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El humorista cubano Ulises Toirac volvió a lanzar una de sus reflexiones más críticas y demoledoras sobre la situación del país, advirtiendo que Cuba atraviesa un colapso económico irreversible sin perspectivas de recuperación.
En una publicación en Facebook, cuestionó la base misma del modelo económico cubano, que en su opinión padece de una "malformación congénita", y alertó sobre un deterioro aún peor para septiembre si no se acometen transformaciones profundas.
"Desde antes del tarifazo lo vi venir y lo publiqué en redes", escribió.
La llegada del verano, sumada a medidas "aberradas" como las de ETECSA, ha agravado la crisis económica, dijo Ulises, quien precisó que la situación actual no se debe a errores recientes, sino a la aplicación de "fórmulas antieconómicas en toda su magnitud y esplendor".
Para Toirac, el problema radica en una filosofía económica equivocada desde su raíz. "Economía es economía", o en palabras llanas: si se gasta más de lo que se ingresa, el país se endeuda o colapsa, como ha pasado.
En un tono amargo, el comediante cuestionó también la construcción artificial de "logros sociales" a costa del sacrificio de sectores productivos.
"Cuando usted deriva dinero de su economía para hacer posibles esos logros en detrimento de sus potenciales motores impulsores económicos, le está haciendo un doble mal favor a su economía", sentenció.
Pero ese es apenas uno de los tantos errores del gobierno en estas décadas, junto a la centralización desmedida, la estatización de las empresas, la alta e inservible cifra de universitarios, las incoherentes medidas agrarias y el miedo al enriquecimiento como producto del trabajo.
Toirac cuestionó además la insistencia del gobierno tratar de salir de la bancarrota inventando mecanismos financieros y no económicos.
Denunció que el país apostó durante años por captar divisas sin generar producción real: "Apostaron a la caza de divisas, en vez de trazar una estrategia sólida de producción".
Este enfoque ha llevado al punto actual, con apagones de más de 30 horas: "No hay electricidad porque no hay sistema electroenergético, y no hay dinero para suplir la demanda". Y sin electricidad, agregó, no se puede producir para revertir la situación.
Su pronóstico es tan claro como devastador: en septiembre estará todo mucho más deteriorado.
"Sigan jugando a la recuperación inexistente en lo que mueren enfermos, viejos y niños. Esta economía no merece planes. Precisa cambios estructurales drásticos si se quiere evitar una sociedad sin control", subrayó.
A fines de mayo, Toirac ya encendió las redes sociales con un análisis en el que advirtió que "el verano viene pesado", y dibujó un panorama sombrío de apagones prolongados, inflación disparada y hospitales sin recursos
Sus palabras no solo describían una crisis energética, sino la descomposición de toda la infraestructura nacional.
Con frases punzantes como "el peso cubano no vale ni la cáscara", desnudó una economía que aplica medidas de corte neoliberal sin contar con los mecanismos de un mercado funcional, lo que solo puede agravar la pobreza y la vulnerabilidad de la población.
En otra publicación, relató una conversación que lo dejó "mudo de horror", al saber que los habitantes de Pinar del Río se adaptaron a vivir con apagones de 18 horas diarias.
Para Toirac, esa resignación colectiva es una forma de defensa psicológica frente al derrumbe, pero a un costo demasiado alto.
La crisis, recordó, va mucho más allá de la energía. La escasez de medicamentos, la pérdida de alimentos por falta de refrigeración, la interrupción de servicios y la inexistencia de productos básicos han creado un entorno de supervivencia diaria.
Toirac comparó la situación actual con la de países ocupados durante guerras, solo que en Cuba, advirtió, no hay aliados que avancen ni tropas amigas que liberen. "Aquí no hay eso. Ni en dos ni en diez años ni nunca", escribió.
Lejos de proponer soluciones técnicas, Toirac aboga por una cirugía mayor: desmantelar los pilares ineficientes del sistema y construir otro modelo desde cero.
Su reflexión, compartida y comentada por miles, no ofreció consuelo, pero sí una contundente llamada de atención: sin producción, sin electricidad y sin reformas reales, lo que viene es mucho peor.
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