El trabajo infantil se expande en Cuba en medio de crisis socioeconómica y migratoria

Los niños que venden alimentos en las calles de Cuba se exponen a la violencia y desprotección, en medio de una creciente crisis que los empuja a asumir tareas de adultos.



Trabajo infantil en Cuba Foto © Collage X / Food Monitor Program

Este artículo es de hace 1 año

La crisis económica, el envejecimiento poblacional y el éxodo migratorio están empujando a un creciente número de niños y adolescentes cubanos a incorporarse al trabajo informal, en especial en el sector alimentario.

El Food Monitor Program (FMP), una organización independiente que monitorea la inseguridad alimentaria en la isla, alertó en la red social X que la venta ambulante de alimentos, que históricamente fue dominada por adultos desde los años 90, ahora muestra una mayor participación directa de menores de edad, quienes también colaboran en tareas como la recolección de desechos, carga y transporte de mercancías.

“Más niños y adolescentes se involucran en trabajos informales. Muchos jóvenes se crían con sus abuelos en el país más envejecido de América Latina”, alertó la organización.

En comunidades donde la emigración ha vaciado núcleos familiares, los menores asumen responsabilidades económicas ante la ausencia de sus padres, subrayó.

La organización denunció además que estas formas de trabajo infantil están siendo naturalizadas silenciosamente, como parte de una cultura de sobrevivencia forzada por la expansión de la pobreza multifactorial en el país, una situación que vulnera los derechos fundamentales de la infancia.

FMP también señaló que algunas de estas actividades, como la venta ambulante de pan, se realizan durante la tarde-noche en zonas periféricas con escaso alumbrado público o bajo apagones programados, lo que incrementa los riesgos de exposición y violencia para los menores implicados.

“La toma de responsabilidad en el aseguramiento del alimento familiar en edades tan tempranas limita el desarrollo de los jóvenes, en un país cada vez más segregado económicamente y donde las oportunidades de recreación y aprendizaje retroceden en favor de la supervivencia básica”, advirtió la organización.

En Cuba, donde no existen cifras oficiales actualizadas sobre el trabajo infantil, las denuncias como la de FMP reflejan una realidad social creciente y preocupante, especialmente ante la inacción institucional frente al deterioro de las condiciones de vida de la población infantil.

En los últimos años, a raíz de la agudización de las crisis económica y migratoria en Cuba, el trabajo infantil ha alcanzado en el país un nivel que ni el régimen, que históricamente escondía bajo el tapete este problema, ha logrado seguir ocultando esta secuela, que hasta la fecha, no ha logrado solucionar.  

Incluso, en 2024, el gobernante cubano Miguel Díaz-Canel reconoció la existencia de preocupantes manifestaciones sociales como el trabajo infantil, la mendicidad, la informalidad laboral y el asedio a turistas, fenómenos que, según expresó, habían sido erradicados y no deben permitirse nuevamente, incluso en el actual escenario de crisis económica.

“Siempre nos hemos sentido orgullosos, porque la Revolución las eliminó, y no podemos dejar que en esta etapa de crisis económica, eso prolifere: los menesterosos, los mendigos, pordioseros, el trabajo informal con niños, el asedio a turistas”, dijo el mandatario desde la provincia de Granma.

Ese mismo año, la prensa oficialista cubana reconoció la existencia de casos de trabajo infantil en el país, un problema que refleja la complejidad del contexto socioeconómico actual.

En Cuba, la ley prohíbe el trabajo infantil y protege los derechos de los menores, según la Carta Magna y el Código de Trabajo. Sin embargo, instituciones educativas en Santiago de Cuba, como el IPU-Cuqui Bosch y la Secundaria Básica Espino Fernández, han identificado casos de trabajo infantil en sus comunidades

También en Las Tunas, el periódico oficialista local publicó un artículo titulado “Trabajo infantil: el ocaso de los sueños”. La investigación, firmada por la periodista Yuset Puig Pupo, da rostro e historia a un fenómeno que, aunque se manifiesta de forma informal y está condicionado por la crisis económica, vulnera derechos fundamentales de la infancia.

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