El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, dejó entrever que no descarta una futura candidatura presidencial para el año 2028, aunque aseguró que su prioridad actual es continuar en su cargo dentro de la administración Trump.
En una reciente entrevista conducida por Lara Trump, presidenta del Comité Nacional Republicano e influyente figura dentro del partido, Rubio recordó su participación en las primarias presidenciales de 2016.
Ante la posibilidad de volver a intentarlo, respondió: “Nunca se sabe… las cosas cambian muy rápido”.
A pesar de ello, enfatizó que su enfoque está completamente en su función como jefe de la diplomacia estadounidense.
"Hay reglas que me impiden participar en política doméstica, pero si puedo terminar este periodo y lograr lo que nos hemos propuesto, me sentiré satisfecho con haber hecho una diferencia", expresó.
Rubio también elogió al actual vicepresidente, J.D. Vance, a quien consideró un posible candidato fuerte si decidiera presentarse en 2028.
No obstante, dejó claro que su futuro político dependerá de cómo evolucione su trabajo actual y del rumbo que tome el país.
Marco Rubio ha intensificado su perfil político en el escenario internacional durante los últimos meses, consolidándose como una de las figuras clave de la administración Trump.
En su rol como secretario de Estado, ha acusado a Nicolás Maduro de liderar un cartel narco-terrorista, al tiempo que respalda la estrategia de Washington de no reconocer al régimen chavista como un gobierno legítimo.
Rubio también ha mantenido una postura firme respecto a Cuba. Apoyó la imposición de sanciones contra Miguel Díaz-Canel, denunciando la represión sistemática en la isla y defendiendo medidas punitivas más severas contra el régimen.
En una intervención simbólica por el aniversario del 11 de julio, Rubio envió un mensaje al pueblo cubano en el que reconoció el valor de quienes se manifestaron por su libertad, y reiteró su compromiso con la causa democrática en la isla.
Desde el Departamento de Estado, ha impulsado también una renovación del discurso exterior de la Casa Blanca. Rubio ha planteado una transformación del lema “América Primero” hacia una estrategia diplomática más abierta, con el objetivo de recuperar influencia global sin abandonar los principios nacionalistas que caracterizan la actual administración.
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