como Fruta Selecta, ligadas al aparato estatal, son las encargadas de abastecer a los hoteles, garantizando el monopolio estatal sobre las ganancias en divisas.

Aunque se habla de “diversificación” y “desarrollo local”, lo cierto es que el turismo ha creado una economía paralela en la que el acceso a dólares, servicios y alimentos depende directamente del contacto con el visitante extranjero. Esto ha profundizado la desigualdad entre quienes trabajan en el sector turístico y quienes viven ajenos a sus beneficios.

El discurso gubernamental se apoya en citas sobre “calidez del pueblo cubano” para justificar su dependencia estructural del turismo, y ocultar que los hoteles permanecen con electricidad mientras la población sufre apagones de hasta 20 horas diarias.

Las inversiones millonarias en hoteles y resorts que permanecen vacíos gran parte del año contrastan brutalmente con la precariedad que vive el ciudadano común, y con la insuficiente inversión en áreas clave como la construcción de viviendas, la energía eléctrica, la Salud Pública y la Educación.

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Este artículo ha sido generado o editado con la ayuda de inteligencia artificial. Ha sido revisado por un periodista antes de su publicación.




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