La situación en el nuevo centro migratorio de los Everglades, conocido como "Alligator Alcatraz", ha alcanzado un nuevo nivel de incomodidad: los mosquitos han convertido el lugar en una verdadera pesadilla, incluso para los propios periodistas que cubren la llegada de los primeros detenidos.
Un video compartido por Telemundo 51 muestra a dos reporteros interrumpiendo su grabación debido al incesante ataque de los insectos.
"Reportando desde Alcatraz de los mosquitos", bromeó Alexis Boentes, mientras intentaba mantener la compostura en medio de una nube de insectos.
La escena, lejos de ser anecdótica, refleja una realidad alarmante: ni el repelente logra detenerlos.
Joel Franco, reportero de WSVN, relató en X su experiencia: "Tengan miedo de los mosquitos, no de los caimanes. Están locos, sobre todo después de tanta lluvia. Intenté grabar un video y no aguanté más de tres minutos, ni siquiera con repelente. ¡Ahora hay un montón en mi coche por abrir la puerta brevemente!"
Estos incidentes ocurrieron mientras los medios cubrían el ingreso del primer autobús con detenidos al nuevo centro, ubicado en una remota pista de aterrizaje transformada en prisión en medio del pantano.
Rodeado por alambres de púas, caimanes, pitones y millones de insectos, el lugar ha sido bautizado oficialmente con un cartel como "Alligator Alcatraz", una mezcla de referencia carcelaria y amenaza ecológica.
La instalación, promovida por el presidente Donald Trump como una solución "dura" al problema migratorio, ha sido criticada por ambientalistas, defensores de derechos humanos y comunidades indígenas.
Se construyó en tan solo ocho días, sin estudios ambientales conocidos, en pleno corazón de los Everglades, una zona de gran biodiversidad dentro de la Reserva Nacional Big Cypress.
Las primeras imágenes del interior muestran jaulas cubiertas por carpas bajo un calor extremo. A ello se suma la presencia constante de mosquitos en cantidades que hacen imposible permanecer al aire libre por más de unos minutos.
"Miles de mosquitos me invadieron. (...) ¡Qué infierno!", dijo el influencer conservador Benny Johnson, quien reveló que la prisión tiene muros de nueve metros de altura, alambre de púas y condiciones naturales extremas.
Tras su visita inaugural, Trump calificó la cárcel como una solución eficaz al problema migratorio. "Estas instalaciones albergarán a algunos de los migrantes más amenazantes, algunas de las personas más crueles del planeta", afirmó.
Afuera, cientos de manifestantes se congregaron a las afueras con pancartas pidiendo un trato humano para los inmigrantes y denunciando el impacto ecológico en una zona que forma parte de la Reserva Nacional Big Cypress.
Cercada por más de 8,500 metros de alambre de púas con más de 200 cámaras de seguridad, se prevé que en próximos días pase de operar entre 500 y 1,000 camas, hasta alcanzar las 5,000.
La instalación permite a los agentes estatales interrogar y detener a inmigrantes bajo custodia para su eventual deportación por parte de ICE.
Trump se burló de los migrantes diciendo que les enseñarían cómo escapar de un caimán, reforzando la visión de este centro como un lugar de castigo.
Su mensaje fue claro: se trata de una herramienta de disuasión, con condiciones duras tanto por diseño como por ubicación.
Pero el mensaje que queda, más allá de la retórica política, es otro: una prisión improvisada en un entorno hostil donde ni siquiera quienes van por unas horas a reportar pueden soportar la plaga de mosquitos.
Para quienes serán retenidos allí indefinidamente, el panorama es aún más alarmante.
Archivado en:
