El líder opositor cubano José Daniel Ferrer cumple este 29 de julio 55 años de vida, pero lo hace encerrado en una celda de castigo en la prisión de Mar Verde, Santiago de Cuba, bajo condiciones que sus familiares y organizaciones defensoras de derechos humanos califican de “crueles, inhumanas y degradantes”.
No hay abrazos, ni pastel, ni celebración. Solo el eco del encierro, el deterioro físico y la violencia política de un régimen que ha convertido su aniversario en un grito ahogado por el silencio de la represión.

Ferrer, fundador de la Unión Patriótica de Cuba (UNPACU), fue arrestado nuevamente en abril, luego de que el régimen revocara su libertad condicional alegando un supuesto desacato por no presentarse ante un juez.
Desde entonces, ha sido sometido, según denuncias documentadas, a golpizas, amenazas, torturas, privación de atención médica y confinamiento con reclusos comunes utilizados como mecanismo de presión psicológica.
Su esposa, Nelva Ismarays Ortega-Tamayo, fue la única autorizada a verlo en una reciente visita controlada y vigilada por la Seguridad del Estado. Lo encontró débil, con tos persistente, oído reventado, dolores musculares y síntomas que podrían indicar tuberculosis. Él, por temor a contagiar, ni siquiera se atrevió a besar a sus seres queridos.
El opositor permanece recluido en una celda infestada de chinches y mosquitos, forzado a beber agua sucia, sin acceso a medicamentos ni a una mínima atención sanitaria, tras declararse en huelga de hambre el 29 de junio como forma de protesta.
Pese a su frágil estado, sigue expresando su voluntad de resistir, pero ha dejado claro que teme por su vida y por la seguridad de su familia, que ha sido objeto de amenazas.
“No solo no le permiten ser libre: le arrebatan incluso el derecho a cumplir años con dignidad”, denunció la organización Cubalex.
La revocación de su excarcelación fue avalada por el Tribunal Supremo Popular, en una decisión que también afectó al veterano disidente Félix Navarro, de 72 años, en lo que observadores internacionales describen como una maniobra judicial con motivaciones políticas.
Pero ni las justificaciones públicas, ni los silencios institucionales, han logrado apagar la alarma internacional: Estados Unidos ha exigido su liberación inmediata y la comunidad de derechos humanos advierte sobre el riesgo real de que Ferrer muera en prisión.
Hoy, José Daniel Ferrer cumple 55 años, no en libertad ni rodeado de sus hijos, sino aislado y castigado por el delito de soñar con una Cuba libre. Su vida corre peligro, pero su espíritu, afirman quienes lo conocen, sigue intacto. En medio del encierro, resiste, sueña, y se niega a callar.
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