El creador de contenido cubano conocido como @el.profesor.cubano ha vuelto a generar una oleada de reacciones en redes sociales tras publicar un video desde Cartagena, Murcia, en el que destaca el valor simbólico y práctico que tienen objetos cotidianos como una cubeta de pintura vacía para quienes crecieron en Cuba.
“Esta cubeta vacía, en Cuba, es oro molido”, dice el joven mientras se dispone a pintar una pared. “Los cubanos saben de lo que yo estoy hablando… esto lo friegas bien y lo tienes para agua en la cocina, para bañarte...”.
El video, cargado de nostalgia y realismo, fue compartido en su cuenta de TikTok y rápidamente encontró eco entre cientos de usuarios, muchos de ellos también emigrados. “La cubeta es oro y la pintura ni hablar”, comentó uno. “Yo vivo en España y todavía tengo la manía de guardarlas”, añadió otra usuaria. Las reacciones, en su mayoría, celebran la capacidad de los cubanos para reutilizar y dar múltiples vidas a cualquier objeto.
Entre las múltiples respuestas, abundan los recuerdos personales y situaciones cotidianas compartidas por cubanos dentro y fuera de la isla. “Yo las guardo porque me da lástima botarlas”, confesó un usuario, mientras que otra recordó: “Tienen tremenda tapa para guardar el arroz”. Una internauta identificada como Minerva Pellicer rememoró entre risas: “Así es, profe, y si la prestabas decías: ¡trae la cubetaaa!”.
Otros comentaron usos creativos: “Pa preparar ensalada fría en los cumpleaños grandes”, dijo un usuario. “Me acompañó toda la carrera de medicina, una de marfil”, escribió otra. Incluso hubo quien apuntó al ingenio decorativo: “Se forra con papel de regalo y se convierte en maceta para adornar el portal”.
El carácter nostálgico también quedó patente en frases como: “Mis recuerdos son los recuerdos de mi madre... Ella no tira nada. Niña de posguerra, del campo y de la necesidad”, o “Cuando se tiene poco, cualquier cosa es un tesoro”.
Desde otras latitudes, el fenómeno también es comprendido: “Lo mismo digo yo aquí en Italia... se los digo a mis colegas de trabajo y se quedan mirándome como si fuera mentira”. Otra persona ironizó: “Pa cerveza, asere”, mientras que alguien más remató con una escena típica del campo cubano: “Para echarle de comer a los cochinos. Las lloraba, las iba a buscar a las obras y había que perrearlas”.
Este testimonio se suma a otros vídeos publicados por el mismo creador, en los que contrasta la vida en España con las carencias sufridas en la isla. En abril, por ejemplo, compartió una reflexión desde una ferretería sobre cómo la abundancia de herramientas lo hace pensar en su abuelo, quien en Cuba recogía tornillos y clavos de la calle ante la imposibilidad de comprarlos. “Pienso en mi madre y en mi abuelo”, dijo entonces conmovido.
El fenómeno de la reutilización no es nuevo entre los cubanos y ha sido ampliamente documentado en redes sociales. Casos recientes incluyen a una familia recién llegada a Estados Unidos que lavaba y reciclaba todo, desde bandejas de horno hasta pomos plásticos, o al esposo venezolano que contaba cómo su esposa cubana transforma todos los frascos y envases en recipientes reutilizables, lo que provoca confusiones domésticas con los contenidos.
En noviembre pasado, una cubana en Miami resumía con humor esta realidad: “En la casa de los cubanos muere una toalla y nace una colcha de trapear”. Y en enero de este año, otra joven en España relataba cómo una blusa que usó con 16 años seguía siendo usada por su hermana, trece años después, como muestra del ciclo de vida de la ropa en Cuba.
Estas historias, entre el humor, la nostalgia y la denuncia, reflejan una constante entre quienes han emigrado: el contraste entre la abundancia y la escasez, pero también la memoria permanente de la isla y el ingenio desarrollado para sobrevivir a las carencias.
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